He estado recitando algunos Dharanis para quebrarme por dentro. No encuentro otra forma de decirlo en español. No me refiero a rendirme en el camino (o sí). Quebrar todo obstáculo interior que se opone a la fuerza de la mente. No es lo mismo que soltar amarras. Porque uno suelta amarras de forma cálida y suave, ondeando felizmente el pañuelito de la despedida. Me refiero a quebrarme por dentro como cuando un edificio se derrumba. La estructura se cae. Lo que existía no se va, se derrumba, se convierte en otra cosa. Lo que era una ciudad puede volverse una nube de polvo. A ese tipo de derrumbe me refiero. Cuando hago este tipo de procesos no sé qué es lo que se va a quebrar. Canto los Dharanis por 41 días. Entre más días pasan más va tomando forma la caída. Las situaciones comienzan a doler, las ilusiones se vuelven nítidas, el mundo del ensueño comienza a manifestarse como una burla. El orgullo reacciona, pelea, resiste. Hoy me avisaron de Alemania que había recibido una beca para terminar de escribir uno de mis libros que, irónicamente, se titula "Estructura". Pero ya desde ayer mi corazón se estaba derrumbando. Ya desde ayer yo no tenía cabida en la ilusión. En la ilusión de las personas que más quiero. Desde ayer hablaba de proyectos, de cosas que convienen y que no convienen y por dentro escuchaba una voz que decía "no importa" y no sólo sabía que nada de lo que estaba discutiendo importaba: veía que nada de lo que estaba discutiendo importaba. Que en los hilos de lo que se tejía había motivos como "destacar" "tener la razón" "no quedar mal con los demás" "comenzar un proyecto y terminarlo con éxito". Y podía ver claramente cómo todos esos impulsos sí, funcionan, caminan, tienen energía y vida: son reales. Pero las intenciones no. Las intenciones detrás de los motivos eran cascarones cargados de necesidad. Necesidad de hacer las cosas bien, necesidad de ser notado como alguien creativo, necesidad de ser visto como alguien inteligente, necesidad de demostrar que hacemos bien al mundo. Ese tipo de necesidad se llama carencia: un hueco (no un espacio, sino la pura ilusión: el lugar donde la realidad se muere) ¿Cómo puede un proyecto movido por la carencia ayudar a quienes necesitan? fácil: todos los necesitados se entretienen, detenidos en su necesidad decorada con brillantes ideas. Entonces algo comenzó a derrumbarse. Un primer cimiento se cimbró. No es que lo sepa, es que lo veo, lo vivo. Vi cómo aparecía el polvo y el silencio de pequeñas piedras despeñándose se sumergía dentro de otra onda más grande de silencio. Nuestra atmósfera es más densa y más tangible de lo que regularmente percibimos. Ahora es como nadar en ella. Y cuando nado en ella nado en mí, porque mi mente no vive sólo dentro de mi cabeza; vive en cada derrumbe que percibo en los paisajes de la tierra, en cada voz que se transporta para que mi percepción la decodifique y la interprete. Yo estoy ahí, y aquí, y todavía me faltan por cantar otros 14 días.

d.

Amo Los Angeles. No hay otra forma de definirlo. Esta ciudad me atrapó, completamente. Quizá no tanto por su condición de ciudad como por su capacidad para convertirse en un área rural en cualquier momento, en cualquier lugar. En esta ciudad el lugar nunca se apodera del espacio ¿saben a lo que me refiero? Tal vez no, porque sólo sucede en Los Angeles. En Los Angeles es evidente que la fuerza de la naturaleza empuja por encima de la metrópoli. Hoy es domingo, por ejemplo, las campanas de la iglesia italiana llegan hasta mi jardín, junto con el canto de los pájaros. ¿Quién pensaría que vivo a diez minutos del centro? Mis vecinas alimentan a sus plantas, y hablan con los árboles (en chino o en koreano, yo qué sé). El coleccionista de vochos se dedica a consentir a su familia. Todos dicen hola. Un Hola que no es citadino. Es el hola de los expatriados que, por encima de los avatares de la subsistencia se aferran a la paz del domingo. Una de mis vecinas padece de alguna enfermedad mental ¿quién de nosotros no? así que cada mañana pasa por aquí buscándome para decir hola, porque no habla con nadie. O nadie más le habla, yo qué sé. Me maravilla cómo su sonrisa se alza mucho antes de que alcance a saludarme de lejos pero, si yo bajo, si la encuentro de frente deja de conocerme. Se va, hablando en chino dentro del mundo que imagina: la naturaleza de la mente por encima de nuestras buenas intenciones. Los helicópteros sobrevolándola a las 2 de la mañana, siempre. Y Diva que con su pata rompió una de mis suculentas preferidas por perseguir a un gato. La naturaleza de los animales por encima de la ternura de las plantas. Festejo cada temblorcito cada movimiento que asusta a muchos por aquí: la naturaleza de la tierra por encima del concreto que, nos da por pensar, funcionaría de algo, para alguien.
Oh, mi símbolo sexual pasó entre 1966 y 1967:
Jazz, comida italiana y amor pueden hacer la noche perfecta para mí (flores: la noche inolvidable). Esta noche fue así, de no ser porque comencé a notar que yo era feliz, mientras mis seres queridos difícilmente se veían a los ojos. Pedí un café con licor para cerrar la cena y decidí brindar: qué bien me siento, me siento feliz. Qué maravillosa es la felicidad ¿no es cierto? Todos me dieron un largo: siiiiiiii. Les platiqué mi idea de hacer una sesión de fotografía desnuda, para la portada de uno de mis libros. Antes de que "todo comience a ver al sur" les dije; algunos de ellos rieron. Uno es fotógrafo, así que le pregunté si él podía tomar las fotografía: por supuesto que no, busca a alguien más para ese privilegio. Bueno, de cierto modo yo conocía la respuesta desde que hice la pregunta, pero insistí: vestiré un kimono abierto, y estaré desnuda leyendo un libro en mi mesa de jardín. ¡mmmmmh! exclamó, pero no cuentes conmigo. Nos reímos, me da gusto ser yo, intentar ser yo, intentar ser libre. Me ha resultado tan difícil volver a ser libre. No podía explicarles la liberación que significa para mí la desnudez, cuánto amo y disfruto mi cuerpo -tal cual-, cómo lo percibo como si se tratara de una flor, y esas cosas en las que he meditado desde hace mucho tiempo. Terminamos de cenar y mis seres queridos comenzaron a discutir, de otras cosas, de sus inconformidades, de sus desacuerdos, de la mujer que pasaba y la ropa que vestía. Alguien mostraba una especie de agua oscura en su interior, no tengo otra manera de definirlo: una especie de agua oscura que cargaba filos, filos ocultos. Dos segundos atrás yo me sentía bien, satisfecha, y bastó ver el sufrimiento de esa persona para sentir mi corazón roto. Tengo el corazón roto mientras escribo esto. Mi corazón se ha roto otra vez.  ¿Por qué no se sentía satisfecha? ¿por qué no siente gratitud? Acabábamos de estar escuchando una música maravillosa, los meseros cantaban ópera, el postre y el café estuvieron deliciosos ¿Por qué pareciera que nada es suficiente? y ¿por qué yo necesito su felicidad? ¿Quién creo que soy, que pienso que mi presencia dará felicidad a otra persona? Cuánta arrogancia es la que ejerzo mientras soy feliz. Una persona que guarda agua oscura en las esquinas de su corazón, una persona que habla desde ahí utilizando filos. Vi esa agua oscura porque soy agua oscura y filo. Yo misma me dedico, una y otra vez, a romper mi propio corazón. 

d.


