Bueno, amigos, sí. Volé hacia mi libertad, a Ecuador. A Quito, desde donde les envío este fantástico paisaje urbano. Las nubes, la niebla, las catedrales góticas y la vegetación que nace en este paraíso se las iré dosificando (también el grafiti).

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Desde afuera puedo ver lo que pasa. Pasan los medios de comunicación mexicanos mintiendo abiertamente en vivo durante las transmisiones de las enormes protestas en México. Quienes estamos acostumbrados a leer los falsos discursos televisivos, somos capaces de advertir la realidad mientras escuchamos a comunicadores que regañan al pueblo por su comportamiento rebelde. Pienso en los fotógrafos y los camarógrafos que lanzan sus tomas al mundo cuando no hay tiempo de editar imagen y los comentaristas intentan corregir a toda costa en tiempo real, la actuación de las fuerzas federales en contra de los ciudadanos. No tengo más alternativa que percibir desde ahí, y reírme de sus contradicciones. "¡El grupo de anarquistas está atacando a los policías desarmados!" Mientras la imagen en la televisión muestra a los granaderos golpeando con toletes y lanzando gas lacrimógeno contra manifestantes que optaron por hincarse en la calle Madero. Yo no estaba ahí, sencillamente vi esa televisión que 'miente'. "Un joven intoxicado arremete contra los granaderos" en una de las calles aledañas, un joven evidentemente golpeado, furioso, reclamaba el ataque a los granaderos con los brazos abiertos, sin camisa, sangrando de la frente continuaba con fuerza para regresar a reclamar el abuso mientras todos preferían irse. "Yo pediría que primero hicieran un examen toxicológico a ese joven" lanzaba el narrador desde la pantalla, mientras el chico se acercó lo suficiente para ser jalado por el ejercito, arrojado al piso, y vuelto a golpear desapareciendo entre los escudos de plástico de más de quinientos policías federales que llegaron para "Proteger a la población" decía la vos oficialista en la que se ha convertido la televisión mexicana. Ese ejercito que llegó, según dijo la televisión, para proteger a la población, desapareció a ¿cuántas personas esa noche? torturó ¿a cuántos anarquistas detenidos? hirió a cientos, apaleó a mujeres, niños, ancianos, estudiantes y monjas. Yo no estuve ahí, pero lo vi en el mismo momento que sucedió; dos de los periodistas que cubrían el evento en vivo fueron golpeados, y después aparecieron al aire para justificar la acción diciendo que habían sido "confundidos" con anarquistas, a lo que el comentarista declaró "Por uno la llevan todos". 
He visto a muchos conocidos venderse a los periódicos, a las televisoras, a las instituciones culturales; pero me da gusto que este otoño ya las cosas no se puedan ocultar porque la narrativa oficial ha caducado; conocemos muy bien al enemigo y sus tácticas (y lo que el enemigo daba a cambio de unirse a él). ¿Que haría el Estado si todos esos vendidos, por ejemplo en el Sistema Nacional de Publicaciones, o en el Fondo Editorial Tierra Adentro, o en el Sistema Nacional de Creadores de repente dejara sus puestos? Porque hasta los vendidos se están cansando de tener el tolete en la boca y la bota en la cabeza; no importa cuántos viajes a Cancún les organicen, ni cuanto alcohol les subsidie ese Estado; ni a cuantos agasajos en el extranjero sean comisionados. Los vendidos son delicados, tienen familias delicadas y aman la seguridad que les había proporcionado su cobardía, y gustan también de los buenos comportamientos; lo salvaje les parece digno de cabaret, o les provoca náusea, Y el Estado ha levantado la mano para herir ese orgullo clasemediero lastimando su "dignidad" y sus intereses. Los vendidos son vendidos aquí y en cualquier parte, se venden a cambio del bienestar, del privilegio, de la jerarquía, de la alfombra y el reconocimiento. Y hasta esa simulación de reino para intelectuales y artistas que muy bien sabía construir el PRI, se está viniendo abajo, administrada por el mal gusto de las televisoras. Los vendidos no usan diamantes de utilería, como en las telenovelas; cuando alguien no sabe ponerles la corona, los vendidos no tienen empacho en morder. Entonces ahora sí, estamos un poquito más completos y mucho más parejos ¿Qué no? Los vendidos ya son parte del pueblo, y a un pueblo furioso desde la raíz de sus instituciones culturales e intelectuales: a) se le masacra b) se le respeta.


El mundo se está incendiando, y entre alguna de las maravillas del fuego está la purificación. La naturaleza nos suelta de la mano, a ver si ya aprendimos a caminar.  Nos retira a algunos de nuestros más queridos maestros. Uno de mis maestros más queridos ha sido Tich Nhat Hahn "Tai". Que desde hace días se encuentra hospitalizado después de haber sufrido un aneurisma. 
Tich Nhat Hahn es poeta, monje budista, impulsor de la corriente zen "Mindfulness", amigo cercano de Martin Luther King, exiliado por combatir el sistema represor en Vietnam; levantó un monasterio en Francia, y otros tantos en el mundo. Tendrá quizá más de ochenta años. Sus estudiantes más cercanos están preparados para despedirse de él. Yo no he llegado a ese nivel de iluminación. Me he despedido de muchos amigos a lo largo de estos años; me he despedido de muy pocos maestros del nivel de Tai. Pero, gracias a sus enseñanzas, a sus libros, a sus poemas, seguramente sabré qué hacer con mi sufrimiento. Aunque quizá después de haber salido del coma en el que estaba, la naturaleza se compadezca de personas como yo, y nos deje a Tai, por los menos, otros treinta años.


