Estado civil:

"No hay nada más cobarde
que un escritor cobarde"

A lo mejor me voy a morir. Lo que más extrañaría al morirme sería mi harem de amores platónicos. Tengo en mi corazón a los mejores: magos, escritores, científicos, comerciantes, psicólogos, pintores, locos, homeless, poetas, arquitectos, cirujanos... ni un sólo cobarde, ni un solo mediocre. Pero decía que creo que me voy a morir porque hace tres semanas soñé con mi abuela paterna, Carmen (la abuela Chata). Nunca sueño con la abuela Chata. Pero bueno, este vez la soñé con un vestido azul. Después soñé a mi papá, a mi papá lo sueño siempre como un anuncio de que las "cosas" van a resolverse; pero después soñé a Gardea. Cuando sueño a Gardea nunca quiero despertar. Y anoche, anoche soñé con mi papá, con la abuela Chata y con Gardea al mismo tiempo, todo confuso y lindo entre luces blancas y doradas. Quizá voy a morirme otra vez. No sé. En esta vida he muerto tantas veces. Lo único que lamento de matar lo que soy ahora mismo es mi harem de amores platónicos ¿Qué voy a hacer sin ellos? Alimentan mi corazón, acrecientan mi tiempo, me dan estabilidad mental, espacio y protección, la maravilla infinita de lo masculino.  Bueno, seguramente voy a morir, y también seguramente volveré a nacer y, aunque no quiera más que éste, tendré otro harem -porque yo sin harem me olvido de mí, y me marchito.
Una espacio en la página
construye el momento donde la flor se abre
para mostrar la sangre de la r

Letra sin ambiciones. Dijimos. Que conste que esto es sólo esto. Que esto es únicamente. Un gancho. Un grifo. Un albur en el país de las conversaciones a distancia. Una plática del otro mundo. Voy a abrir un libro verdadero. Paralelo. No voy a escribir un libro. Voy a viajar para traer un libro que se manifieste como se abre una mano. ¿Quién cree que puede decir algo? ¿Racismo? ¿Criollos? ¿Apoderados legales? Frasco. Reventar. Soy de México. Soy del Brazo Torcido. La tragedia de una letra central. La estrategia que tenemos todos en el centro. No existe mi idioma sin esa letra. Un gancho de carnicería. Un vuelo de pétalos en la noche, sin decirla. La letra que me vence. Vamos a construir la poesía que no se ve: 2 hojas de árbol, 1 clip, título. Haga lo que quiera con ellos. Un niño perforó una hoja con la punta del clip. Su mano no paraba de acuchillar.Nota: fue un acto frenético y liberador para el niño. Poesía que no se ve. La hoja se la metió a la boca. El clip se volvió un gigante que arrasaba con todo. Al niño no le gustó el aroma de la hoja triturada en sus manos. No le gustó el sabor y corrió hacia el poeta visual para lavarse. El niño tituló: Porquería, dijo que era justo lo que, por las mañanas, escuchaba de boca de su padre.

fragmento de "r" libro inédito e inconcluso
publicado por la revista Letras Libres (el fragmento, no el libro).



Primero hay que saber sufrir
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento
Homero Expósito


Ser libre no consiste en no amar, sino al contrario, consiste en amar sin distinción, sin interpretación. Desde que leo a Arno Gruen, comencé a detenerme en esos fragmentos culturales que nos enganchan tanto a vivir según las normas, como a romperlas. Cuando, en términos de relaciones sentimentales algunos de nosotros decidimos no vivir de acuerdo a ciertas normas que se han considerado "núcleos" para el funcionamiento social, generalmente no lo hacemos basados en el resentimiento, o en los muros que hemos levantado desde el dolor ¿verdad? Decidimos permanecer libres independientemente de con quién nos relacionemos. Para mis amigos y yo, la libertad tiene todo que ver con el amor. No el amor que dura lo que dura un enamoramiento; el otro amor, el amor que se sostiene en los vínculos que creamos cuando estamos juntos. Me refiero a ese circuito que se conecta entre nosotros cuando compartimos algo: una experiencia, un gusto, alguna afinidad. Creamos una especie de codificación, de lenguaje comunitario basado en el respeto: la unión común, la comunión. Sin miedo. Permanecer libre es una acción entusiasta más que pesimista.
Me gusta lo que dice Arno Gruen cuando afirma que la forma en la que nos educan para manejar el dolor desde la infancia, es lo que construye sociedades enteras dispuestas a participar en la guerra, o a ver la guerra y los sistemas de control y de exterminio como algo natural. No es que sea culpa de los pobres padres que enseñan al niño a controlar el llanto a base de amenazas; no es culpa de nadie, pienso yo, pero allá afuera hay una sociedad en la que todavía expresar el dolor es ridículo y sufrir es estúpido; ni qué decir de expresar nuestra animalidad ¡es de salvajes!. Así que todos hacemos como que no sufrimos, como que nada nos duele y como que no somos animales: nos civilizamos. El amor y el dolor no pueden existir separados. Cuando amamos sufrimos si el otro sufre, nos desespera su desesperación, nos alegra su alegría. Mi manera de ser libre es así. Hace muchos años que no hago nada sólo para mí; que no puedo pensar en mi vocación o mi trabajo como una ganancia personal; construyo todo pensando en los otros: amo, y me duele. En la más reciente curaduría, por ejemplo, terminé con el corazón roto después de servir cuarenta platos de comida, y bailar como un payaso para ser testigo de la sonrisa de los otros, del placer de los otros. El amor es así.
Creo en la libertad que prefiere el amor al miedo. Porque hay que involucrarse con los demás sin miedo, hay que involucrarse con el mundo sin miedo: entrar por completo al mundo. Si introducimos el pie en el mundo, sentimos su placer y nos vamos; y después volvemos a introducir un pie en el mundo, a sentir su placer y nos vamos, no estamos viviendo una experiencia, estamos dejando que la muerte se acerque (que la violencia se acerque, el control se acerque, la vigilancia se acerque) aislados (y no autónomos) a la altura del pensamiento, con un mar de negaciones y dolor de por medio. 