HAPPY!




Bueno, casi se acaba marzo y parece que mi idea de sembrar un jardín, comenzar un huerto, enamorarme (ja, mi idea de enamorarme) y estudiar ha logrado contrarrestar la asociación que cada marzo hacía yo con la muerte. Desde hace catorce años parecía que en mi vida, marzo, era la esquina donde la muerte y yo nos citábamos para platicar, para celebrar los cumpleaños de mis hermanas mayores y hacer un recuento de todo lo que me había salido mal en la vida. Este marzo no tuve tiempo para eso. Debe ser el amor, o que Diva y yo estamos envejeciendo y necesitamos utilizar el tiempo en disfrutar cada pequeña satisfacción; o quizá debe ser que la muerte por fin se me salió del cuerpo, después de catorce años. Quizá eso. Nunca sé a ciencia cierta qué es lo que sucede, pero lo intuyo. Hace meses le pregunté a mi Gurú "¿Qué hiciste?" ---"Amor" me respondió. Pero claro, eso era lo que un Gurú respondería ¿cierto? No iba a sacar la lista de conjuros, rezos, batallas contra la oscuridad, daranis, mantras, que ha hecho por todos nosotros durante todo este tiempo. Nos estábamos divirtiendo. He estado tan satisfecha todos estos meses que tenía miedo que marzo llegara y lo nublara todo, sólo para demostrarme que las cosas no cambian. Tenía miedo de que un sólo día de marzo bastara para derrumbar todo lo que he(mos) construido estos años. Pero no. Marzo cada día se pone mejor. Ayer decidí ir a una lectura. No voy a lecturas, mas que a mis propias lecturas, pero esta lectura fue de CA Conrad. Todos mis amigos me han hablado alguna vez de CA Conrad: es mágico, es increíble, te encantaría, deberían conocerse... etc.etc.  A dos cuadras de mi casa está el Poetic Research Boreau, manejado también por tres poetas que han iniciado discusiones públicas muy interesantes acerca de la poesía conceptual. Cuando leí una entrevista que les hicieron hace unas semanas me dio gusto que esos chicos estuvieran en mi barrio. Anyway jamás había estado en una lectura de CA Conrad, así que tenía mis sospechas pero, al lugar comenzó a llegar la comunidad de poetas que he visto y re-visto durante más de diez años cada vez que visitaba Los Angeles. Repentinamente me di cuenta que resultaban rostros conocidos no sólo por los rostros sino por el talento que suelen demostrar y, junto con el talento, el compromiso social y político. Pues ahí estaban todos, faltaron quizás Ken, Sesshu (pero Sesshu no es una visita común en esas reuniones). Me dio un gusto enorme ver a Harold. Todo rodó fantásticamente y CA Conrad comenzó a leer algo como: --"Disculpe ¿Conoce usted a esta persona? (y mostraba una foto de sí mismo). Algunas personas me respondían que creían que era yo.". El sentido del humor en la literatura muy contadas veces se logra con fortuna, por eso, en ocasiones, me parece que muchos poetas "americanos" están haciendo stand up comedy. Este no fue el caso. ¿Cómo enfrentar la constante vigilancia a la que nos someten los sistemas globales? ¿Cono encarar el hecho de vivir, o haber nacido, en el país responsable de muchos sistemas creados para controlar y manipular a la población mundial? ¿Como encarar el hecho de vivir en uno de los países más avaros del mundo? Bueno, CA Conrad sabe cómo hacerlo, y hacernos reír con esa amargura encima. Pero no, con esa dulzura, la dulzura de ser consciente del mundo en el que estamos, de estar completamente presente. Hay una parte de su lectura que aún no me saco de la cabeza, acerca de las cámaras de vigilancia (creo que leía esto mientras la tierra agitaba la cola como si fuera un perro, logrando un sismo de 5 punto y algo que a algunos de nosotros nos causó un pequeño mareo... oh, LA -no sé en sus ciudades pero aquí, la tierra está tan viva que se mueve). Decía que se colocó frente una cámara de vigilancia y comenzó a introducir su lengua en una flor, metía y sacaba la lengua, metía y sacaba la lengua; hasta que un policía llegó y le reclamó ¿Qué hace? ¿Qué está usted haciendo? ---¡Soy un polinizador! ¡Soy un polinizador! En ese momento fui feliz. La flor estalló en mi mente. ¿Ven cómo mi felicidad es algo simple? Basta un poco de arte, de amor despojado de egocentrismo y necesidad de ser notado como una figura del espectáculo. 

d.
Exvoto creado por José Antonio Castillo Riaño
post dedicado a mi querido amigo 
Hugo García Manríquez