México: Los Supercívicos
¿y los libros? ¿y la casa? ¿y la escritura? sombras
Había vivido metiendo primero el cuerpo en todo lo que vivo. Bueno, ya tengo cuarenta, así que en algunas áreas de la vida no puedo meter el cuerpo tan fácilmente como lo hacía antes. Quizá por eso me he vuelto un poco reflexiva. Me ha comenzado a obsesionar la estructura del pensamiento; también en mi escritura la estructura del pensamiento ha sido fundamental para crear una forma estética, lo sé; pero antes sólo observaba mi propia estructura de pensamiento y la reproducía en cualquiera de mis libros. Ahora reflexiono sobre esa estructura, no sólo la observo y la mantengo intacta, me acerco a ella, me sumerjo en ella y la transformo. Esos viajes me fascinan. Por eso creo que este libro nunca lo voy a terminar: tengo estadísticas, fotografías, vida, talento y cuarenta años. No me importa terminar un libro, me importa escribirlo, hasta donde tope. Así que las preocupaciones de entregas y límites tampoco me atormentan. Me atormentan ya muy pocas cosas. No sé si algo me atormente de veras. No soy feliz, pero eso no me atormenta. No tengo expectativas de ser feliz, tal vez por eso el hecho de no ser feliz no me atormenta. Una sola cosa me atormenta al grado del insomnio y es, el camino del mundo, la sangre del mundo, la violencia del mundo y, claro, el armamento del mundo. Pero esos son insectos mentales fáciles de espantar al día siguiente porque en realidad desconozco todo sobre el mundo, lo que me atormenta es una construcción que hago, una estructura que levanto desde mi pensamiento a partir de algunos datos. Realmente mi cuerpo no ha estado en Syria, ni en Corea del Norte, ni en SurÁfrica para entender o temer realmente algo. Acepto el sufrimiento emocional, la ansiedad, la angustia, el temor a no tener dinero suficiente ¡Ah, cómo nos atormenta el temor a perder cierta estabilidad económica! ¡Y cómo perdemos el tiempo imaginando que si tuviéramos "estabilidad económica" nuestro mundo (el mundo personal) sería diferente! ¿Por qué permitimos que el dinero (códigos, fierro, papel) se vincule a nuestra satisfacción? ¿No es eso morder el anzuelo del control de manera absurda? En fin. No estoy en mi casa hoy, no tengo casa hoy. Pero estoy en un lugar donde existe el silencio, el frío no penetra y la luz me acompaña interrumpida por uno que otro ladrido, maullido o motor. Cuando escucho las quejas de mis seres queridos, cuando veo a alguno de mis amores listo para pelear por algo (defender vilmente un punto de vista para obtener lo que quiere, manipular a través de su elocuencia, hacer planes y estrategias para "avanzar" es sus planes de vida) siento que contribuimos tanto con esa guerra que desconozco, que añadimos dolor al despedazamiento y al desplazamiento de los cuerpos, que sumamos oscuridad a la tortura que, esa sí, conozco cabalmente.
En nuestra manera de manejar, convivir o aceptar el dolor reside la clave para contribuir o no con la guerra; tal vez no se trate de soportar el dolor, tal vez sólo se trate de ser capaz de aceptar el dolor como parte de la vida en lugar de negarlo, huirle o evadirlo. A fin de cuentas todos sabemos, por experiencia, que ni la felicidad ni el dolor son permanentes.
Cartera para pasaporte hecha para la inauguración de Paisaje Roto. En Houston, Texas.
Piel de cordero con tinta de oro. Concebido y diseñado por el artista Jorge Galvan Flores.
En edición de 15 ejemplares. (Lo tenía para regalar, pero ¡mejor no!)


Estoy muy triste. No tengo remedio. Bueno, ustedes saben que para mí decir "estoy muy triste" quiere decir "en estos quince segundos que escribo esto estoy muy triste, después quién sabe". Mi corazón se rompe frecuentemente, pero también frecuentemente percibo que mi corazón cada vez abarca un espacio más amplio. Ayer, fui al Consulado Mexicano en El Paso, porque mi hermano Luis exponía tres de sus fotografías en un evento que nunca entendí, pero sucedió. Como también ustedes podrán imaginar, desde hace años tengo yo cierta reticencia, por no llamar náusea a los eventos institucionales de mi expaís. Qué vergüenza formarse en la cola para los bocadillos o el vino costeados con dinero público cuando en el país los jubilados no tienen para medicinas (no menciono los crímenes de Estado porque no quiero causar polémica, con mencionar el hambre que hay en mi expaís es suficiente para no pararme a festejar absolutamente nada). Pero quería estar con mi hermano, ver sus fotos,  estar con él. Así que ahi di la vuelta, abracé a mi hermano, y me detuve -con mis amigas- junto a la mesa del vino y los bocadillos, que -debo aclarar- no toqué. Comencé a ver pasar señoras entaconadas, viejas intentando parecer jovencitas, máscaras cuarteadas por el maquillaje; homosexuales buscando atención un poquito borrachos, reproducciones de look de la primera dama (entiéndase actriz de telenovela) con la nariz alzada, la cirugía alzada, las pestañas postizas alzadas y el sueño de que por ser las amantes de alguien en el Consulado son superiores. Fue, casi-casi como estar en una fiesta oficial de narcos, en el kiosko de Puebla, plagada de actitudes victorianas y viles: el tv-show de las clases sociales. Sólo había pasado una hora y yo ya describía a los invitados, con suavidad de peces, moviéndose a la mesa de bocadillos y arrasado como pirañas. ¡Comieron sin que el acto de comer fuera notorio!. Entonces decidí que ya había hecho lo que quería hacer. Pensé que algo en mí había cambiado porque esta vez, dentro del asqueroso terreno institucional, me había mantenido sin tacha. Comencé a despedirme de mi hermano, luego fui al área de la tercera edad y me despedí de mi mamá y antes de salir toqué el hombro de mi hermana para decir adiós; mi hermana estaba con un grupo pequeño, volteó feliz y dijo, "ah, ella es mi hermana, es escritora; mira Loli, él es el Consul." Eso no lo esperaba, el Consul estaba acompañado por una réplica en miniatura de actriz de televisa, bronceadita y con el cabello teñido de rubio. "Mucho gusto ¿usted es el consul?" pregunté y sentí que algo como una furia inundaba mi cabeza: "---Faltan 43. ¿Perdón? preguntó ---Faltan 43, Consul." El rostro de la actricita se puso en su mala caracterización de fastidio (la única experiencia cercana al fastidio que conocen es el olor a mierda). Al Consul le subió el color al rostro y dijo, "Sí". "Y un milloncito más" agregué. Mi hermana se rió. Me di la vuelta hasta donde estaban mis amigas y las invité a comer un pay en alguna cafetería. ¿Entonces el Consul de México es como un representante del Presidente? preguntó una de ellas que -obviamente no es mexicana-.
Lo triste no es llegar y protestar ante un Consul de manera sutil en el "extranjero". Mi tristeza surge de la experiencia de la furia;  el dolor ante un funcionario y su farsa de país reproducida en otros países, apoyada por una población condicionada para llegar ahí -al supuesto poder- a como de lugar, para divertirse con los desfiles de la vileza y la prepotencia. Esa ilusión, ese embeleso de los demás en contraste con un Estado criminal y sus asesinatos, me produce esta terrible sensación de lo irremediable.

