De izquierda a derecha: Rita, Reinalda, Eva ¿Yo? Sandra. Abajo Paty, Carol


Soy la perdedora de perdedoras. No porque crea que la vida es una competencia (ya saben que competir es la forma más eficiente de convertir al hombre en un ser estúpido -y además prepotente: siempre se pierde al competir, aunque uno llegue primero y reciba el "reconocimiento" del primer lugar). Me refiero a perder lo que se ha construido durante una vida. Perdí mi país, perdí mi casa, todo lo que había dentro de mi casa, perdí el sentido que (ilusamente creí) tenía mi vida. Perdí mi identidad, mi seguridad, mi salud. No hablemos de mi comodidad: la perdí. A la mayoría de mis amigos de la frontera los perdí. Mi "relación" amorosa, la perdí. Mi estabilidad económica: perdida, por completo. A ese tipo de pérdidas me refiero. Lo que se llama -o hemos oído decir- perderlo todo. Reflexiono sobre esto porque apenas ayer dudaba en asistir al seminario de mi Guru. En estos días he comenzado a tener un trabajito, la comodidad de una casa con mi mascota, dinero para viajar, una pequeña librería en dowtown LA, amigos increíbles y talentosos y un par de libros recién publicados que -parece- a los lectores les dicen algo pero, necesito viajar en junio y estar fuera de LA por más de diez días. Entonces, la idea de esfumarme del trabajo durante tanto tiempo comenzó a aterrorizarme, me di cuenta de que la experiencia de haber perdido todo -o casi todo- no me estaba brindando su enseñanza más alta, sino condicionándome a través del miedo: algo dentro de mí decía calladamente: no quiero volver a perder mi comodidad. Pensaba en la balanza que ha traído a mi vida la rutina, la rutina le encanta a mi cuerpo: disciplina, horarios, el reloj dentro de mi organismo me hace tanto bien, y me hacía la pregunta ¿Por qué quiero evadir mis responsabilidades más de diez días para olvidarme del mundo y estar con mi Gurú? ¿Qué es lo que no me gusta de mi vida que necesito borrarla sumergiéndola en otro mundo? Súbitamente tuve la respuesta ¿Qué sentido tuvo perder todo? ¿Apreciar a un grado avaricioso ese asunto de poseer, de ser dueña del mundo que habito? ¿o liberarme precisamente de la necesidad de ser dueña de algo?
Hace dos años creía que yo era una casa, una ciudad, un país, un trabajo. Y la vida me quitó la casa, el país, la ciudad y el trabajo, entonces ¿Quién soy? ¿Qué es lo que se ha quedado? El punto y la referencia parten de ahí. No soy la perdedora más perdedora, basta sólo con pensar en la guerra y los amigos que han sido torturados y asesinados, las mujeres que viven el machismo diario en nuestras sociedades de una forma impotente, los niños que no conocen otro mundo salvo el de la violencia y la vejación, las guerras destrozando el planeta aquí y allá ¿y yo? después de haber tenido la fuerza para dejar todo varias veces en favor de mi vida y de tener la oportunidad de ser despojada de todo lo que creía que era, para poder ver que soy algo mucho más allá de esos pequeños límites ¿voy a permitir que el drama de un miedo me detenga?

d.
¿Quién te dio tu cuerpo? Nadie más que tú, ya que ningún programa habría bastado, ni genético ni demiúrgico. Pero entonces ¿Tú antes que tú mismo? ¿Tú detrás de tu nacimiento? Y ¿por qué no? ¿Acaso no estoy siempre en mi propia espalda y en víspera de llegar hasta "mi cuerpo"?
Jean-Luc Nancy