Hace tres días, mientras arreglaba el jardín y trasplantaba algunas macetas pensé "qué bien quedaría aquí una mesa de patio". Hoy regresé de la escuela a las diez de la mañana y la mesa estaba ahí. Sí, como lo oyen, ahí, en mi patio estaba la mesa de vidrio grueso y hierro forjado. Un poco sucia, cubierta de tierra, vieja, pero estaba ahí. Justo como la había imaginado. Sara, mi amiga y casera, decidió deshacerse de ella y, por razones que desconozco, mandó a alguien para que la dejara en mi casa "que la puedes usar, si quieres, dice Sara". Me dio tanta alegría que inmediatamente comencé a lavarla y pedí ayuda para colocarla justo donde imaginé. Wow, es una mesa grande, espaciosa, como para trabajar al aire libre, mientras las uvas crecen y mi ciruelo y yo continuamos enamorándonos. A eso yo le llamo poder creativo. La capacidad de imaginar, y que lo imaginado se manifieste, se vuelva tangible. También le he estado dando vueltas a la definición de "experiencia"  ¿la experiencia siempre pasa por el cuerpo? ¿la experiencia recorre el cuerpo? ¿cómo hago para transmitir la experiencia del poder creativo? En fin. La creatividad no consiste en pegar sopitas a una hoja de papel ¿o sí? ¿quién puede definirlo? ¿Hace falta definirlo? Bueno, yo creo que la experiencia debe pasar por nuestro cuerpo antes de poder comunicarla, es decir: si no ha estado en nuestro cuerpo, no es experiencia. Y si por nuestro cuerpo no ha pasado la fuerza, el poder que la imaginación impulsa al grado de manifestar lo que imagina, no hemos creado un carajo: hemos puesto en práctica la reproducción, la representación. Me refiero a estos dos "conceptos" porque mi vida se sostiene en la creatividad, mi mundo es el mundo creativo; muchas veces siento que vivo en la pintura que está impresa en algún kimono. Últimamente mi relidad es tan bella que tengo problemas para identificarla, siento que no es verdad. Los colores de mi mundo son maravillosos, el color de mi piel, la mesa roja en el comedor, el porche que da a un pequeño jardín que yo he sembrado, los colibríes en mi ventana. Mi cama, la luz que entra en mi recámara, los mensajes de mis amigos. Mis amigos ¡mis amigos son tan hermosos! parecen ángeles. En fin. Ahí vivo. Es el lugar que he creado en medio de una de las ciudades más pobladas del mundo. En la casa en que vivo ¡hay un viñedo!, un huerto comunitario que una Shamana visita y bendice cada semana. Dentro de este paisaje bucólico y esta alegría primaveral pienso en las técnicas que debo desarrollar para que las personas comprendan esta manera de percepción; así fue como acabé intentando definir lo que es una experiencia. No deberíamos esperar a que una experiencia nos sacuda, deberíamos andar por el mundo con el cuerpo abierto a la experiencia. No deberíamos esperar a que un amante nos conduzca hacia la satisfacción, deberíamos andar por el mundo satisfechos porque distinguimos todo lo que la luz alumbra, incluso caminando de noche entre la naturaleza. No se ustedes, pero yo, la satisfacción la siento en el estómago; cuando me siento profundamente satisfecha me levanto, me estiro, froto mi panza y exclamo: aaaaah. Tal vez por eso existe la superstición de que a Buddha hay que sobarle la panza para que nos conceda lo que queremos. Tal vez la clave para crear un mundo sea la satisfacción (no me refiero con esto a verlo todo color de rosa, despojados de una percepción crítica ¿eh?). Pero bueno, este no es un blog de superación personal; digo todo esto porque ayer por la tarde platiqué con uno de mis amigos acerca de las comunidades literarias en este país y nos quejábamos profundamente "hablan de comunidad y nunca me saludan cuando aparezco". Conozco ese mundo, no pertenezco a ese mundo. Mi mundo es ese donde los amigos son ángeles. Para esa comunidad, sus ángeles son de un sólo color y de una sola posición (la "alternativa-vanguardista-suprema-blanca-con clase pero-de izquierda". Y lo entiendo. Yo no reconocería a ninguno de ellos si los encuentro por la calle, así como ellos, al ir al supermercado, podrían pensar que desde el guardia de seguridad, hasta el que acomoda las verduras soy yo. Nunca seremos parte de su comunidad, siempre seremos los escritores extranjeros (¡pero qué importa! ¿acaso no tenemos suficiente comunidad con nosotros mismos?). También conozco el otro mundo, el de los autores "de color". Cada vez que oigo el término "autores de color" pienso "¿Que los demás son descoloridos?" Es cierto que varias veces he pensado que a algún músico blanco le hace falta color para poder hacer buen jazz pero, de ahí a definirme como "autor de color" tomo mucha distancia. Pues hace unas semanas salí a brunchear con uno de esos autores de color, un autor griego, que me decía "tengo una carrera como poeta" lo decía con una sonrisa casi mística y un acento extranjero perfectamente acompasado. La satisfacción de mi mundo se interrumpió cuando lo escuché, mi paisaje bucólico se derrumbó, tuve que detener el viaje de mi tenedor hacia el delicatessen judío. De ahí en adelante todo fue "no dan espacio suficientes a escritores de color". No niego esas latitudes (las de "color" y la de "no-colour"), estoy en ellas, paso por ellas, pero no me esfuerzo por pertenecer a ellas. Hay demasiados artistas en mi vida. Me encanta el mundo del canto de los pájaros, las campanas vecinas de la iglesia italiana; mis amigos sí, son artistas, pero no lo parecen, parecen más monjes contemporáneos inventando la cocina "neopobre", trabajando para "la comunidad". No la comunidad del YO, sino la comunidad; la comunidad global: los niños, los espectadores, otros artistas, otras percepciones, los vecinos, los sobrevivientes de diferentes guerras, de diferentes lenguajes. Quizá, mis amigos y yo, no vivimos en una misma parcela, no compartimos nuestros huertos de vegetales, estamos muy lejos, en ocasiones, los unos de los otros pero ¡damn! tenemos la fuerza, la fuerza de manifestar lo que imaginamos en medio de una estructura estéril que avanza mundialmente. Nuestro mundo es opuesto a lo estéril porque, por lo menos, si nos interesa existir en este mundo fantástico, debemos estar (para empezar) muy-muy abiertamente vivos.

d.
yo nada más quise una vez ;)




Van a florecer sin tu consentimiento
los lirios en la luz

Va a brotar a tu pesar
una fuente encima de los cuerpos

                                       claro
                                       oficialmente no

d.
Adaptarse a los otros porque:




Digo con miedo que me siento bien, que soy feliz. Digo con miedo, porque es extraña esa sensación que nace después de haber tenido la experiencia de la mano del odio persiguiéndome desde lugares indeterminados y pienso ¿y si se enojan porque soy feliz? ¿quiénes? Pues yo qué sé. Por eso pocas veces expreso abiertamente mi felicidad, pero de que lo soy lo soy. Más que nunca. Josu Landa me lo dijo varias veces hace algunos años, y me lo repite de vez en cuando todavía "te hicieron un favor". Tener experiencias extremas, conocer la orilla entre la vida y la muerte es una peculiaridad que ha cambiado mi percepción entera del mundo. Vivía reducida a mi amor por una zona geográfica que, abrazándome con toda su violencia, me impedía alcanzar las otras tres esquinas, los otros puntos cardinales, otras formas de tierra, otros cielos. Era como tener un cuerpo entero y sólo conocer la cabeza. Hace muchos años, quizá catorce años, mientras tomaba un trago en un restaurante panorámico en lo más alto de un edificio del centro de Los Angeles (con Ken Erlich y Jen Hofer), Ken me preguntó ¿Y qué te parece el vientre de la bestia? refiriéndose a la ciudad, y respondí "No sé, como yo siempre he vivido en el culo" haciendo alusión al libro de Antonio Lobo Antunes. Y es así. No se trata de haber llegado a un país específico, se trata de un shock. El shock que sólo se experimenta con el exilio. El exilio "de a veras" como diría Jen. Podría estar en otra parte del mundo menos controversial ¿cuál les gusta? ¿Uruguay? a mí también me gustaría, viviría una historia idílica, tal vez, pero la percepción a la que he entrado sería inevitable. No es la muerte, es la fuerza de la vida que se activa en los momentos de la muerte: un torrente de vida traspasando el sistema nervioso, un torrente gigante de vida, el necesario para actuar observando con todos los poros y para transportarme a través de las dimensiones en las que viven los dragones, los seres míticos; lo que llaman "volverse humo" pues. La vida se salva, pero uno tiene que pasar por el infierno, darse cuenta que el infierno es sólo el interior de un dios; y hasta que el dios abra la boca nosotros regresaremos a la tierra. El mundo no puede ser el mismo. Lo que llamamos "el mismo" es algo extraño, como una piedra ardiendo, que se quedó allá atrás, repleta de cosas, amantes, colecciones, amigos y enemigos. El mundo ha dejado de pertenecernos, y podemos ver cómo millones levantan el sufrimiento queriendo poseer; poseer una parte de esa piedra quemada y estéril, cualquier parte. Hambrientos se llenan las manos con ceniza; yo sueño con kimonos, literalmente, y sueño que mis amantes son magos y homeless de ojos amarillos y demonios y dioses (siempre me han gustado tanto los muchachos) tal vez eso es lo que me une a la ceniza de lo que queda en esa piedra: el hambre, el deseo.

d.
¿Esto es Boy George o alguna chica de Silver Lake?