"Te das cuenta de que eres quien quiero que seas. 
Un animal. Un objeto. Un vacío para ser llenado por mí."
Me encanta la revolución que estamos viviendo. Una revolución que involucra nuestra consciencia. Es verdad que en la historia del mundo han existido peores torturas, masacres, hambrunas, plagas. La diferencia es que ahora podemos verlas casi en tiempo real -si es que no las padecemos- (y podemos manipular, interpretar, juzgar, dramatizar la realidad al propio antojo). Los shocks también despiertan. La mente que conoce de primera mano la tortura y ha logrado sobreponerse al sufrimiento, adquiere una experiencia que acrecienta su propia consciencia (como ejemplo basta un José Mujica). La verdad no es una información, dice mi Gurú, es una experiencia; pero también las imágenes que recibimos a diario por medio de este bombardeo mediático-informativo producen una experiencia dentro de nosotros. Hoy más que nunca conocemos los matices de la sangre, por ejemplo, proporcionados por un monitor. Hoy más que nunca conocemos la descomposición de los cuerpos causada por la ambición de belleza, o por el hambre; si decidimos instalarnos en la observación exhaustiva de lo que los monitores nos presentan, y no mordemos el anzuelo de las intenciones con las que se nos lanzan esas imágenes: la plaga de la información que genera una epidemia de enfermedades mentales. Hoy más que nunca, si somos capaces de enfrentar el infierno mediático con los ojos abiertos, sin interpretar y sin distinguir, somos conscientes de las dimensiones en las que nos manifestamos: no poseemos nada, experimentamos todo (experimentar como vivir la experiencia: experienciar, pues). La misma escritura cambió al transformarse los medios de comunicación. Yo, una escritora que ahora ningún periódico publica (revistas si, en Bilbao, en Alemania, en Europa claro está) sencillamente entro a esta caja de texto y echo a este espacio mi escritura. No tengo que esperar a la imprenta, a la negociación, al editor al corrector, al juicio de alguna "autoridad en la materia". Pero esos desahogos vocacionales no son la satisfacción más grande que me da esta revolución global. Es la consciencia, lo que vamos comprobando con estos nuevos sistemas tecnológicos que intentan inventarnos un mundo. Mientras algunos insisten en crear una realidad para que nosotros no ejerzamos nuestras propias capacidades creativas, se manifiesta una verdad:  es verdad que para tocar a otros ya no necesitamos las manos, es decir, el cuerpo es una experiencia fabulosa pero ya nos dimos cuenta que somos y nos manifestamos más allá. La mente no está encerrada dentro del cofre craneal. La mente está dentro y fuera de nosotros. Y lo mejor de todo, nuestro interior es tan infinito como lo que se manifiesta afuera; los alcances de nuestra mente hacia afuera son interminables. Mejor aún: ese dentro y fuera de nosotros no existe. Podemos afectar a los otros con sólo pensarlo, podemos visitarlos, atravesar sus cuerpos, abrazarlos, recorrerlos por dentro, salir de ahí y continuar caminando. No se trata de la infinidad de los circuitos de este mundo virtual, y sí, también se trata de eso. Es genial que el pensamiento de una amigo que vive en Pensilvania, pueda sanar un corazón roto en Texas ¿no es cierto? Ése tipo de consciencia está creciendo. Quizá sólo vemos ahora una pequeña parte de lo que somos, y de nuestros alcances. Cuando podamos descubrir nuestro verdadero poder, las máquinas nos parecerán insignificantes, arcaicas: esa montaña que simbolizará nuestro desperdicio.

video

el agua



--¿La está molestando?
--No
--¡Sí!
Todo está aquí

Moverse por el espacio, entre los demás que se mueven, sin otro objetivo que un equilibrio orgánico del caos, sin otro beneficio que un intercambio energético elemental. Ver por los hombros, oír por los pies, entender por la piel. Parar, volver a marcharse. Caer, volverse de pie. Acercarse, alejarse. Decisiones inmediatas desprovistas de intención. Vigilancia alegre, sapiencia muscular.  Y los juegos de agua viva, los juegos de cuerpo a cuerpo, de rapaz a presa, yo te agarro, tú me sueltas, y nos quedamos libres. El cuerpo-otro como árbol, casa, refugio; el cuerpo-otro como guía para explorar el mundo; el desconocido cuerpo del otro para conocer al mío. Celebración de los sentidos que nos hacen presentes, aquí y ahora, a pesar de los lenguajes, de las policías del signo, del mercado cotidiano de existir. Hacia una reconquista humilde de nuestros estados animales, vegetales, o minerales, sólidos, líquidos o gaseosos, en la simultaneidad feliz de nuestras estaciones, bestia sin desgracia. Y que por fin se nos vuelva a dar la buena lección de las cosas; esa castaña en la boca, esa palabra en el bolsillo; esa silla donde trepar juntos; esta puerta que se cierra y se vuelve abrir. ¿Y qué más? Poesía física, emoción limpia; el pleno disfrute de no tener nada que decir porque todo está aquí.

Graciela Casanova y Marc Georges Klein (del libro Una poética de la experiencia corporal. Editorial Biblios, Argentina. 2011)
DEL OTRO LADO
(en la parte de ti
que no se ve) construyo
lo que pienso

imaginamos

Pienso la mesa de madera roja
la silla para esperarte en los días de nieve

amor, imaginamos

Del otro lado
(en la parte de mí
que no se ve) pulsa la niebla
de tu beso: ¿eres tú? Abres. Entras

preguntas de mi boca
Una de las obras que componen "La reposición del aura" del pintor ecuatoriano Tomás Ochoa.
Tomás es encantador y su trabajo es sorprendente. Hagan click aquí para ver más.




En un impulso manipulador, desde esta enorme necesidad de controlar mi realidad, iba a subir un video dramático con la hermosísima voz de Concha Buika, pero observándome bien sólo necesito compartir lo que más me gusta, no lo que más me duele (y que a fin de cuentas es sólo eso: imposibilidad) así que aquí dejo el regalo que suena en el corazón de este animalito ("necesito" es una linda palabra ¿no crees? pareciera el bebé de una flor o lo recién nacido de algún postre).