No queda otra que la foto desde la webcam en el escritorio. Nos vemos en un ratito amigous.



Marcha silenciosa del EZLN en Chiapas, hoy 8 de octubre.


Hace tiempo que no recuerdo fechas. Recuerdo, tal vez, la fecha de tu cumpleaños. Recuerdo el dos de octubre. Ahora tendremos que recordar el 26 de septiembre: ese gatillo, que nos ha vuelto a sacudir. Y digo que no recuerdo fechas porque quisiera recordar el día en que el Sub-comandante Marcos dijo no es los mismo decir "estamos contigo" que enfrentar a los militares armados para defender lo que es digno; fue cuando asesinaron a Galeano, para mí es como si fuera ayer ¿fue ayer? ¡Fue ayer! también ayer secuestraron y encarcelaron al vocero de la tribu Yaqui en Sonora, para abrir paso a los nuevos "dueños" del agua en México. Ese que antes era un país está arrasando a pasos agigantados con lo que se fue apropiando poco a poco so pretexto de una guerra contra el narco que bien negoció el PAN mientras estaba en el poder. Yo sé, yo sé que todo esto es un proceso porque viene un gran cambio. Y sé también que después de ese cambio habrá paz. También sé que las palabras sirven únicamente para decir esta boca es mía y en este lugar es donde puedes poner la bala. Pero hace mucho tiempo que nuestro lenguaje no se oye; hace mucho tiempo que nos cambiaron el significado de las palabras: "desaparición forzada" "desparecido" "elementos balístico" "llegaron en dos unidades" "peinan la zona" "un masculino" "una fémina" "una menor" y frases por el estilo nos fueron alejando cada vez más y más del verdadero mundo, del mundo donde existen los secuestrados, las balas, los automóviles, los hombres, la selva, el desierto tomados por los militares, los niños, las mujeres; en un gobierno que no gobierna, que se dedica a exterminarnos poco a poso. Un gobierno que quiere hacernos creer que somos los sospechosos, que somos los asesinos, Yo sé que es un reajuste de los sistemas mundiales de poder. Lo sé. Y que cuando crean que han logrado reajustar el mundo tendremos calma. Pero también creo que se les olvida un pequeño detalle: todos nosotros somos parte de la naturaleza, en cada cuerpo hay agua, fuego, aire, tierra y mente; y lo que se hace con cada cuerpo se le hace al mundo entero: desde ponerle pestañas postizas hasta inyectarle silicón; desde cortarlo como si fuera un árbol para que no haga sombra; ¿Qué poder es más grande que el de la naturaleza? Por eso nunca olvido que la naturaleza se mueve en silencio, debajo de las superficies, y no la verán llegar. Por eso también creo que la naturaleza está procediendo, desde su poder vegetal, desde la severidad mineral, desde su inmensidad energética y, cuando esos que creen que tienen el control y reajustan el mundo se den cuenta, ya no podrán saber ni cómo se llaman.

d.




Pasé tres días maravillosos junto a un lago en Nevada, observando la quietud del agua. Con muy pocos momentos para estar sola, pero aún así, suficientes momentos. Tuve una cena literalmente divina en un restaurante italiano (ya saben, todos esos estimulantes para el sistema nervioso: salsa de tomate, harina, queso y alcohol -sin contar el pastel de chocolate). Mi corazón se estaba rompiendo dentro de una felicidad tranquila. Empiezo a entender, cada vez más, las rupturas de corazón. Esta ha sido como una purificación cerca del agua, como un bautizo. Ayer, antes que amaneciera, con los ojos cerrados, la cama a la orilla del lago, tuve la sensación de que mi mente es mucho más grande que mi cuerpo, y puede detenerse más allá de mi, en cualquier otra parte. Estuve mareada por esa sensación, en un duermevela plácido e inquietante. Mi corazón esta vez se rompió, como si estuviera hecho de azúcar disolviéndose, de forma tibia: sin dejar nunca de querer. 

d.


Los más de cuarenta jóvenes "desaparecidos" en México. (Oh, "apareció" uno: desollado).

Y ya, que se publicó mi libro Estilo (que no es poesía, es prosa) en la colección La Noche Cúbica, de Ecuador. ¡Allá nos vemos, folks! (invítenme a publicarlo en Ururguay y Guatemala y en Bolivia y Colombia, voy a decir que sí).

d.


"¿Por qué chupa aquellas hierbas?", contesta que él, sintiendo en sí superabundancia de vida, busca su olvido y lo halla en el zumo de esas hierbas, pero que su principal deseo se reduce a... perder cuanto antes el juicio (deseo que acaso estuviese de más)."