Amo Los Angeles. Creo que les había dicho. Reúne todos los requisitos para que le entregue mi corazón: nuestra relación es contradictoria, es decir: la amo tanto como la odio, tiene la capacidad para volverme loca. El exceso de estímulos de todas clases es apabullante, y tal como sucede con todo lo que amo: debo huir de ella en algún momento del año. Pero no son sólo esas características de lo que identifico a través de mis experiencias pasadas con el amor lo que me hace amarla, sino también lo que va revelando progresivamente. Los Angeles puede ser un espacio al que, si nos asomamos con una percepción aguda, podemos entrar para observar lo que sucede con el mundo entero. (El interior de mi maltrecha caja mental podría servir para el mismo propósito, pienso yo). Un aceleramiento devastador, una velocidad de fuego. No me refiero únicamente a los mecanismos de la naturaleza. Pareciera que "algo" en el mundo está sucediendo de forma muy veloz, que "algo" en el mundo va corriendo hacia alguna parte. Como ser tripulante de un auto en el que, sin saber por qué, nos transportamos a exceso de velocidad ¿Han tenido esa sensación? Cuando uno es copiloto y alguien más maneja un auto a exceso de velocidad se manifiesta una sensación de incertidumbre, pero una incertidumbre que anuncia a la distancia que algo saldrá muy mal. No es que piense/crea/perciba/sienta que algo saldrá muy mal (yo me siento feliz, por si les interesaba saberlo), sino que en esta ciudad la incertidumbre es latente. Es obvio que todo ya se mueve de manera más rápida que de costumbre, y eso me provoca la sensación inevitable de que he llegado tarde a algo. Ayer salí a comer pay con nieve a la cafetería de siempre, en el barrio de siempre pero cuando entré a la cafetería todo era distinto. Por un momento creí que me había equivocado de lugar hasta que se acercó el mesero mexicano de siempre. Pero los sillones ya no eran los mismos, de un "dainer" tan viejo. Los sillones ahora tenían el respaldo alto y existía el toque de una iluminación predeterminada en todo el lugar (alguien tenía la intención de "crear" un ambiente); irremediablemente tuve que buscarle la cara a los demás, a los clientes: una chica con look de Boy George, sombreritos hipster en todos lados, la cafetería llena, chicos con perforaciones expansivas, todos mucho más jóvenes que de costumbre ¿estarán filmando una película? pensé. El pay de cereza era exactamente el mismo, el helado de vainilla sobre el pay de cereza era exactamente el mismo, pero algo pasaba también con la acústica del lugar, las voces de todos, desde cada esquina, rebotaban en nuestra mesa (digo nuestra mesa, porque estaba con Ben) ¿Qué está pasando con el mundo? le pregunté a Ben. ¿Qué va a pasar con el mundo? Todo está cambiando muy rápido. "Yo sé que va a pasar con el mundo: todo se va a quemar" me dijo. Este no es un post infeliz, ni deshauciado. Yo también creo que todo se va a quemar. Yo también creo que todo se va a inundar. Yo también creo que todo va ser derribado por el viento. Yo también creo que todo va florecer.  Repentinamente en esa cafetería me sentí, no precisamente fuera de lugar pero, como si hubiera entrado a un programa de televisión, como si estuviéramos en medio de una serie televisiva. A veces siento que no percibo la realidad, le comenté a Ben "¿Cuál realidad? ¿Esta? ¿Para qué?" preguntó.

d.
Giorgio Agamben (mi nuevo amigo) nació en Roma en 1941.


"Sin embargo hoy sabemos que para efectuar la destrucción de la experiencia no se necesita en absoluto de una catástrofe y que para ello basta perfectamente con la pacífica existencia cotidiana de una gran ciudad. Pues la jornada del hombre contemporáneo ya casi no contiene nada que todavía pueda traducirse a experiencia: ni la lectura del diario, tan rica en noticias que lo contemplan desde la insalvable lejanía, ni los minutos pasados al volante de un auto en un embotellamiento; tampoco el viaje a los infiernos en los trenes del subterráneo, ni la manifestación que de improvisto bloquea la calle, ni la niebla de los gases lacrimógenos que se disipa lentamente entre los edificios del centro, ni siquiera los breves disparos de un revólver retumbando en alguna parte, ni los momentos eternos de muda promiscuidad con desconocidos en el ascensor o en el omnibús. El hombre moderno vuelve a la noche a su casa extenuado por un fárrago de acontecimientos ---divertidos o tediosos, insólitos o comunes, atroces o placenteros--- sin que ninguno de ellos se haya convertido en experiencia."

Giorgio Agamben
"Infancia e historia"




Estoy diseñando talleres nuevos para un proyecto colaborativo con varios amigos. Han surgido varios temas que me han puesto a pensar, el punto inicial de estos talleres fue el "estado de ser creativo". Mientras ahondamos en las definiciones de creatividad más cercanas o afines a nuestro proyecto, surgieron otros aspectos: la portabilidad, el no estar quietos, no poseer un territorio o enmarcarnos en un sitio geográfico definido, entonces alguien mencionó el "Tratado de nomadología". Continuamos con la decisión de crear un taller que más que transmitir información, provocara una experiencia. La experiencia de ser creativo. Entonces comenzamos a reflexionar sobre la experiencia. Yo recordé una frase que le he escuchado a mi Gurú: "La verdad no es una información, es una experiencia". Y sí, vivimos en un mundo que nos fabrica las experiencias. Nos bombardea de experiencias. Los medios de comunicación nos fabrican la experiencia del amor, del buen comportamiento, de la familia, de las diferentes formas de fe o de fervor. Nos fabrican la experiencia de lo que es sensual y atractivo sexualmente. Alguien más construye para nosotros las formas de la homosexualidad o la bisexualidad. La manera en que piensa y actúa un drogadicto. Lo que es fidelidad y lo que es infidelidad. Nos entregan las experiencias fabricadas, las celebran, les entregan premios a las fabricaciones más ejemplares y después nosotros sólo tenemos que limitarnos a vivir reproduciendo esas experiencias. La moda es el ejemplo menos complejo. La industria lanza las blusas de una sola manga y ahí vamos todos por la calle, mostrando uno de nuestros hombros. De la misma forma aprendemos a rezar para obtener milagros, a estudiar para escalar en los sistemas económicos, sin pensar siquiera en nuestra vocación. Sin preguntarnos mucho ¿qué me gusta tocar? ¿en qué me gusta pensar? ¿cómo prefiero los espacios? ¿qué tan vulnerable soy ante los estímulos que me rodean (sonoros, visuales, atmosféricos)? No se trata de algo sencillo como cualquier convencionalismo. Es la información diaria que nos dice quiénes y cómo debemos ser, y qué experiencias debemos buscar a través de nuestra vida para sentirnos satisfechos ¿y por qué a la mitad de la vida, la mayoría de nosotros nos sentimos insatisfechos, detenidos en medio del camino con la lista cumplida de todo lo que debíamos hacer para ser felices, de acuerdo a la información que nos han entregado? Nos faltó crear. La imaginación es tan natural como la respiración pero, el exceso de información inductiva conduce a la imaginación hacia otra parte: a los fines de semana, al orden que pondremos en esos dos días para hacer todo lo que queremos hacer; a las vacaciones de verano; a la redacción de informes que hay que entregar a nuestro jefe; a la fiesta anual del trabajo; a la marca de zapatos que usaremos en el momento más importante de la vida. ¡Nuestro gozo se limita a una marca de zapatos producidos en serie! Así, nuestras experiencias no las creamos nosotros. Por intentar reproducir las experiencias tal y como las recibimos del exterior destruimos nuestra experiencia propia, limitamos nuestra imaginación. La imaginación y la creatividad son una fuerza, un poder ¿no lo habían notado? No quiero despeinarme como se despeinan en las revistas o en las salas de arte, no quiero vestir el pantalón verde y la blusa azul. Quiero ser ordinaria, lograrlo, y desde ahí vivir por dentro todas las experiencias que se me antoje crear en esta vida (la verdad sólo me gustaría vestir kimonos, pero -mientras no aprenda a hacerlos- son un lujo). Quiero bailar, pintar, cantar, fotografiar, amar, sembrar un jardín de la forma en que yo sea capaz de imaginarlo. Quiero que la experiencia pase por mí, por mi mente, por mi cuerpo ¡¿Y qué?!  Y que hagamos un taller, un taller con todo eso: un cielo portátil. Sin apropiarnos del espacio, sino experimentado el espacio. De ningún lugar y de todos los lugares. En un libro, la sala de una casa, el parque, un puente, un avión o un museo. Con todos nuestros derechos reservados, conservados, intactos. 