Mientras nos entristecemos por pequeñas cosas: la tubería de una casa de 1908 que no está reparada bien a bien, una mudanza que no sucede, viajes imposibles de realizar, respuestas que quisiéramos tener (casi todo relacionado con la necesidad de controlar la vida, domarla: ja, el animal domando a la naturaleza ¿no es risible?), libros dispersos que impiden que comencemos trabajos importantísimos; mientras nuestro egocentrismo se desborda porque la crema en el café no fue suficiente, el amante del sábado tuvo mejores cosas que hacer, y la cuenta del banco disminuye, en mi expaís alguien regresa de una marcha donde miles de personas inundaron las calles a pesar de todo pronóstico y de los aporreos por parte de las fuerzas federales en la marcha del 20 de noviembre. Mientras me entristezco porque uno de mis maestros irremediablemente muere rodeado de amor, miles son golpeados por mi expaís y se levantan, descansan y salen otra vez a tomar las calles para manifestar su inconformidad. ¿Qué importancia tienen realmente las cosas o los acontecimientos o las circunstancias personales cuando las ponemos en una balanza? ¿Será que ahora me entretengo como un animalito doméstico con su bolita de estambre ante la imposibilidad de actuar directamente en mi expaís? Aún así la alegría se expande dentro de mí, a pesar de mis pertenencias regadas en tres diferentes lugares, de una casa que no puedo habitar; de acciones detenidas y de el duelo que aparece cuando un maestro nos deja, la alegría se expande dentro de mí, porque nos golpean y nos volvemos a levantar. Porque en mi expaís se acabó el miedo. Y también siento el golpe y también me levanto y también vuelvo a salir. #YaMeCansé2
Me refiero a ti como a dos fieras porque
una herida son dos fieras. Hay que estar
muy herido para referirse, muy herido de lenguaje.
Me refiero al cañón del Colorado. Me refiero a
un abismo desnudo que Christo viste, en la
aurora lo veo en su cresta. Me refiero a la nada,
al punto opuesto donde está Christo. Escribir es
desnudarse, escribir es vestirse. Pero el vértigo
no viste, viste el rojo, el pájaro de sangre, el gorjeo
del pájaro de sangre en Inglaterra: pío, pío.
La que te cubre no cobra por vestirte. Ella, la
doncella leve que sobre ti se deposita, esposa
del esposo, gemela del gemido. Por último,
sin miedo, me refiero a mí.
                  Eduardo Milán





Desde afuera puedo ver lo que pasa. Pasan los medios de comunicación mexicanos mintiendo abiertamente en vivo durante las transmisiones de las enormes protestas en México. Quienes estamos acostumbrados a leer los falsos discursos televisivos, somos capaces de advertir la realidad mientras escuchamos a comunicadores que regañan al pueblo por su comportamiento rebelde. Pienso en los fotógrafos y los camarógrafos que lanzan sus tomas al mundo cuando no hay tiempo de editar imagen y los comentaristas intentan corregir a toda costa en tiempo real, la actuación de las fuerzas federales en contra de los ciudadanos. No tengo más alternativa que percibir desde ahí, y reírme de sus contradicciones. "¡El grupo de anarquistas está atacando a los policías desarmados!" Mientras la imagen en la televisión muestra a los granaderos golpeando con toletes y lanzando gas lacrimógeno contra manifestantes que optaron por hincarse en la calle Madero. Yo no estaba ahí, sencillamente vi esa televisión que 'miente'. "Un joven intoxicado arremete contra los granaderos" en una de las calles aledañas, un joven evidentemente golpeado, furioso, reclamaba el ataque a los granaderos con los brazos abiertos, sin camisa, sangrando de la frente continuaba con fuerza para regresar a reclamar el abuso mientras todos preferían irse. "Yo pediría que primero hicieran un examen toxicológico a ese joven" lanzaba el narrador desde la pantalla, mientras el chico se acercó lo suficiente para ser jalado por el ejercito, arrojado al piso, y vuelto a golpear desapareciendo entre los escudos de plástico de más de quinientos policías federales que llegaron para "Proteger a la población" decía la vos oficialista en la que se ha convertido la televisión mexicana. Ese ejercito que llegó, según dijo la televisión, para proteger a la población, desapareció a ¿cuántas personas esa noche? torturó ¿a cuántos anarquistas detenidos? hirió a cientos, apaleó a mujeres, niños, ancianos, estudiantes y monjas. Yo no estuve ahí, pero lo vi en el mismo momento que sucedió; dos de los periodistas que cubrían el evento en vivo fueron golpeados, y después aparecieron al aire para justificar la acción diciendo que habían sido "confundidos" con anarquistas, a lo que el comentarista declaró "Por uno la llevan todos". 
He visto a muchos conocidos venderse a los periódicos, a las televisoras, a las instituciones culturales; pero me da gusto que este otoño ya las cosas no se puedan ocultar porque la narrativa oficial ha caducado; conocemos muy bien al enemigo y sus tácticas (y lo que el enemigo daba a cambio de unirse a él). ¿Que haría el Estado si todos esos vendidos, por ejemplo en el Sistema Nacional de Publicaciones, o en el Fondo Editorial Tierra Adentro, o en el Sistema Nacional de Creadores de repente dejara sus puestos? Porque hasta los vendidos se están cansando de tener el tolete en la boca y la bota en la cabeza; no importa cuántos viajes a Cancún les organicen, ni cuanto alcohol les subsidie ese Estado; ni a cuantos agasajos en el extranjero sean comisionados. Los vendidos son delicados, tienen familias delicadas y aman la seguridad que les había proporcionado su cobardía, y gustan también de los buenos comportamientos; lo salvaje les parece digno de cabaret, o les provoca náusea, Y el Estado ha levantado la mano para herir ese orgullo clasemediero lastimando su "dignidad" y sus intereses. Los vendidos son vendidos aquí y en cualquier parte, se venden a cambio del bienestar, del privilegio, de la jerarquía, de la alfombra y el reconocimiento. Y hasta esa simulación de reino para intelectuales y artistas que muy bien sabía construir el PRI, se está viniendo abajo, administrada por el mal gusto de las televisoras. Los vendidos no usan diamantes de utilería, como en las telenovelas; cuando alguien no sabe ponerles la corona, los vendidos no tienen empacho en morder. Entonces ahora sí, estamos un poquito más completos y mucho más parejos ¿Qué no? Los vendidos ya son parte del pueblo, y a un pueblo furioso desde la raíz de sus instituciones culturales e intelectuales: a) se le masacra b) se le respeta.