Fedor Dostoievsky
machthisweek 9-1

Les había platicado de mis problemas para entusiasmarme lo suficiente en estas fechas. También les he platicado del hartazgo que me ocasiona el culto a la personalidad en todas las esferas de este fenómeno que somos. Últimamente también he platicado con algunos amigos en relación a los "conversatorios" que se han generado con la idea de transformar un poco la forma en la que percibimos el, y hacemos arte. Estamos intentando cambiar las cosas, es obvio que ya nos dimos cuenta de la farsa en la que hemos caído, sobre todo los artistas nacidos a finales de los cincuenta y principios de los setenta. Hacemos pruebas. Los conversatorios han desembocado en la reproducción de los sistemas que criticamos: alguien se sienta en una mesa para conversar, sostener su punto de vista y demostrar que tiene los mejores argumentos para justificar su "verdad": Ñeee.  A veces los conversatorios se convierten en el alimento que el conversador necesita: tener la razón, ser reconocido, aceptado y comprobar que intelige "correctamente". Yo he optado por no presentarme en muchos lugares para no sumergirme en las mieles del culto a la personalidad (con los chapuzones que yo me proporciono a diario es suficiente, que una audiencia me de la razón o me "reconozca" y me encuentre mal parada, puede hacerme perder la razón (razón que no tengo, btw). 
Ayer,  leí dentro de un clóset en una casa de Pasadena, dentro de un proyecto de Machine Project. Un completo experimento. Por toda la casa había performances: danza, lectura de energías, instalaciones y, en un rincón de la casa, dentro de un clóset estaba un poeta. Así que cualquiera podía entrar al clóset y vivir la experiencia de tener una lectura de poesía completamente privada. La idea fue de un artista que sólo conozco por el nombre de Mark, el creador de Machine Project. Nunca he hablado con él, peeero el poeta (y amigo) Anthony McCann (quien colabora con Machine desde sus inicios) me invitó a leer, en un ambiente completamente gringo, dentro de un clóset, recibiendo a las personas de una por una, únicamente en español. Me encantó la experieicna porque, contrario a otras lecturas, donde solemos leer ante una audiencia, aquí me encontraba cara a cara con la persona interesada (por la razón que fuera) en escuchar poesía en un idioma que, probablemente, no iba a entender muy bien. La experiencia, sencillamente ¡fue fantástica! La gente llegaba, se asomaba al clóset, dudaba un poco ¿es sólo en español? eh, no importa, nos presentábamos, platicábamos un poco, a veces, y sencillamente dejaba de existir la separación entre el público y la audiencia, o entre un idioma u otro, o entre "la personalidad" del escritor y la "perssonalidad" del espectador. Preguntábamos lo que queríamos preguntar, platicábamos sobre el espacio, algunos visitantes al clóset eran escritores. Sólo hubo una persona con la que no platiqué: fue una escritora a quien ya he visto en otras lecturas, ella entró y reprodujo a pequeña escala las lecturas donde nos habíamos encontrado. De ahí en fuera el experimento dio como resultado una interacción fresca que me permitió estar cerca de personas, muchos de ellos artistas, mucho más jóvenes que yo. Y tener cerca esa inocente percepción del arte que funciona como un verdadero generador de cambio. ¡Qué gran aprendizaje! ¡Viva LA! ¡Qué buena despedida experimental me están dando!
Puras cosas tristes: guerras aquí y allá, amigos en las guerras aquí y allá; virus en las computadoras, redes sociales esclavizantes, teléfonos esclavizantes,  universidades donde se estudia para ser crítico y no se es capaz de vivir sin las "novedades tecnológicas" del iphone. Oh, well. Ayer, mientras hacía un recuendo de esa decadencia existencial que nos rodea me decidí a buscar una cosa buena hoy. Una cosa alegre. Por su puesto la encontré, pero entre más encuentro cosas que me alegran más abismalmente me encuentro separada de las preferencias del mundo. Comencé a grabar mis soliloquios, por ejemplo, eso me alegra. No porque piense que digo cosas importantes, sino porque oigo mi voz como transportada hasta la grabadora desde otro planeta. Los ensayos introductorios de la obra de Dostoievsky en Sepan Cuántos ¿Nos estamos alejando, verdad? Me alegran esos ensayos rusos tan maravillosamente traducidos y que, en ocasiones, parece que son escritos en contra del mismo autor. Las noticias de mis libros en otros países, Me gusta ver en fotografía lo que no puedo tocar porque está en otro continente: estoy en otro continente y no me puedo tocar, en otro idioma y no me puedo tocar soy y no soy yo, ese sentido me da la fotografía. La ciudad que no puedo tocar: Juárez, mis amigos me mandan fotografías de la devastación; no me alegra la desvastación, me alegra la percepción sensible de mis amigos en una ciudad destrozada. Y las invitaciones a otros países, eso también me alegra, porque oh buena noticia ¡ya puedo salir de este país!. Deberían alegrarme cosas como el jardín, mi mascota, la luz que entra por cada ventana de la casa, algo más presente, pero llevo un mes anclada en el futuro: me alegra lo que va a pasar, me alegra lo que está por suceder y descuido las cosas de esta tierra. Ya está, para mañana me propongo enamorarme del presente. Cambio y fuera.