Estoy en Houston. Nunca imaginé Houston. Tal vez porque de por sí Texas es un Estado borrado de nuestro mapa mental, o recordado por la cantidad de estupideces racistas que los blancos echan a andar en el mundo debido a su ignorancia (y su rencor). Houston es maravilloso. Plano, con el cielo limpio todavía, cuajado de humedad y de vegetación. Amo estos paisajes, enormes naves de fábricas antiguas abandonadas. Casas de madera pequeñitas. Y la sensación de que el agua está en todas partes, fusionándose con todas las cosas. Lo mejor de llegar a Houston ha sido estar rodeada de artistas. Sí, como lo oyen, que me ha encantado estar rodeada de artistas. Pero artistas con almas muy distintas a las que he visto en las metrópolis intelectuales de este país, o en mis propios y amados Angeles (la vida californiana a veces es tan pretenciosa, tan agitada). En Houston hay cierta serenidad, cierta calma. La calma de algún silencio vegetal, pienso yo. Un espíritu grande. Me gusta Houston. Ahora mismo espero que mi ropa termine de dar vueltas en la secadora y no puedo dejar de ser consciente de ese gris horizontal infinito. (En esta casa viven un perro chihuahua y un gato que lo aporrea descaradamente frente a mis ojos. No es mi casa mental.) Pero es que en Houston viví, una noche fantástica. Después de estar en el encuentro de Antena, me invitaron a bailar en un bosque. Un rave en un bosque donde todo es clandestino, me dijeron. Y yo dije que sí "si ustedes van yo voy" les dije. Y fuimos a buscar el bosque entre las fábricas antiguas, entre el concreto y las vías del tren: ahí estaba... quizá diez árboles, altos, de hojas escasas, una DJ. Fogata donde los jovencitos hacían quesadillas vegetarianas. No sé qué tenía ese bosque que yo estuve ahí como hipnotizada, como desbordada de amor. Pensé que veía esferas de luces de colores y sí, tenían luces de colores y algunos muchachos danzaban haciendo malabares con fuego. Junto a mi estaba sentado Benvenuto, un artista. Jalando la rama de un árbol para usarla de micrófono y cantar con ella estaba JP, otro artista; dando vueltas por el pasto bailando había otro artista más, Jorge. Platicando de cosas de mujeres estaba conmigo otra artista, Stalina. Todos maravillosos, como salidos de un cuento de hadas ¡¿qué pusieron en mi bebida?! comencé a preguntar. Toqué las manos de uno de los artistas y supe que era santo. Creo que me pusieron un ácido, les dije. ¡Ah, cuántas ganas tenía de besar (me acordé mucho de ti)! Efraín se rió de mí todo el camino de regreso a casa, yo no quería bajarme del carro, pero bajé riéndome a carcajadas. Feliz.
"Hualmaa" o "Gualmaa" supe después que se decía corazón en Sutijil. No recuerdo cómo se dice "dolor". Pero me dolió el corazón por dos segundos. Sólo por dos segundos. Ese dolor que anuncia que seguimos vivos. En fin, supongo que mi ropa está seca y aquí, ya he descansado suficiente.  


Hasta ayer, había estado pensando muchísimo en los "condicionamientos". No sólo en la manera en que somos condicionados por nuestra familia o por la sociedad cuando vamos creciendo (nuestra familia tiene que arreglárselas para educarnos de alguna manera ¿cierto?), sino en las técnicas para condicionar a grupos enteros que han sido estudiadas por personas muy inteligentes, personas que dan varios pasos antes de nosotros en cuanto a experiencias en la vida. Porque la mente es una maravilla: puede construir ante nuestros ojos las realidades más aterradoras y derrumbarlas con un soplido; y también puede sumergirnos en sueños hipnóticos sin que nos demos cuenta que llevamos años corriendo tras una vulgar e inalcanzable zanahoria. Comencé entonces a enojarme con las personas que manejan el condicionamiento como una manera de enseñanza pero ¿acaso toda enseñanza es un condicionamiento? Tal vez sí. Tal vez hoy no estoy percibiendo de forma errónea. Es difícil permanecer despierto y consciente cuando decidimos aprender en esta vida. Así como es difícil que seamos plenamente conscientes de la fuente de la que decidimos aprender. ¿Cómo serlo? ¿Cómo saber identificar la fuente de la que queremos aprender? Me refiero a una fuente viva de sabiduría: un maestro. Es delicado, porque en esa fuente nos sumergimos con entera confianza y, a veces, con amor, completamente vulnerables a los condicionamientos de una sabiduría superior a la nuestra. Uno de mis maestros diría que estoy hablando desde el egocentrismo, ese maestro me ha entrenado para detectar el egocentrismo cada vez que se manifiesta, también me ha entrenado para detectar cuando tengo una "reacción" frente a cualquier evento en la vida; gracias a él puedo detectar mi reacción antes de que se manifieste en el exterior. Pienso que no todos los condicionamientos son negativos, ni todas las reacciones (reaccionar es parte de nuestra naturaleza pero, para detectar el impulso que activa una reacción es necesario que nuestra mente esté alerta ante el bosquejo de su aparición, la reacción ya no es alguien a quien no ves llegar, sabes cuándo está preparando las maletas, cómo organiza sus disfraces y cuándo se lanza al camino para visitarte). Aclaro entonces que no es un punto de vista el que trato defender aquí, intento echar luz a ese estado interrogativo en el que he permanecido estos últimos días. En ocasiones, cuando un maestro intenta enseñarnos a observar el infierno sin reaccionar, no somos conscientes que nuestra resistencia a reaccionar es la misma que da vida al infierno. El maestro nos genera el infierno para que podamos distinguir y tengamos un reto. El infierno no siempre está en nuestra mente, generado por un trauma, una fobia o una obsesión; el infierno puede ser construido desde afuera, por un maestro que conozca muy bien el paraíso del condicionamiento y los beneficios de vincular nuestra resistencia a cambiar, con un ligero coctel de nuestros miedos (auspiciado por el permiso que nuestro deseo de aprender le otorga). Y sí: todo está dentro de nosotros, todo nace en nosotros pero, no siempre, todo se levanta desde nosotros mismos. Para añadir un apunte más a la libreta (o a la base de datos) de mis maestros, debo decir que es esa consciencia la que me aterroriza: cómo influimos en los demás.
En algún momento cualquiera de nosotros se verá en la necesidad de educar a alguien más: un hijo, un estudiante, alguien que nos sigue y por alguna razón decide que tiene algo que aprender de nosotros, la persona con la que sostuvimos una conversación casual en la calle (¿alguien sostiene conversaciones casuales en la calle en estos días? de repente me siento muy old school). Creo en la unidad, soy budista, entonces todo el tiempo. todos nosotros, siempre hemos sido (y somos) a la misma vez, estudiantes y maestros, en cada cosa que hacemos en la vida. No podemos seguir pensando que somos una fracción, que vivimos -literalmente- una vida de cuadros. Siempre influimos en la vida de alguien más. Tenemos una responsabilidad dentro del engranaje, de manera muy inconsciente y despreocupada -en ocasiones-. Ahora me ubico en los zapatos de un maestro, con estudiantes como yo. ¡La maquinaria es infinita!
Las contadas personas que yo he elegido como maestros son conscientes, despiertos (dos de ellos son magos) y tienen la seguridad y la fuerza ---¿cómo?--- para decir "sí, hago la diferencia" o "sí, creo en quien todo mundo ya da por perdido". ¿Qué les da esa convicción?
En nuestra mente vive la libertad. ¡La libertad!: un asunto delicado dejarla así, vulnerable, en manos de un maestro que podría resultar tan irresponsable e inconsciente como nosotros mismos ¿no creen?