El mundo se está incendiando, y entre alguna de las maravillas del fuego está la purificación. La naturaleza nos suelta de la mano, a ver si ya aprendimos a caminar.  Nos retira a algunos de nuestros más queridos maestros. Uno de mis maestros más queridos ha sido Tich Nhat Hahn "Tai". Que desde hace días se encuentra hospitalizado después de haber sufrido un aneurisma. 
Tich Nhat Hahn es poeta, monje budista, impulsor de la corriente zen "Mindfulness", amigo cercano de Martin Luther King, exiliado por combatir el sistema represor en Vietnam; levantó un monasterio en Francia, y otros tantos en el mundo. Tendrá quizá más de ochenta años. Sus estudiantes más cercanos están preparados para despedirse de él. Yo no he llegado a ese nivel de iluminación. Me he despedido de muchos amigos a lo largo de estos años; me he despedido de muy pocos maestros del nivel de Tai. Pero, gracias a sus enseñanzas, a sus libros, a sus poemas, seguramente sabré qué hacer con mi sufrimiento. Aunque quizá después de haber salido del coma en el que estaba, la naturaleza se compadezca de personas como yo, y nos deje a Tai, por los menos, otros treinta años.


México: Los Supercívicos
¿y los libros? ¿y la casa? ¿y la escritura? sombras
Había vivido metiendo primero el cuerpo en todo lo que vivo. Bueno, ya tengo cuarenta, así que en algunas áreas de la vida no puedo meter el cuerpo tan fácilmente como lo hacía antes. Quizá por eso me he vuelto un poco reflexiva. Me ha comenzado a obsesionar la estructura del pensamiento; también en mi escritura la estructura del pensamiento ha sido fundamental para crear una forma estética, lo sé; pero antes sólo observaba mi propia estructura de pensamiento y la reproducía en cualquiera de mis libros. Ahora reflexiono sobre esa estructura, no sólo la observo y la mantengo intacta, me acerco a ella, me sumerjo en ella y la transformo. Esos viajes me fascinan. Por eso creo que este libro nunca lo voy a terminar: tengo estadísticas, fotografías, vida, talento y cuarenta años. No me importa terminar un libro, me importa escribirlo, hasta donde tope. Así que las preocupaciones de entregas y límites tampoco me atormentan. Me atormentan ya muy pocas cosas. No sé si algo me atormente de veras. No soy feliz, pero eso no me atormenta. No tengo expectativas de ser feliz, tal vez por eso el hecho de no ser feliz no me atormenta. Una sola cosa me atormenta al grado del insomnio y es, el camino del mundo, la sangre del mundo, la violencia del mundo y, claro, el armamento del mundo. Pero esos son insectos mentales fáciles de espantar al día siguiente porque en realidad desconozco todo sobre el mundo, lo que me atormenta es una construcción que hago, una estructura que levanto desde mi pensamiento a partir de algunos datos. Realmente mi cuerpo no ha estado en Syria, ni en Corea del Norte, ni en SurÁfrica para entender o temer realmente algo. Acepto el sufrimiento emocional, la ansiedad, la angustia, el temor a no tener dinero suficiente ¡Ah, cómo nos atormenta el temor a perder cierta estabilidad económica! ¡Y cómo perdemos el tiempo imaginando que si tuviéramos "estabilidad económica" nuestro mundo (el mundo personal) sería diferente! ¿Por qué permitimos que el dinero (códigos, fierro, papel) se vincule a nuestra satisfacción? ¿No es eso morder el anzuelo del control de manera absurda? En fin. No estoy en mi casa hoy, no tengo casa hoy. Pero estoy en un lugar donde existe el silencio, el frío no penetra y la luz me acompaña interrumpida por uno que otro ladrido, maullido o motor. Cuando escucho las quejas de mis seres queridos, cuando veo a alguno de mis amores listo para pelear por algo (defender vilmente un punto de vista para obtener lo que quiere, manipular a través de su elocuencia, hacer planes y estrategias para "avanzar" es sus planes de vida) siento que contribuimos tanto con esa guerra que desconozco, que añadimos dolor al despedazamiento y al desplazamiento de los cuerpos, que sumamos oscuridad a la tortura que, esa sí, conozco cabalmente.
En nuestra manera de manejar, convivir o aceptar el dolor reside la clave para contribuir o no con la guerra; tal vez no se trate de soportar el dolor, tal vez sólo se trate de ser capaz de aceptar el dolor como parte de la vida en lugar de negarlo, huirle o evadirlo. A fin de cuentas todos sabemos, por experiencia, que ni la felicidad ni el dolor son permanentes.
Cartera para pasaporte hecha para la inauguración de Paisaje Roto. En Houston, Texas.
Piel de cordero con tinta de oro. Concebido y diseñado por el artista Jorge Galvan Flores.
En edición de 15 ejemplares. (Lo tenía para regalar, pero ¡mejor no!)


Estoy muy triste. No tengo remedio. Bueno, ustedes saben que para mí decir "estoy muy triste" quiere decir "en estos quince segundos que escribo esto estoy muy triste, después quién sabe". Mi corazón se rompe frecuentemente, pero también frecuentemente percibo que mi corazón cada vez abarca un espacio más amplio. Ayer, fui al Consulado Mexicano en El Paso, porque mi hermano Luis exponía tres de sus fotografías en un evento que nunca entendí, pero sucedió. Como también ustedes podrán imaginar, desde hace años tengo yo cierta reticencia, por no llamar náusea a los eventos institucionales de mi expaís. Qué vergüenza formarse en la cola para los bocadillos o el vino costeados con dinero público cuando en el país los jubilados no tienen para medicinas (no menciono los crímenes de Estado porque no quiero causar polémica, con mencionar el hambre que hay en mi expaís es suficiente para no pararme a festejar absolutamente nada). Pero quería estar con mi hermano, ver sus fotos,  estar con él. Así que ahi di la vuelta, abracé a mi hermano, y me detuve -con mis amigas- junto a la mesa del vino y los bocadillos, que -debo aclarar- no toqué. Comencé a ver pasar señoras entaconadas, viejas intentando parecer jovencitas, máscaras cuarteadas por el maquillaje; homosexuales buscando atención un poquito borrachos, reproducciones de look de la primera dama (entiéndase actriz de telenovela) con la nariz alzada, la cirugía alzada, las pestañas postizas alzadas y el sueño de que por ser las amantes de alguien en el Consulado son superiores. Fue, casi-casi como estar en una fiesta oficial de narcos, en el kiosko de Puebla, plagada de actitudes victorianas y viles: el tv-show de las clases sociales. Sólo había pasado una hora y yo ya describía a los invitados, con suavidad de peces, moviéndose a la mesa de bocadillos y arrasado como pirañas. ¡Comieron sin que el acto de comer fuera notorio!. Entonces decidí que ya había hecho lo que quería hacer. Pensé que algo en mí había cambiado porque esta vez, dentro del asqueroso terreno institucional, me había mantenido sin tacha. Comencé a despedirme de mi hermano, luego fui al área de la tercera edad y me despedí de mi mamá y antes de salir toqué el hombro de mi hermana para decir adiós; mi hermana estaba con un grupo pequeño, volteó feliz y dijo, "ah, ella es mi hermana, es escritora; mira Loli, él es el Consul." Eso no lo esperaba, el Consul estaba acompañado por una réplica en miniatura de actriz de televisa, bronceadita y con el cabello teñido de rubio. "Mucho gusto ¿usted es el consul?" pregunté y sentí que algo como una furia inundaba mi cabeza: "---Faltan 43. ¿Perdón? preguntó ---Faltan 43, Consul." El rostro de la actricita se puso en su mala caracterización de fastidio (la única experiencia cercana al fastidio que conocen es el olor a mierda). Al Consul le subió el color al rostro y dijo, "Sí". "Y un milloncito más" agregué. Mi hermana se rió. Me di la vuelta hasta donde estaban mis amigas y las invité a comer un pay en alguna cafetería. ¿Entonces el Consul de México es como un representante del Presidente? preguntó una de ellas que -obviamente no es mexicana-.
Lo triste no es llegar y protestar ante un Consul de manera sutil en el "extranjero". Mi tristeza surge de la experiencia de la furia;  el dolor ante un funcionario y su farsa de país reproducida en otros países, apoyada por una población condicionada para llegar ahí -al supuesto poder- a como de lugar, para divertirse con los desfiles de la vileza y la prepotencia. Esa ilusión, ese embeleso de los demás en contraste con un Estado criminal y sus asesinatos, me produce esta terrible sensación de lo irremediable.