A Juan Manuel Portillo

Tengo miedo. He pasado estos días trabajando exhaustivamente. Sin posibilidad de descansar, venir aqui, saben mis queridos lectores imaginarios, es descansar. Pues no había venido. Pero hoy es urgente. Decidí, cansada de tanta nadería, volver a leer a Fedor Dostoievsky; Dostoievsky que, como ustedes saben estuvo a punto de morir fusilado por publicar un diario clandestino pero se le otorgó el perdón a cambio de cumplir años de trabajos forzados en Siberia. Dostoievsky que en 26 días, para salir del paso, escribió una novela que cubriría parte de sus deudas: El Jugador. Que el único tiempo que tuvo para disfrutar la vida fue cuando cumplió cincuenta, porque alguien más se hizo cargo, epiléptico del cuerpo y del alma. Cuyo peor enemigo era él mismo. No sé cuántos de mis lectores imaginarios en este papel imaginario hayan pasado hambre, de la de verdad, no ese capricho que se levanta a molestarnos cuando la fila del restaurante favorito está muy larga.  Estoy congelada por el miedo. En mi mesa tengo libros de Agamben, Arno Gruen, Cortazar, Onetti, Gardea, Viel Temperley, Victor Serge, Choygan Trungpa, Macedonio Fernández, Deleuze y Guauttari. Y no puedo evitar preguntarme ¿Qué no estamos viendo? ¿No estamos viendo? También tengo "Demonios" de Dostoievsky ¿no estamos viendo? ¿podríamos poner nuestro papelito escrito junto a Los Hermanos Karamazov? ¿Nuestras reflexiones u opiniones junto a los estudios del comportamiento humano que ha hecho Arno Gruen?  Nuestra constante lucha por tener la razón ¿podríamos ponerla sin sentir vergüenza junto Gilles Deleuze o Infancia e Historia de Giorgio Agamben? Entonces quiénes somos para celebrar que tal poeta ha llegado a viejo o que un amigo hace más ruido que otro con sus poemas experimentales, o que una descocada recibe un premio por el bien de la nación, mientras le colocan una corona como a cualquier descocada. ¿Cómo podemos llamarnos escritores desde nuestros cubículos, diciendo frío sin conocer el frío, diciendo hambre sin conocer el hambre? ¿Cómo podemos creer que la mente son sólo los tres primeros escalones -y un video-? Me rindo.
Me imagino lo que es el hambre, pero no la quiero, en efecto: hambre imaginaria
"No somos extranjeros en esta tierra. No estamos invadiendo ningún territorio [...] No queremos ser condenados a emigrar, que es otra forma de genocidio que se ha orquestado en nuestra contra . ¡Paren esto, sociedad civil!" expresaba Mario Luna. Hoy fue secuestrado.


Let’s Take a Trip Up the Nile



Esta frase fue acuñada en la frontera. De las frases más emblemáticas que la literatura fronteriza ha construido. Su creador, Francisco María Sagredo, un ciudadano de 69 años de edad, poco después fue acribillado a las puertas de su casa, junto al lejendario terreno que sirvió para abandonar 9 cadáveres cuyos crímenos, como el del creador de la frase, nunca se esclarecieron.  De los pocos que atinaron con una sóla frase a decir algo. 

---Estamos locos todos.
---Yo no estoy loca. Mis caderas se esponjan.
Afuera se oyen gotear las hojas de los árboles.
Ha llovido mucho en mis sueños ---dice el hombre. Y luego:
---Donde yo vivo los muertos tienen unas lámparas negras.

                     Jesús Gardea (de libro de cuentos "Las luces del mundo")
"En efecto, narrar la vida era la "Biografia imposible". Parece imposible, en efecto, narrar la vida de un hombre que no viajó, no ocupó cargos de poder, no protagonizó resonantes polémicas, no escribió ningún best-seller, no ganó premio alguno y que, en cierto momento de su vida, optó por la inmovilidad, la abstención, la invisibilidad..."

Álbaro Abós sobre Macedonio Fernández.

La niebla en San Blas

Perro, Mike, cuéntame
esa historia de la niebla en el puerto
No había niebla y la historia
trata de un coquero, hombre
sencillo y afortunado.
Tenía un carrito de cocos,
vendía el agua y la carne
con limón y chile en bolsas de plástico.
¿Pero la niebla, Mike,
no decías que todo estaba
cubierto de niebla?
No. Era tarde soleada.
Antes, déjame te digo
en qué consistía su fortuna.
Su dicha era su mujer.
La más bella de San Blas.
Nos tenía embrujados.
Estaba que se caía de buena.
Todo sucedía en una cantina,
jodida como esta, con piso
de tierra, mesas de Cerveza Corona,
y una sinfonola mosqueada
que tocaba todas las de José Alfredo-
¿Pero la niebla, Mike,
no me contaste que apenas
podían verse las caras?
No. Espérate. La mujer
era el deseo de todos,
sí, pero nos lo callábamos,
digo, por un elemental respeto
al coquero, que era compa.
Todos, menos el hijo de un fulano
que ahora es diputado.
Ese cabroncito
alardeaba todo el tiempo,
decía que la reina aquella
tenía que ser suya.
Esa tarde, ya ebrio, el muy pendejo
comenzó a cacarear en presencia
del coquero, en su mera cara.
Que si él andaba en un Mustang
y el otro en pinche bici,
que si él era galán
y el otro prieto y feo.
¿Pero, y la niebla, Mike?
Ya dije que entonces no había niebla.
El coquero aguantaba,
aunque de lejos se veía
que se lo estaba cargando
la chingada del coraje.
Era hombre de silencios.
El otro siguió jodiendo, decía
que le iba a sonsacar a la mujer
y a ponerle casa,
que con él iba a saber 
lo que era coger sabroso.
Se pasó de lanza. Sin decir palabra,
en un mismo movimiento,
el coquero tomó un machete
y le rebanó de un golpe
la tapa de los sesos.
Tan fácil como te lo cuento,
como quien parte un coco ya maduro.
¿Y entonces, Mike, perro?
Entonces sí, ya caía la noche
y llegó la niebla, se posó
con su culo blando sobre San Blas.
Sólo se podía ver
el rojo reguero de sangre
y al muerto, sentado en su silla,
todavía agarrando su cerveza.
Del coquero nunca supimos más.
Se trepó a la bici y enfiló calle abajo.
Como si se lo hubiera tragado 
la densa niebla de esa noche.