d.


Hablando de fama, KarunApsa. Este muro en Los Angeles, fotografiado por Román Luján e intervenido por mi Paint. Mira.

d.

I have the wisdom of one condemned to die, 

I possess nothing so nothing can possess me
and have written my will in my own blood:
'O inhabitants of my song: trust in water'
and I sleep pierced and crowned by my tomorrow…
I dreamed the earth's heart is greater
than its map,
more clear than its mirrors
and my gallows.
I was lost in a white cloud that carried me up high
as if I were a hoopoe
and the wind itself my wings.
At dawn, the call of the night guard
woke me from my dream, from my language:
You will live another death,
so revise your last will,
the hour of execution is postponed again.
I asked: Until when?
He said: Wait till you have died some more.
I said: I possess nothing so nothing can possess me
and have written my will in my own blood:
'O inhabitants of my song: trust in water.'

Mahmoud Darwish

Un amigo menos. Zaratustra Vázquez muerto
hoy, a sus 39 años. Poeta y miembro del colectivo Sonido Changorama.
Fue encontrado
en su departamento axfixiado con gas.
Que nos lleve el gas, Zaratustra.

Uno de mis poetas favoritos.

d.
Oooops: autoría en construcción.

d.

"Quien esté libre de pecado que lance la primera beca..."
Rodrigo Flores Sánchez

Percibo, en ocasiones, una separación infinita que me provoca un sufrimiento terrible. ¿Pero puede alguien contradecirse de la forma que lo hago yo, hoy? ¿Puede un escritor dejar de ser su propio personaje? Pues escribí con rabia, con dolor, escribí gritando. Y escribir así no vale para ser honestos. Me he sentido yo misma tan hipócrita tantas veces. Detesto cuando veo surgir de mí un acto hipócrita para que me quieran. Y juzgar a partir de ese odio no vale para ser honestos. Y culpar desde la impotencia no funciona para los niveles de exigencias que a veces pregono. Yo lo grito y los culpo y yo misma me siento acorralada y sin alternativa tantas veces. Quiero el corredor de fondo pero no es porque sea diferente a los que están corriendo. Es un anhelo. Un anhelo que no justifica que intente separarme de lo mismo que critico. De hecho ¿puede alguien en estos tiempos separarse de la responsabilidad de que exista la guerra? Pido disculpas, porque tengo amigos completamente honestos recibiendo dinero del Estado y luchando por una alternativa, y los ofendí con un impulso. Pido disculpas porque la violencia no vale para ser honestos en ningún contexto y yo escribí violentamente exigiendo honestidad. Ninguno de mis amigos (que reciben dinero del Estado o no) merece venir a esta página y sentir un golpe sólo porque yo tengo ganas de expresar una herida.

d.
así como lo oyen
d.


Los amigos que me quedan, cantan aaaasíiiii
"yo estoy cantando esta canción que alguna vez fue hambre"
¿bailamos?

Ah, el fulgor del escritor español José Ángel Valente. Nunca lo había oído pensar. Cito mis frases preferidas de esta entrevista, y las transporto a la realidad actual para el deleite de los que corren juntos: 

"una gran mayoría de ellos (los poetas) están pendientes de los resortes del poder, porque todos esperan que los recompensen, porque todos esperan que los hagan académicos y uno no es poeta para que lo hagan académico ¿usted sabe lo que dijo Juan Ramón Jiménez de eso: meter a un poeta a la academia es como meter a un árbol al ministerio de agricultura".

"el poeta no tiene identidad, porque mientras su yo y sus supuestos sentimientos ocupen su yo, él no da paso al universo",

"en la generación todos están alineados en la línea de salida, como los corredores, esperando el pistoletazo, agachados, entonces cuando suena el pistoletazo empieza la carrera... unos se van quedando atrás... a mí lo que me interesa es la carrera solitaria, del corredor de fondo: correr solo, en el momento que uno se despega, el grupo se queda ahí para sostén de mediocres, porque cuando usted no tiene dónde apoyarse pues lo sostienen, pero esa no es la aventura que a mí me interesa".

d.














Así que ¡Feliz Navidad! 
(a este cielito de Molhem Barakat, póngale la música que quieran)

d.


Del saloncito llegaban los ecos de la partida de bridge. La seca y huesuda funcionaria interrumpía el juego con acres observaciones sobre la incongruencia de entregarse a tales pasatiempos, cuando quizá en ese mismo instante, algún enfermo incurable estaría en trance de agonía, en medio de horribles padecimientos y así por el estilo...

Witold Gombrowicz
Los Hechizados

nacimos sin saber hablar pero vamos a morir diciendo
                                                   4,.ANARCHY




                                   Anarchy is refresented in the figure of a
                                   woman whose entire posture, body, eyes
                                   mouth announce fury. Her eyes are blind-
                                   folded, her eyelids tremble. Her hands are
                                   wet, her tufted hair tousled and her cloth-
                                   ing torn. She tramples over the book of
                                   the law and a bundle of sticks. She bran-
                                   dishes a knife and in the other hand a lit
                                   torch. On the ground at her sides lie a
                                   cracked acepter, a broken yoke, a prayer
                                   rug, a pearl necklace, a silk scarf and foam.
                                   Around her there is clotted blood, motor
                                   parts, nails, screws and puddles of urine.

                            Or again in the figure of a serpent that vomits and
                                                              slobbers


De Tarnac, a preparation act,  de Jean-Marie Gleize
trad. de Joshua Clover y Bonnie Roy
Chicago, Kenning Editions, 2014.




"Demasiado pequeñez en nuestro natural egoísmo".- Bendito Uruguay
Como ya no tengo nada que ver con este mundo escribiré de mis amores. Es que me enamoré por primera vez en mi vida este año, en esta ciudad, no recuerdo si el 10 o el 16 de noviembre. Seis meses el amor me estuvo buscando sin ninguna duda. Llegó directo a mí, seis meses antes, para decirme hola, puedo ser tu amigo, dame tu teléfono, esas formas donde sólo el amor sucede aquí, en Los Angeles. Confieso que la primera vez que se acercó tuve miedo: casi dos metros de estatura, pero cuando vi su carita, sus ojos amarillos, su carita como si fuera un sol. No contesté ninguna llamada durante seis meses. No respondí ningún mensaje, hasta que un día no sé por qué, en noviembre -¡ah, ahora recuerdo, fue un once de noviembre!- le respondí. Era de noche, yo estaba esperando el camión en Broadway después de haber entrado a un bar con fachada de tienda de mariscos que vende las cubetas de cerveza a 16 dólares, y de haber ido a un restaurant hipster para intentar comer una hamburguesa. Respondí un mensaje, me mandó una foto, le mandé una foto y al día siguiente estábamos en casa como si nos conociéramos de toda la vida. "Te amo" me dijo "¿Te drogas?" le pregunté. "Te amo" le dije.

d.
Pedro Meyer. Convento.