No queda otra que la foto desde la webcam en el escritorio. Nos vemos en un ratito amigous.



Marcha silenciosa del EZLN en Chiapas, hoy 8 de octubre.


Hace tiempo que no recuerdo fechas. Recuerdo, tal vez, la fecha de tu cumpleaños. Recuerdo el dos de octubre. Ahora tendremos que recordar el 26 de septiembre: ese gatillo, que nos ha vuelto a sacudir. Y digo que no recuerdo fechas porque quisiera recordar el día en que el Sub-comandante Marcos dijo no es los mismo decir "estamos contigo" que enfrentar a los militares armados para defender lo que es digno; fue cuando asesinaron a Galeano, para mí es como si fuera ayer ¿fue ayer? ¡Fue ayer! también ayer secuestraron y encarcelaron al vocero de la tribu Yaqui en Sonora, para abrir paso a los nuevos "dueños" del agua en México. Ese que antes era un país está arrasando a pasos agigantados con lo que se fue apropiando poco a poco so pretexto de una guerra contra el narco que bien negoció el PAN mientras estaba en el poder. Yo sé, yo sé que todo esto es un proceso porque viene un gran cambio. Y sé también que después de ese cambio habrá paz. También sé que las palabras sirven únicamente para decir esta boca es mía y en este lugar es donde puedes poner la bala. Pero hace mucho tiempo que nuestro lenguaje no se oye; hace mucho tiempo que nos cambiaron el significado de las palabras: "desaparición forzada" "desparecido" "elementos balístico" "llegaron en dos unidades" "peinan la zona" "un masculino" "una fémina" "una menor" y frases por el estilo nos fueron alejando cada vez más y más del verdadero mundo, del mundo donde existen los secuestrados, las balas, los automóviles, los hombres, la selva, el desierto tomados por los militares, los niños, las mujeres; en un gobierno que no gobierna, que se dedica a exterminarnos poco a poso. Un gobierno que quiere hacernos creer que somos los sospechosos, que somos los asesinos, Yo sé que es un reajuste de los sistemas mundiales de poder. Lo sé. Y que cuando crean que han logrado reajustar el mundo tendremos calma. Pero también creo que se les olvida un pequeño detalle: todos nosotros somos parte de la naturaleza, en cada cuerpo hay agua, fuego, aire, tierra y mente; y lo que se hace con cada cuerpo se le hace al mundo entero: desde ponerle pestañas postizas hasta inyectarle silicón; desde cortarlo como si fuera un árbol para que no haga sombra; ¿Qué poder es más grande que el de la naturaleza? Por eso nunca olvido que la naturaleza se mueve en silencio, debajo de las superficies, y no la verán llegar. Por eso también creo que la naturaleza está procediendo, desde su poder vegetal, desde la severidad mineral, desde su inmensidad energética y, cuando esos que creen que tienen el control y reajustan el mundo se den cuenta, ya no podrán saber ni cómo se llaman.

d.




Pasé tres días maravillosos junto a un lago en Nevada, observando la quietud del agua. Con muy pocos momentos para estar sola, pero aún así, suficientes momentos. Tuve una cena literalmente divina en un restaurante italiano (ya saben, todos esos estimulantes para el sistema nervioso: salsa de tomate, harina, queso y alcohol -sin contar el pastel de chocolate). Mi corazón se estaba rompiendo dentro de una felicidad tranquila. Empiezo a entender, cada vez más, las rupturas de corazón. Esta ha sido como una purificación cerca del agua, como un bautizo. Ayer, antes que amaneciera, con los ojos cerrados, la cama a la orilla del lago, tuve la sensación de que mi mente es mucho más grande que mi cuerpo, y puede detenerse más allá de mi, en cualquier otra parte. Estuve mareada por esa sensación, en un duermevela plácido e inquietante. Mi corazón esta vez se rompió, como si estuviera hecho de azúcar disolviéndose, de forma tibia: sin dejar nunca de querer. 

d.


Los más de cuarenta jóvenes "desaparecidos" en México. (Oh, "apareció" uno: desollado).

Y ya, que se publicó mi libro Estilo (que no es poesía, es prosa) en la colección La Noche Cúbica, de Ecuador. ¡Allá nos vemos, folks! (invítenme a publicarlo en Ururguay y Guatemala y en Bolivia y Colombia, voy a decir que sí).

d.


"¿Por qué chupa aquellas hierbas?", contesta que él, sintiendo en sí superabundancia de vida, busca su olvido y lo halla en el zumo de esas hierbas, pero que su principal deseo se reduce a... perder cuanto antes el juicio (deseo que acaso estuviese de más)."