(contado por Miguel Angel Hernández Rubio 1957-2010)

              Jorge Esquina (del libro Teoría del Campo Unificado)


Después de tres años de vivir en Los Angeles ¡por fin tengo un estudio! Vivía con libros en la "sala" el "comedor" la recámara y bueno, como la cocina era un área común me costaba trabajo invadirla también con mis notas y mis libros. Escribía en el comedor porque los dos escritorios de la sala estaban atiborrados de libros y papeles. Hoy, por accidente, porque ni lo había planeado (tal vez nunca lo hubiera planeado) tengo estudio por dos meses antes de dejar Los Angeles para jugar a las artes en otro lugar. Pero no sólo tengo estudio: ¡tengo soledad! así que me dispuse alegremente a trabajar en mi Hermes Rocket para darme cuenta que las teclas se pegan al rodillo ¡Pero si le acababa de dar mantenimiento completo! pensé, oh, no, eso fue hace cuatro años, cuando la usaba regularmente.
   Tanto tiempo sin tener un estudio. Casi cuatro años, wow. Pero bueno, hay recompensas por esos años de asinamiento: conozco mejor mi mente y sus reacciones cuando la escritura le falta. Conozco los extremos de mis pensamientos cuando deja de obedecer a la escritura:  no son agradables, créanme, pero ahora son parte de mi reino. Cuando el pensamiento se las ingenia para ponerme a escribir a toda costa, imagina cualquier clase de terror, construye cualquier clase de miedo, me rodea cualquier clase de sonido, de ambiente atroz, de deshaucio. Pero ahora, luego de tres años de entrenamiento puedo observar mi pensamiento como si fuera un gran dragón que danza para divertirme. No es que no sienta miedo, terror, odio hacia mí misma de vez en cuando, sobre todo cuando no tengo silencio y soledad para escribir; es que los siento y los observo sin reaccionar, como si esas emociones fueran una obra de teatro que me atormenta, una película que no me gusta. Los observo hasta que se marchan. Además desarrollé otra técnica: como el monstruo quiere escribir y yo sé que si no lo hago en el silencio adecuado y en el momento adecuado puedo entrar en un túnel que no me lleva a dimensión alguna (sino que, nada más me encierra y me desespera por semanas arruinando mi vida alrededor) entonces construí un libro para él, para el monstruo, en formato de blog (es lo más sencillo -espero que el monstruo no nos esté escuchando-), entonces abro ese blog y escribo y publico nada más para que el monstruo se sienta bien: Llamaré Dragón al monstruo, en honor a Cortazar y Dunlup para que no perciba mi rechazo, porque, a fin de cuentas ese Dragón hace conmigo lo que quiere, no es adorable, como el buen Fafner. Así que engaño al Dragón contándole otro libro para que no me mande al túnel de la desesperación. Así, y viajando al desierto, es como he logrado cierto equilibrio. Pero lo bueno es que ya estamos aquí. No tendremos los 2 meses completos de estudio peeeero, este momento es el que importa, percibir qué es lo que necesita mi querido Dragón. Mi Dragón egoísta necesitaba espacio, soledad y a Cortazar y a Dunlop, ese cóctel perfecto para espantar demonios.
Yo sabía que hoy tendría algo que celebrar. Ustedes saben que los premios en estos tiempos no significan, pero hay algunos que dan gusto. Como el American Book Award que acaba de ganar Heriberto Yépez junto a Gerom Rothenberg. Da gusto que un escitor mexicano, norteño, de mi generación y que cuya virtud (como aguja en un pajar) es no ser corrupto, obtenga uno de esos papelillos que funcionan en la matrix para que, quien lo recibe, se cargue de una identidad de truinfador un poco más intensa, más profunda... o si no alcanza a sentirse triunfante, por lo menos durante un año de veras creerá que nació para esos momentos en que se siente un escritor al 100% ¡viva!

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Los demonios estaban de vacaciones e, inocentes como pueden ser los lobos y las ositas, los nuestros llegaron a la conclusión de que habían vencido esa fuerzas del mal.
          Ah, amigo lector, jamás hay que cantar victoria, por lo menos en alta voz (pues los demonios, secreto que tenemos el deber de revelar a ti por tu gran paciencia, son extremadamente vanidosos y no demasiado inteligentes; si no dices en alta voz que los has derrotado, se contentarán con lo que consideran una política eficaz de hostigamiento, justamente cuando sus tácticas han perdido ya toda importancia a tus ojos. Pero si proclamas que han cesado de impresionarte, ten cuidado: esos seres que procuran sobre todo mantener las apariencias, se ofenden y la rabia que los domina los incita con frecuencia a llamar en su auxilio a toda una cohorte de demonios más poderosos que ellos y de los que pueden disponer llegado el caso a pesar de su pequeñez irrisoria). Esa norma habría de evitarnos más tarde, cuando comprendimos bien, muchos contratiempos en el curso de la expedición que aquí nos concierne; no obstante, como el lector inteligente lo habrá adivinado ya, en 1978 no habíamos avanzado mucho en los caminos del conocimientos, pavimentados de demonios, como estaban,

           Julio Cortazar y Carol Dunlop (de Los autonáutas de la cosmopista)
Sí, sé que no soy esa clase de belleza pero qué tal la sistemática selfie por la mañana en la cocina, y mis lentes de Cathy la Oruga. ¡Me encanto!



Uno de mis libros favoritos sobre los favoritos (lo he comprado ya como tres veces ¡me lo roban!): Los Autonáutas de la cosmopista, de Julio Cortazar y Carol Dunlop. Yum-yum




"Le pedí tan poco a la vida y hasta ese poco la vida me negó. Una hebra de sol, el campo, un poco de paz con un poco de pan, que no me pese mucho el saber que existo, y no exigir nada a nadie, ni que nadie exija nada de mí. Todo esto me fue negado como quien niega una limosna no por falta de bondad, sino por no tener que desabrocharse el abrigo para darla."

                                                                                           Fernando Soares

El cumpleaños es uno de nuestros primeros condicionamientos
ata nuestra percepción a una cantidad, a un número, a un juicio.