También a eso debo perderle el miedo: a ver. Veo. Un túnel del luz y veo todo abierto y germinando en todos su significados. Todos. Un organismo terrorífico. Recuerdo un sueño en medio de la fiebre. Lo que literalmente es estar en el mundo, en el mundo entero. Que el mundo esté dentro de uno y ver que uno es de una extensión y estructura infinitas. Ver. Cómo las cosas se suceden y uno importa como importa una clave o un código para que todo tome forma. Ver que veo quién eres: esa fuente de todo lo apacible como si yo no fuera un cuerpo. No soy un cuerpo y tengo lugares muy distantes donde las cosas se suceden sin detenerse. Los días que caminamos cubriéndonos la cara, los días que entramos al zócalo corriendo. En el centro la multitud entraba a defenderse. Y yo o quien yo era en el estrado para los fotógrafos, disparando la cámara Minolta. Las cosas del desierto. Todo está aquí. la primera fotografía con nuestras manos levantadas. la trayectoria entre los hombres que me contaban de sus tierras, de los caciques y los asesinatos: todo está aquí. Y yo que creía que vivía en una ciudad sin antes haber conocido el infierno. Y yo que dije que todo se trataba de una farsa y aquí estoy: viendo la farsa, temiéndole a la farsa, viviendo la farsa con la esperanza de que en algún momento, esto que se sucede deje sus sobresaltos. Y lo veo. Está aquí mismo y me cansa llegar para acercarme. Tú tenías nueve años cuando yo estaba recibiendo el año nuevo en la brillante Ciudad de México. Cuando el año comenzó con aparatos explosivos. No había manera de llegar a la selva. Ahora oigo las pisadas en la vegetación desde el carro donde religiosamente tengo miedo y te escribo. No había manera de llegar a la selva. Te veía por televisión: dieciocho años de edad y todavía me da miedo ver que no existe la línea, que no hay otro lado, que estoy aquí, en el desierto y en la selva. Muchas muertes más tarde y todavía me da miedo ver cómo baja la sangre desde la montaña. Y le tengo terror a la mentira.

Tiempo de aniversarios. Este texto lo escribí en el 2011 para el MOMA de San Francisco, como acompañamiento de una colección de fotografías de Pedro Meyer.

mejor McLaren :)

¿vamos?

y qué bonito despertar así
Dolores Dorantes. Chinatown, LA. Foto: Rob Ray


No es que cada día viva yo más inconforme con el mundo, tal vez me sucede lo contrario. Cada día puedo sentirme llanamente parte de este planeta, aunque no esté de acuerdo en la manera en que creemos que "las cosas" van hacia alguna parte (¿?). Me explico: creo que puedo ser parte del mundo sin preocupaciones innecesarias o dramas provocados por cumplir con exigencias "sociales" y esas cosas. No es desde la inconformidad desde donde me expreso, es desde una observación constante de lo que me mueve a hacer las cosas, sobre todo, cuando me cuelgo el título de artista. Lo reflexiono y lo reflexiono. ¿Desde dónde nos expresamos? ¿Cómo nos expresamos? ¿Cómo difundimos nuestro trabajo? ¿Qué pensamos acerca de la estructura que hay que escalar para obtener reconocimiento? ¿Es nuestro objetivo obtener reconocimiento? y así. Y es que vivimos tiempos (hemos saltado a tiempos) donde la inmediatez nos gana. Creo que cada día es más y más común que los artistas sean parte del mecanismo generado por la mercadotécnia en los medios de comunicación. Así que, tal y como anuncian el cubito que, disuelto en agua, produce nuestro caldo de pollo, se promueve a los artistas: un producto. Y ya es tan normal, por ejemplo, que a un escritor le exijan una "fotografía de autor" de determinadas dimensiones y características para promover su trabajo, "Fotografía de autor" le llaman. Pero es que son asuntos en los que las editoriales (los promotores, los que luchan -y luchan en serio- por sostener las editoriales independientes como alternativa para los lectores y una plataforma para los artistas) se integran tan automáticamente que jamás imaginan que a un artista no le interesa tener su cara en las páginas de internet; no pueden creer que un escritor no quiera su fotografía junto a la portada de su libro en todos los lugares donde se promociona. No pueden creer que un artista no tenga como objetivo ser "famoso" (como el caldo de pollo). ¿Por qué un autor querría poner su cara en la promoción de su obra? ¿Los autores quieren que se asocie su cara con su libro? ¿De qué se tratan esas estrategias? ¿Qué significa la foto de autor? ¿Que el autor es respetable, sano? ¿Que sonríe adecuadamente? ¿Que alguien puede reconocerlo en la calle? Los mecanismos generan formatos a los que nos integramos automáticamente. Foto, texto, reseña, sonrisa, edad, signo zodiacal. Y comenzamos a pensar que la promoción del arte y de la cultura es eso, lo mismo que promocionar el caldo, con la foto de la señora en mandil sosteniendo la cuchara con cara de guuuusto. Y terminamos creyéndolo. El arte no es solamente un producto, no funciona promocionarlo como un producto. Los artistas, los "autores" no somos modelos de nada. Tan no funciona, que ya sabemos quiénes son los best sellers: muertos, o vivos engreídos con cara de máscara que se las dan de santos o de salva vidas, o de periodistas en riesgo pero, el arte no está en ninguno de ellos. Está sí, el arte de la mercadotécnia. Se hacen programas para promover la lectura que también son sólo una fachada, de antemano son creados para no funcionar, intentan promocionar libros como si fueran medicamentos contra la ignorancia; de entrada el lector tiene que asumir su ignorancia (un asunto de magnitudes existenciales) y después tomar un libro de los miles que le proponen como remedio (como Emulsión de Scott): le sabrá amargo, quizá termine de leerlo, pero no querrá jamás volver a tomar la medicina. Porque la literatura y el arte no son un jarabe, ni un chicle, ni una crema depiladora: son algo más. Si el objetivo es promover el arte, realmente, subirse a los mecanismos mediáticos y a las estructuras creadas para la promoción es inútil. Tendríamos que subirnos a esas estructuras sí, pero no a cumplir requisitos, sino a transformarlas para que funcionen como verdaderas plataformas desde donde el arte se exprese. Pero también tendríamos que bajarnos de esas estructuras, lo que se promociona es el pensamiento; y el pensamiento se necesita fuera de esas redes, allá donde no hay tiempo para desvelarse leyendo la computadora; se necesitan vuelcos. La mercadotécnia en sí sólo funciona para inflar arrogancias, crear "personalidades" dentro de un teatro decadente, alimentar egos y, sobre todo, tomarnos muuuuchas fotos y aplaudirnos unos a los otros y tal vez sí, es verdad, divertiiiirrrnos enormemente frente a los reflectores jugando a ser lo que no somos, dormidos en nuestros laureles.

pd. y sí, sí, ya sé quiénes van a reírse -nerviocitos- de este post y luego también van a llamarlo "poesía".

d.