Fedor Dostoievsky
machthisweek 9-1

Les había platicado de mis problemas para entusiasmarme lo suficiente en estas fechas. También les he platicado del hartazgo que me ocasiona el culto a la personalidad en todas las esferas de este fenómeno que somos. Últimamente también he platicado con algunos amigos en relación a los "conversatorios" que se han generado con la idea de transformar un poco la forma en la que percibimos el, y hacemos arte. Estamos intentando cambiar las cosas, es obvio que ya nos dimos cuenta de la farsa en la que hemos caído, sobre todo los artistas nacidos a finales de los cincuenta y principios de los setenta. Hacemos pruebas. Los conversatorios han desembocado en la reproducción de los sistemas que criticamos: alguien se sienta en una mesa para conversar, sostener su punto de vista y demostrar que tiene los mejores argumentos para justificar su "verdad": Ñeee.  A veces los conversatorios se convierten en el alimento que el conversador necesita: tener la razón, ser reconocido, aceptado y comprobar que intelige "correctamente". Yo he optado por no presentarme en muchos lugares para no sumergirme en las mieles del culto a la personalidad (con los chapuzones que yo me proporciono a diario es suficiente, que una audiencia me de la razón o me "reconozca" y me encuentre mal parada, puede hacerme perder la razón (razón que no tengo, btw). 
Ayer,  leí dentro de un clóset en una casa de Pasadena, dentro de un proyecto de Machine Project. Un completo experimento. Por toda la casa había performances: danza, lectura de energías, instalaciones y, en un rincón de la casa, dentro de un clóset estaba un poeta. Así que cualquiera podía entrar al clóset y vivir la experiencia de tener una lectura de poesía completamente privada. La idea fue de un artista que sólo conozco por el nombre de Mark, el creador de Machine Project. Nunca he hablado con él, peeero el poeta (y amigo) Anthony McCann (quien colabora con Machine desde sus inicios) me invitó a leer, en un ambiente completamente gringo, dentro de un clóset, recibiendo a las personas de una por una, únicamente en español. Me encantó la experieicna porque, contrario a otras lecturas, donde solemos leer ante una audiencia, aquí me encontraba cara a cara con la persona interesada (por la razón que fuera) en escuchar poesía en un idioma que, probablemente, no iba a entender muy bien. La experiencia, sencillamente ¡fue fantástica! La gente llegaba, se asomaba al clóset, dudaba un poco ¿es sólo en español? eh, no importa, nos presentábamos, platicábamos un poco, a veces, y sencillamente dejaba de existir la separación entre el público y la audiencia, o entre un idioma u otro, o entre "la personalidad" del escritor y la "perssonalidad" del espectador. Preguntábamos lo que queríamos preguntar, platicábamos sobre el espacio, algunos visitantes al clóset eran escritores. Sólo hubo una persona con la que no platiqué: fue una escritora a quien ya he visto en otras lecturas, ella entró y reprodujo a pequeña escala las lecturas donde nos habíamos encontrado. De ahí en fuera el experimento dio como resultado una interacción fresca que me permitió estar cerca de personas, muchos de ellos artistas, mucho más jóvenes que yo. Y tener cerca esa inocente percepción del arte que funciona como un verdadero generador de cambio. ¡Qué gran aprendizaje! ¡Viva LA! ¡Qué buena despedida experimental me están dando!
Puras cosas tristes: guerras aquí y allá, amigos en las guerras aquí y allá; virus en las computadoras, redes sociales esclavizantes, teléfonos esclavizantes,  universidades donde se estudia para ser crítico y no se es capaz de vivir sin las "novedades tecnológicas" del iphone. Oh, well. Ayer, mientras hacía un recuendo de esa decadencia existencial que nos rodea me decidí a buscar una cosa buena hoy. Una cosa alegre. Por su puesto la encontré, pero entre más encuentro cosas que me alegran más abismalmente me encuentro separada de las preferencias del mundo. Comencé a grabar mis soliloquios, por ejemplo, eso me alegra. No porque piense que digo cosas importantes, sino porque oigo mi voz como transportada hasta la grabadora desde otro planeta. Los ensayos introductorios de la obra de Dostoievsky en Sepan Cuántos ¿Nos estamos alejando, verdad? Me alegran esos ensayos rusos tan maravillosamente traducidos y que, en ocasiones, parece que son escritos en contra del mismo autor. Las noticias de mis libros en otros países, Me gusta ver en fotografía lo que no puedo tocar porque está en otro continente: estoy en otro continente y no me puedo tocar, en otro idioma y no me puedo tocar soy y no soy yo, ese sentido me da la fotografía. La ciudad que no puedo tocar: Juárez, mis amigos me mandan fotografías de la devastación; no me alegra la desvastación, me alegra la percepción sensible de mis amigos en una ciudad destrozada. Y las invitaciones a otros países, eso también me alegra, porque oh buena noticia ¡ya puedo salir de este país!. Deberían alegrarme cosas como el jardín, mi mascota, la luz que entra por cada ventana de la casa, algo más presente, pero llevo un mes anclada en el futuro: me alegra lo que va a pasar, me alegra lo que está por suceder y descuido las cosas de esta tierra. Ya está, para mañana me propongo enamorarme del presente. Cambio y fuera.