Ups, algo me está pasando en este país. El otro día toqué a un mesero porque se me olvidó que en este pais no se toca a las otras personas, no tuve ningún problema con el mesero, por su puesto... creo que era chino, y en china son los padres del buen masaje, pero tuve problemas conmigo: me sentí mal por tocar a otra persona. ¡Viva! El condicionamiento funciona. Hay personas que se sienten mal si tienen que responder una llamada telefóncia en medio de una cena, o dentro de un restaurante. Yo opté por dejar mi celular en casa cada vez que salgo, incluso cuando voy al supermecardo. Mi teléfono celular se ha convertido en un teléfono fijo. Antes no nos pasaba nada cuando no teníamos celular, salíamos y regresábamos para preguntar quién nos llamó o, si no había a quién preguntarle, entonces regresábamos a checar la máquina contestadora. ¿Qué nos pasa con las cadenas ahora? Pronto dejo Los Angeles por varios meses, lo que haré es dejar definitivamente esos meses mi teléfono celular en airplane mode, y revisaré los mensajes por la noche. En casa tendré teléfono fijo, que cuesta 10 dólares al mes ¿pueden imaginarlo, mexicanos, una línea de teléfono que cuesta 130 pesos al mes? Oh, no, Slim no nos lo permite: para nosotros los salvajes la comunicación telefónica es un lujo ¿verdad, Carlitos?Así que "mundo" me voy, pero mundo, he vuelto.
aquí (véanlo sin audio):
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aquí:
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¿Todavía les da vergüenza hablar solos? Bueno, una de las restricciones que nos impiden desarrollar nuestra creatividad es precisamente la percepción del soliloquio como un tabú, como puente hacia la locura. El miedo a la locura es el más efectivo represor contemporáneo. Recuerdo que trabajaba en la librería de un amigo cuando me dieron por primera vez el consejo de no "hablar sola". Estaba regando las plantas y es que, el soliloquio para mí es algo tan natural y como he tenido millones de conversaciones conmigo a lo largo de toda la vida, no recuerdo exactamente qué me platicaba cuando entró Rubén y me dijo "estás hablando sola". Asentí y le pregunté si eso tenía algo de malo (yo era muy joven en ese entonces). Creo que Rubén reflexionó y me dijo que no tenía nada de malo pero que los demás no lo veían bien. Entonces comencé a reprimir mis soliloquios ¡afortunadamente! No es que dejara yo de hablar con las plantas (o con mi plantita interior), es que dejé de hacerlo en horas de trabajo. Pero siempre, siempre, procuro tener un buen rato de la mañana para hablar conmigo, para contarme cosas, para ahondar en lo que recuerdo y cómo lo recuerdo. Para recorrer distancias platicando. Para analizar la realidad en la que vivo, los fenómenos sociales, las formas de control social y cómo son lanzadas y reproducidas hasta el cansancio porque, precisamente, no "recapacitamos"... esa también es una palabra que, en estos tiempos, ya sólo usan los locos. El soliloquio me impulsa después a escribir de esto o de aquello. Tengo amigos que me confiesan entre risas que se han sorprendido hablando solos durante alguna caminata. Recuerdo un amigo músico que me dijo que se había descubierto hablando solo y que, definitivamente, eso no estaba bien. Pero el soliloquio es una buena herramientas para quienes somos sobrepasados por la creatividad, por los estímulos de la imaginación, por el paisaje interno; cuando la creatividad se desborda, y somos capaces de ver tanto hacia afuera como hacia adentro,  una conversación con nosotros mismos puede resultar un gran alivio: poner orden a lo que percibimos, reflexionar. ¡Hay que platicarlo! A veces no hay interlocutores al alcance. Lo mejor de todo en el soliloquio es que nunca sabemos qué vamos a decir, de qué vamos a hablar. Es un lindo camino de descubriemiento, en verdad: inténtenlo ¡hablen solos! ¡escúchense! A muchos opinadores de la narrativa contemporánea les vendría bien, pero ¿de qué manera? Si no son conscientes de lo que dicen ni cuando ven videos de sus propias conferencias, incapaces de asomarse a sí mismos. Ah ¡este mundo mudo! este mundo donde no es bien visto que los pensamientos se manifiesten en voz alta, y yo pueda decir sola, sentada aquí, en la sala de mi casa: "Qué bien me siento hoy, como si en verdad alguna vez me hubiera enamorado. Como si conociera el amor. ¿No te parece triste?", e incluso en este mismo instante (como diría el aburrido Paz) me pregunto ¿qué es este blog sino una forma de soliloquio? ¿Es mejor el blog porque imaginamos que alguien nos escucha? ¿De donde viene esa necesidad de ser escuchado a toda costa? ¿Siempre que hablamos tenemos que pensar en los otros? ¿Es terrible hablar sólo para uno mismo? ¿Hablar para uno mismo es hablar para nadie? ¿Si nadie nos escucha es como si no habláramos? ¡aaaaaaah! A mí me gusta hablarme a mí: desconocidos, terminen de asustarse.
hola:


Ay, por favor. Ya dejen de decir que Jesús Gardea es el mejor escritor mexicano olvidado. Porque para empezar no está olvidado, y para terminar de nada sirven esos lamentos de cobija institucional arrastrada (con esperanzas de ir ganando silla). Hay que leerlo y punto. Leerlo es un reto, no cualquiera puede terminar de leer, por ejemplo "El agua de las esferas" o "El diablo en el ojo" (yo no he leído la segunda, y la primera me costó 10 años de visitarla y abandonarla, con serenidad y paciencia, hasta que un amigo me entregó la clave: léela como una experiencia). Afirmaciones como "fue un dentista que un día volvió a su pueblo" no dicen nada de la importancia de Gardea como narrador. Vamos, línea a línea (si es que lo han leído) cuéntennos. Porque incluso algunos de sus mejores amigos no ha podido con "Juegan los comensales" ¿Qué pasaba con el lenguaje de Gardea? ¿A dónde iba? Tampoco creo que sirva de mucho decir "debió haber hecho esto o esto otro" Gardea hizo lo que hizo, y en el más puro sentido zen: es lo que es. Ahí lo tenemos: hecho. Me maravilló El agua de las esferas recientemente, porque hay frases que adquieren profundidades filosóficas impresionantes, como entes individuales, pero que en conjunto son usadas para describir cómo un hombre saca algunos caracoles que están bajo su cama, llenos de polvo; los limpia, los pone sobre algún mueble, observa cómo los ha dañado el tiempo. Lo cuenta así a lo largo de muchas páginas, como si no pasara nada, pero cada deslumbre dimensional de la frase es lo que hace el camino lento: el pensamiento del personaje. A muchos opinadores mexicanos se les ha olvidado que los mejores narradores sostienen un pensamiento a lo largo de su obra, no sólo hechos. Un narrador no sólo describe: sabe pensar, y sostiene su pensamiento. Gardea no es leído por muchos, porque no es cualquier cosa. Sus juegos de lenguaje sí, son muy importantes, pero no son sólo torres, cascarones, están sostenidos por toda una experiencia de reflexión, de introspección. La maravilla de Gardea es manifestar miles de experiencias humanas en muy pocos hechos, a través de la forma en que sus personajes piensan. Sus personajes no sólo son actores. Tampoco me interesa tener razón, ¿eh? así que ni se lo tomen a pecho, No espero ni quiero una respuesta.
Pd. Ah, por cierto, a veces Gardea me recuerda a Juan Carlos Onetti, obviedades, ya saben, la creación de la ciudad imaginaria Placeres-Santa María y tanto en Los Adioses como en... ¿La muerte y la niña? Onetti describe personajes condenados por la percepción moralina de un pueblo que termina excluyéndolos: esta tensión del solitario, del rechazo social construido por las fantasía de un pueblo de mediocres, y el odio levantado de una comunidad hacia un sólo hombre. Creo que ya alguien lo había notado antes.

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"La prueba de que estoy recuperando mi salud mental es que cada minuto que pasa me vuelvo más permisiva: me permito más libertad y más experiencias. Y acepto el azar. Anhelo lo que aún no he experimentado. Mayor espacio psíquico. Estoy felizmente más loca. Y mi ignorancia aumenta. La diferencia entre el loco y el cuerdo es que el cuerdo no dice ni hace las cosas que piensa. ¿Me cogerá la policía? ¿Me cogerá porque existo? Se paga con la prisión la vida: palabra bonita, orgánica, mañosa, pleonástica, espermática, duróbila."
                                                                       Clarice Lispector


Estuve trabajando hoy y me preguntaba ¿cómo comparto el fragmento de Estructura que apareció en Alemania y en Bilbao? ya sé cómo, con este link del texto que subí a issui: ESTRUCTURA (fue muy divertido, hasta le hice su portadita.... No, no está la versión en alemán, por favor, no me la pidan... no tengo esos derechos). Paz y amorts.
Te pregunto: ¿Quién es ella? Tú dices: Ella tiene tantos yoes que ni yo mismo la conozco. Ella y no ella. Ella y su personaje, cuando aparecen juntas en un poema, que bebe en muchas fuentes, buscando la satisfacción de lo que no puede ser satisfecho, movidas por el llamado que nos abruma sin darnos cuenta de que ella no llega todavía, y por la renovada sed junto a la primavera. Ella y no ella; ella está presente y ausente; es como si su presencia sostuviera mi ausencia, y su ausencia cargara la presencia de los detalles. Pero ella se mueve con tantos nombres que es imposible saber si ella es ella, o una mujer que mi imaginación y deseo mercurial han inventado. Pero parace que ella es una invención, porque yo nunca confundo los nombres. Nunca llamo a otra por su nombre, su nombre que he olvidado porque lo usé muy raramente. 

Mahmoud Darwish
Albert Balasch (Barcelona,1971) y Tía Zanoguera (ignoro)




Insomnio, los síntomas del libro se agudizan (esto parace un chiste). Desde la puerta de mi recámara abierta, pude ver cómo entraba la luz de la mañana hacia la sala, iluminando el librero, una silla, la madera del piso. Desde esa perspectiva horizontal, desde mi cama, fue como contemplar una inundación de la memoria. Una aparición. Una inundación de luz que a esta hora de la tarde se ha ido, restando la fuerza de la belleza en cada cosa. ¿Te engañé, Abismo?
Y así es como cambio mis posts a borrador por temor a que algún ser querido se ofenda: me doy pena.

¡San Lorencito! Ya sé que mis amigos pondrán una veladora allá contigo, de mi parte. Y eit! no le hagan promesas en vano, que se queman.  Ya sabrás tú, San Lorencito qué pasa con mis amigos en Palestina, y qué más va a pasar con esta renuencia mía a ser parte de un mundo que me parece más que pura ilusión y, peor que eso, extravagancia y prepotencia. Amén.


No tengo ambiciones ni deseos
Ser poeta no es una ambición mía
Es mi única manera de estar solito.

Y si deseo a veces
por imaginar. ser un corderito
(o ser el rebaño entero
para andar esparcido por toda la colina
y ser mucha cosa feliz al mismo tiempo)
es sólo lo que siento cuando escribo a la puesta de sol,
o cuando una nube pasa la mano sobre la luz
y el silencio correr sobre toda la hierba.

[...]

Saludo a cuantos lean
alzando el sombrero ancho
cuando me ven en la puerta
apenas la carreta asoma sobre el otero.
Los saludos y les deseo sol
y lluvia, cuando la lluvia es justa,
Y que en sus casa tengan
al pie de una ventana abierta
una silla preferida
donde se sienten a leer mis versos.
Y que al leer mis versos piensen
que soy una cosa natural:
como árbol antigüo a la sombra del que, cuando niños,
se sentaban de golpe, cansados de jugar
y se limpianban el sudor con la manga del babero rasgado.

(Alberto Caerio)