Esos viejos tiempos que continúan, como se darán cuenta, es Brushy One String.

Danzón dedicado a:

Mujeres, mujeres que necesitan ser leídas... mujeres de Syria.

d.
Y, una pieza del libro de ensayos de Gastón Colmenaresde que apareció en el SFMOMA, hagan click!:


d.

Y hablando de estadísticas, aquí una muy interesante sobre pruebas nucleares, creada por el artista Isao Hashimoto. Sencillamente impresionante. 

d.



Últimamente he escuchado sobre feminismo y la femineidad hasta el cansancio, sin que una gota de lo que se "defiende" sea sensato. Mi pregunta sería ¿Qué es lo que no comprendemos? En un mundo donde las mujeres siguen siendo una mercancía. En un mundo donde las mujeres seguimos siendo utilizadas incluso para exterminar a otras mujeres. En un mundo donde una niña brillante y santa aparece en todos los canales de televisión hablando de los regímenes de medio oriente para justificar las invasiones y los desplazamientos de ciudades enteras y y todo el mundo exclama aplaudiendo a Oprah: "awww". Entonces alguien me dice que las mujeres no somos leídas lo suficiente, que no somos premiadas lo suficiente, que no somos invitadas a los encuentros lo suficiente. ¡¿Qué?! ¿Pero por qué una mujer querría a toda costa ser parte del festín de los misóginos?: Una estructura jerárquica donde al arte se le otorga poder político. "Encuentros" para que los "jóvenes" se quiten el sombrero ante los viejos. O queden -literalmente- apantallados por una vanguardia viejísima a base de performances y monitores ideados para ganar ¿qué? ah sí: poder dentro de los sistemas institucionales. ¿Por qué una mujer sensata concursaría en los premios que dan los machos despiadados? ¿Por qué una mujer escritora y con ganas de "cambiar" el mundo busca a toda costa el "reconocimiento" de aquellos a los que quisiera cambiar? Son las paradojas de los luchadores, de los defensores, de los que se asignan una causa. ¿Por qué una pensadora, una artista, esa maravillosa fuente de toda creación aparece públicamente con un ¡Dénme un espacio!? Nos perdemos. Mientras millones de niñas son secuestradas, utilizadas para echar a andar las guerras, para cruzar droga en las fronteras, para aterrorizar como soldados; mientras millones son desaparecidas, utilizadas y después asesinadas como si se tratara de animales. Mientras los gobiernos las usan para mostrar la inocencia que justifica asesinatos; mientras los medios de comunicación las explotan y otros tantos millones de mujeres se someten a cirugías, a dietas, a tratamiento, para conservar sus trabajos. Se inyectan los labios. Y otros millones más viven en la infelicidad absoluta porque jamás llegarán a los estándares de belleza que la sociedad les exige. Mientras otros miles de adolescentes y mujeres viven en las cárceles pagando por los crímenes que otros cometieron, despojadas incluso de su identidad. Una artista habla donde la institución la colocó y dice: nadie nos lee. ¿Qué clase de defensa egocéntrica es esa? Se trata de percepciones. ¿Hasta cuando vamos a luchar por pertenecer a una estructura creada para beneficiar a los hombres por encima de las mujeres -una estructura que va mucho más allá del mundillo del arte- en lugar de crear nuestra propia estructura? No sé, pero para mí que el clasismo mezclado con el activismo no da más que resultados inmediatos: la apariencia. Es como pintar las casas del pueblo antes de la visita del presidente o algo así. No digo que sea una actitud mal intencionada pero, aprovechando que ahora aparecen el feminismo y el activismo sobre la mesa, me dio por reflexionar: ¿tomo una lana institucional, que me entregan los machos que discriminan a las mujeres, pero las defiendo? ¿O sólo ellos no son machistas? Yo haría la misma pregunta que una vez hizo mi Guru (alabado sea) ¿Quieres la diferencia o quieres el reconocimiento por hacer la diferencia? Congruencia, compañeras.

d.


1989: Las discusiones de toda la vida (entre escritores) pueden verse en este video, que compartió mi amigo Inti García en facebook; estos son los escritores de Chihuahua. Ahí, los más destacados: los hermanos Chávez (Migue Angel y Jorge Humberto) Premio Nacional de Periodismo el primero, y Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, el segundo. Joaquín Cossío, reconocido actor que, entre otras caracterizaciones fue el villano de una de las películas de James Bond. Willivaldo Delgadillo, activista y escritor de la Jornada y Jesús Gardea, Premio Xavier Villaurrutia. Qué chulada. Ideal para el libro que estoy escribiendo. (Gardea aparace en el minuto 21). Mmmmmh hmmmm.
pd. sí, yo sé que los Chihuahuenses continúan preguntándose "¿Por qué los más destacados son de Ciudad Juárez?"
Tengo 2 respuestas, una aplica para Jesús Gardea: el talento. La otra, ya ustedes la saben.

d. 

Me preocupé por no publicar desesperadamente cada libro que creí terminado. Hace quince años apareció mi primer libro que cuidé, y cuidé desde que comencé a escribirlo, vente años atrás. Aún así a veces pienso que me equivoqué y que me sigo equivocando. Que tal vez debí esperar estos veinte años, y dejar pasar los seis libros que publiqué igual que los otros tantos que decidí echar a la basura. Porque mi perspectiva sobre el lenguaje y los géneros ha cambiado gradual, pero también radicalmente desde que construí ese libro donde los poemas parecen cubos con un círculo musical por dentro (poemas para niños) hasta ahora. Tal vez debí continuar esperando y trabajar todos estos años en algún trabajo escrito en prosa. No sé. No sé realmente de qué pudieron haber servido esos seis libros pero, bueno, ya no está en mis manos ni en mi cabeza valorar esas cosas. Lo que sí veo, en cada uno de mis intentos por lograr algo dentro de la literatura es que, precisamente ese esfuerzo ha desaparecido. No quiero nada, No me interesa construir nada. Labrar nada, equilibrar nada. Ya no veo la palabra como un material para mis esculturas. Ya no veo al lenguaje únicamente contenido por la palabra. El lenguaje puede manifestarse a través de la palabra y de muchas otras formas. La palabra ha sido para mí, hasta ahora, la única forma. Pero desde hace mucho tiempo soy consciente de que la forma ya no es suficiente para mí. Entonces comencé a mezclar géneros (no se preocupen, no publicaré nada), a escribir en prosa. A sostener arduamente que lo que estaba haciendo ya no era poesía; comencé a fin de cuentas a escribir otro libro, un libro que no me es suficiente, donde no construyo nada. Donde únicamente escribo lo que debo escribir, así, directamente, sin darle vueltas al asunto pero esta no es una idea que estoy compartiendo, porque no tiene forma, y no ha dejado de "hacerse" sólo a través de la palabra, No me interesa mezclar las "disciplinas". He criticado tanto este arribismo multidisciplinario que a fin de cuentas entiende el arte como entiende la venta de unos chicles: marketing. Pero es que el libro no me parece suficiente. Una impresión no me parece suficiente. El libro en sí con sus miles de copias es un objeto tan-tan aburrido. No sé. Perdón, no sé qué estoy haciendo.

d.

Hey, sugar... 

d.


video

Pues sí, Jodorowsky.

d.


¡Hola, mundo!

d