A Juan Manuel Portillo

Tengo miedo. He pasado estos días trabajando exhaustivamente. Sin posibilidad de descansar, venir aqui, saben mis queridos lectores imaginarios, es descansar. Pues no había venido. Pero hoy es urgente. Decidí, cansada de tanta nadería, volver a leer a Fedor Dostoievsky; Dostoievsky que, como ustedes saben estuvo a punto de morir fusilado por publicar un diario clandestino pero se le otorgó el perdón a cambio de cumplir años de trabajos forzados en Siberia. Dostoievsky que en 26 días, para salir del paso, escribió una novela que cubriría parte de sus deudas: El Jugador. Que el único tiempo que tuvo para disfrutar la vida fue cuando cumplió cincuenta, porque alguien más se hizo cargo, epiléptico del cuerpo y del alma. Cuyo peor enemigo era él mismo. No sé cuántos de mis lectores imaginarios en este papel imaginario hayan pasado hambre, de la de verdad, no ese capricho que se levanta a molestarnos cuando la fila del restaurante favorito está muy larga.  Estoy congelada por el miedo. En mi mesa tengo libros de Agamben, Arno Gruen, Cortazar, Onetti, Gardea, Viel Temperley, Victor Serge, Choygan Trungpa, Macedonio Fernández, Deleuze y Guauttari. Y no puedo evitar preguntarme ¿Qué no estamos viendo? ¿No estamos viendo? También tengo "Demonios" de Dostoievsky ¿no estamos viendo? ¿podríamos poner nuestro papelito escrito junto a Los Hermanos Karamazov? ¿Nuestras reflexiones u opiniones junto a los estudios del comportamiento humano que ha hecho Arno Gruen?  Nuestra constante lucha por tener la razón ¿podríamos ponerla sin sentir vergüenza junto Gilles Deleuze o Infancia e Historia de Giorgio Agamben? Entonces quiénes somos para celebrar que tal poeta ha llegado a viejo o que un amigo hace más ruido que otro con sus poemas experimentales, o que una descocada recibe un premio por el bien de la nación, mientras le colocan una corona como a cualquier descocada. ¿Cómo podemos llamarnos escritores desde nuestros cubículos, diciendo frío sin conocer el frío, diciendo hambre sin conocer el hambre? ¿Cómo podemos creer que la mente son sólo los tres primeros escalones -y un video-? Me rindo.
Me imagino lo que es el hambre, pero no la quiero, en efecto: hambre imaginaria
"No somos extranjeros en esta tierra. No estamos invadiendo ningún territorio [...] No queremos ser condenados a emigrar, que es otra forma de genocidio que se ha orquestado en nuestra contra . ¡Paren esto, sociedad civil!" expresaba Mario Luna. Hoy fue secuestrado.


Let’s Take a Trip Up the Nile



Esta frase fue acuñada en la frontera. De las frases más emblemáticas que la literatura fronteriza ha construido. Su creador, Francisco María Sagredo, un ciudadano de 69 años de edad, poco después fue acribillado a las puertas de su casa, junto al lejendario terreno que sirvió para abandonar 9 cadáveres cuyos crímenos, como el del creador de la frase, nunca se esclarecieron.  De los pocos que atinaron con una sóla frase a decir algo. 

---Estamos locos todos.
---Yo no estoy loca. Mis caderas se esponjan.
Afuera se oyen gotear las hojas de los árboles.
Ha llovido mucho en mis sueños ---dice el hombre. Y luego:
---Donde yo vivo los muertos tienen unas lámparas negras.

                     Jesús Gardea (de libro de cuentos "Las luces del mundo")
"En efecto, narrar la vida era la "Biografia imposible". Parece imposible, en efecto, narrar la vida de un hombre que no viajó, no ocupó cargos de poder, no protagonizó resonantes polémicas, no escribió ningún best-seller, no ganó premio alguno y que, en cierto momento de su vida, optó por la inmovilidad, la abstención, la invisibilidad..."

Álbaro Abós sobre Macedonio Fernández.

La niebla en San Blas

Perro, Mike, cuéntame
esa historia de la niebla en el puerto
No había niebla y la historia
trata de un coquero, hombre
sencillo y afortunado.
Tenía un carrito de cocos,
vendía el agua y la carne
con limón y chile en bolsas de plástico.
¿Pero la niebla, Mike,
no decías que todo estaba
cubierto de niebla?
No. Era tarde soleada.
Antes, déjame te digo
en qué consistía su fortuna.
Su dicha era su mujer.
La más bella de San Blas.
Nos tenía embrujados.
Estaba que se caía de buena.
Todo sucedía en una cantina,
jodida como esta, con piso
de tierra, mesas de Cerveza Corona,
y una sinfonola mosqueada
que tocaba todas las de José Alfredo-
¿Pero la niebla, Mike,
no me contaste que apenas
podían verse las caras?
No. Espérate. La mujer
era el deseo de todos,
sí, pero nos lo callábamos,
digo, por un elemental respeto
al coquero, que era compa.
Todos, menos el hijo de un fulano
que ahora es diputado.
Ese cabroncito
alardeaba todo el tiempo,
decía que la reina aquella
tenía que ser suya.
Esa tarde, ya ebrio, el muy pendejo
comenzó a cacarear en presencia
del coquero, en su mera cara.
Que si él andaba en un Mustang
y el otro en pinche bici,
que si él era galán
y el otro prieto y feo.
¿Pero, y la niebla, Mike?
Ya dije que entonces no había niebla.
El coquero aguantaba,
aunque de lejos se veía
que se lo estaba cargando
la chingada del coraje.
Era hombre de silencios.
El otro siguió jodiendo, decía
que le iba a sonsacar a la mujer
y a ponerle casa,
que con él iba a saber 
lo que era coger sabroso.
Se pasó de lanza. Sin decir palabra,
en un mismo movimiento,
el coquero tomó un machete
y le rebanó de un golpe
la tapa de los sesos.
Tan fácil como te lo cuento,
como quien parte un coco ya maduro.
¿Y entonces, Mike, perro?
Entonces sí, ya caía la noche
y llegó la niebla, se posó
con su culo blando sobre San Blas.
Sólo se podía ver
el rojo reguero de sangre
y al muerto, sentado en su silla,
todavía agarrando su cerveza.
Del coquero nunca supimos más.
Se trepó a la bici y enfiló calle abajo.
Como si se lo hubiera tragado 
la densa niebla de esa noche.

(contado por Miguel Angel Hernández Rubio 1957-2010)

              Jorge Esquina (del libro Teoría del Campo Unificado)


Después de tres años de vivir en Los Angeles ¡por fin tengo un estudio! Vivía con libros en la "sala" el "comedor" la recámara y bueno, como la cocina era un área común me costaba trabajo invadirla también con mis notas y mis libros. Escribía en el comedor porque los dos escritorios de la sala estaban atiborrados de libros y papeles. Hoy, por accidente, porque ni lo había planeado (tal vez nunca lo hubiera planeado) tengo estudio por dos meses antes de dejar Los Angeles para jugar a las artes en otro lugar. Pero no sólo tengo estudio: ¡tengo soledad! así que me dispuse alegremente a trabajar en mi Hermes Rocket para darme cuenta que las teclas se pegan al rodillo ¡Pero si le acababa de dar mantenimiento completo! pensé, oh, no, eso fue hace cuatro años, cuando la usaba regularmente.
   Tanto tiempo sin tener un estudio. Casi cuatro años, wow. Pero bueno, hay recompensas por esos años de asinamiento: conozco mejor mi mente y sus reacciones cuando la escritura le falta. Conozco los extremos de mis pensamientos cuando deja de obedecer a la escritura:  no son agradables, créanme, pero ahora son parte de mi reino. Cuando el pensamiento se las ingenia para ponerme a escribir a toda costa, imagina cualquier clase de terror, construye cualquier clase de miedo, me rodea cualquier clase de sonido, de ambiente atroz, de deshaucio. Pero ahora, luego de tres años de entrenamiento puedo observar mi pensamiento como si fuera un gran dragón que danza para divertirme. No es que no sienta miedo, terror, odio hacia mí misma de vez en cuando, sobre todo cuando no tengo silencio y soledad para escribir; es que los siento y los observo sin reaccionar, como si esas emociones fueran una obra de teatro que me atormenta, una película que no me gusta. Los observo hasta que se marchan. Además desarrollé otra técnica: como el monstruo quiere escribir y yo sé que si no lo hago en el silencio adecuado y en el momento adecuado puedo entrar en un túnel que no me lleva a dimensión alguna (sino que, nada más me encierra y me desespera por semanas arruinando mi vida alrededor) entonces construí un libro para él, para el monstruo, en formato de blog (es lo más sencillo -espero que el monstruo no nos esté escuchando-), entonces abro ese blog y escribo y publico nada más para que el monstruo se sienta bien: Llamaré Dragón al monstruo, en honor a Cortazar y Dunlup para que no perciba mi rechazo, porque, a fin de cuentas ese Dragón hace conmigo lo que quiere, no es adorable, como el buen Fafner. Así que engaño al Dragón contándole otro libro para que no me mande al túnel de la desesperación. Así, y viajando al desierto, es como he logrado cierto equilibrio. Pero lo bueno es que ya estamos aquí. No tendremos los 2 meses completos de estudio peeeero, este momento es el que importa, percibir qué es lo que necesita mi querido Dragón. Mi Dragón egoísta necesitaba espacio, soledad y a Cortazar y a Dunlop, ese cóctel perfecto para espantar demonios.
Yo sabía que hoy tendría algo que celebrar. Ustedes saben que los premios en estos tiempos no significan, pero hay algunos que dan gusto. Como el American Book Award que acaba de ganar Heriberto Yépez junto a Gerom Rothenberg. Da gusto que un escitor mexicano, norteño, de mi generación y que cuya virtud (como aguja en un pajar) es no ser corrupto, obtenga uno de esos papelillos que funcionan en la matrix para que, quien lo recibe, se cargue de una identidad de truinfador un poco más intensa, más profunda... o si no alcanza a sentirse triunfante, por lo menos durante un año de veras creerá que nació para esos momentos en que se siente un escritor al 100% ¡viva!

video

Los demonios estaban de vacaciones e, inocentes como pueden ser los lobos y las ositas, los nuestros llegaron a la conclusión de que habían vencido esa fuerzas del mal.
          Ah, amigo lector, jamás hay que cantar victoria, por lo menos en alta voz (pues los demonios, secreto que tenemos el deber de revelar a ti por tu gran paciencia, son extremadamente vanidosos y no demasiado inteligentes; si no dices en alta voz que los has derrotado, se contentarán con lo que consideran una política eficaz de hostigamiento, justamente cuando sus tácticas han perdido ya toda importancia a tus ojos. Pero si proclamas que han cesado de impresionarte, ten cuidado: esos seres que procuran sobre todo mantener las apariencias, se ofenden y la rabia que los domina los incita con frecuencia a llamar en su auxilio a toda una cohorte de demonios más poderosos que ellos y de los que pueden disponer llegado el caso a pesar de su pequeñez irrisoria). Esa norma habría de evitarnos más tarde, cuando comprendimos bien, muchos contratiempos en el curso de la expedición que aquí nos concierne; no obstante, como el lector inteligente lo habrá adivinado ya, en 1978 no habíamos avanzado mucho en los caminos del conocimientos, pavimentados de demonios, como estaban,

           Julio Cortazar y Carol Dunlop (de Los autonáutas de la cosmopista)
Sí, sé que no soy esa clase de belleza pero qué tal la sistemática selfie por la mañana en la cocina, y mis lentes de Cathy la Oruga. ¡Me encanto!



Uno de mis libros favoritos sobre los favoritos (lo he comprado ya como tres veces ¡me lo roban!): Los Autonáutas de la cosmopista, de Julio Cortazar y Carol Dunlop. Yum-yum




"Le pedí tan poco a la vida y hasta ese poco la vida me negó. Una hebra de sol, el campo, un poco de paz con un poco de pan, que no me pese mucho el saber que existo, y no exigir nada a nadie, ni que nadie exija nada de mí. Todo esto me fue negado como quien niega una limosna no por falta de bondad, sino por no tener que desabrocharse el abrigo para darla."

                                                                                           Fernando Soares

El cumpleaños es uno de nuestros primeros condicionamientos
ata nuestra percepción a una cantidad, a un número, a un juicio.

Ups, algo me está pasando en este país. El otro día toqué a un mesero porque se me olvidó que en este pais no se toca a las otras personas, no tuve ningún problema con el mesero, por su puesto... creo que era chino, y en china son los padres del buen masaje, pero tuve problemas conmigo: me sentí mal por tocar a otra persona. ¡Viva! El condicionamiento funciona. Hay personas que se sienten mal si tienen que responder una llamada telefóncia en medio de una cena, o dentro de un restaurante. Yo opté por dejar mi celular en casa cada vez que salgo, incluso cuando voy al supermecardo. Mi teléfono celular se ha convertido en un teléfono fijo. Antes no nos pasaba nada cuando no teníamos celular, salíamos y regresábamos para preguntar quién nos llamó o, si no había a quién preguntarle, entonces regresábamos a checar la máquina contestadora. ¿Qué nos pasa con las cadenas ahora? Pronto dejo Los Angeles por varios meses, lo que haré es dejar definitivamente esos meses mi teléfono celular en airplane mode, y revisaré los mensajes por la noche. En casa tendré teléfono fijo, que cuesta 10 dólares al mes ¿pueden imaginarlo, mexicanos, una línea de teléfono que cuesta 130 pesos al mes? Oh, no, Slim no nos lo permite: para nosotros los salvajes la comunicación telefónica es un lujo ¿verdad, Carlitos?Así que "mundo" me voy, pero mundo, he vuelto.