Crear no es sólo construir, crear es manifestar, hacer presente, ocupar un lugar, ir más allá de nuestro cuerpo, ser más allá de nuestro cuerpo: tener la posibilidad de ser un lugar y todos los lugares. Estar en lugares donde nuestro cuerpo no está. No podemos ser o estar únicamente en nuestro cuerpo ¿verdad?  sería tan absurdo como creer que vivimos en un territorio plano e inmóvil. Bueno, digo esto no como un párrafo de superación personal (qué más da que alguien piense que soy optimista, o pesimista, o algo en concreto) lo digo porque hace unos días, junto a Jen, conocí al dueño de The Last Bookstore, mi librería favorita en Los Ángeles (y quizá mi librería favorita en general: como espacio vivo, como lugar), y empecé a reflexionar en torno a su poder creativo ¡es ilimitado! 
The Last Bookstore, se ha convertido en un pequeño universo en el centro de una ciudad decadente (esquina de calle Spring y 5th). La librería está instalada en el edificio de un banco antiguo; en el primer piso existe un área para los coleccionistas de discos de vinilo. La mayoría de los libros son usados, así que he encontrado en ese lugar no sólo un LP de Django por ¿tres dólares? sino dos libros de Mahmoud Darwish por cinco. La parte de arriba utiliza las viejas bóvedas de seguridad para exhibir libros de ciencia ficción, y para llegar a ellas hay que atravesar un laberinto de libros que cuestan 99 centavos cada uno. Al cruzar por completo el laberinto de libros está un pasillo donde varios artistas visuales, plásticos o como se les llame, han instalado sus estudios. Así que uno encuentra al artista trabajando y, tal vez, decide comprarle "algo".
Frente a la puerta de entrada y el mostrador donde los clientes pagamos, tendré un espacio para poner mi propia librería: (La Última) una librería dentro de otra librería que tendrá una colección de literatura latinoamericana traducida al inglés, literatura norteamericana traducida al español, y literatura latinoamericana sin traducir ¿no es maravilloso? ¡Un chico manifiesta un mundo que contiene otros mundos con chicos que manifiestan otros mundo, otros idiomas y otras percepciones!.. intentando investigar qué había logrado hacerme feliz durante más de dos días y, siguiendo la pista de una flor mental que estaba abriendo... repentinamente supe que, si necesitaba un ejemplo del poder (del verdadero poder, no del poder político, o el poder del dinero, o esa mentira de tener la vida de los demás en un puño, que hace sentir a otros superiores) que nace al darnos cuenta que somos algo mucho más allá del cuerpo; que la creación es algo que se manifiesta desde nosotros fuera de nosotros y toma sus propios caminos y sus propios lugares... y aún así seguimos siendo "eso" (estamos en casa y estamos donde está lo que creamos) definitivamente lo encontré.

d.



Espejito, espejito

¿Qué hago otra vez aquí? ¿Hablo contigo? ¿Hablo conmigo? ¿Descanso? ¿Complazco a mi Guru? ¿Alimento a mi perro interior? ¿Imagino que tengo razón? ¿Pienso en Rodrigo y sus hermosos poemas construidos a base de preguntas? Últimamente tengo la sensación de que observar me lleva a "algo" y, cuando intento averiguar a qué, o a dónde, la respuesta se esfuma. La vida es una tranquila y absoluta ambigüedad apuñalada por uno que otro drama. ¿Qué estoy diciendo? Eso: el drama ¿Qué sería de nosotros sin el drama? Por ejemplo: ¿es más compasivo un chico que hace reír a una muchacha triste o un activista que expone su pecho abierto a una lluvia de balas en favor de los desamparados, exigiendo justicia? Este post me lleva sólo hacia las preguntas. Iba a decir algo del drama: es difícil describir el drama en el que uno está envuelto: se desploma una ciudad, un país, tres edificios, dos avionetas, cinco cantantes, cuarenta amigos, un payasito, tres estatuas vivientes, dos mil niños pero ¡Si la destrucción no existe! ¿enfurecerse, llorar o maldecir porque las balas se escapan? (je, que se escapen las balas ¿no es una metáfora linda?)... ¡Ah, preguntas! El mundo derrumbándose gracias a cinco familias de chiflados pero, abro el facebook y me encuentro con las discusiones y las celebraciones de mis amigos: mis amigos poetas, mis amigos artistas, mis amigos con premios literarios o puestos gubernamentales o cargos directivos en diarios nacionales, o trabajo freelancer desde algún departamento céntrico y victoriano. Mis amigos resultan ser el pensamiento de un país... entonces abro facebook y me encuentro al pensamiento de un país alegando por un premio literario que se entregó a un pobre infeliz sin merecerlo, a nombre de alguna institución; el pensamiento de mi país creyendo en eso de "merecer" como si él mereciera ser el pensamiento de mi país, entreteniéndose con (y devorando) lo que considera sus victorias, igual que cualquier glotón frente a un mostrador de merengues y caramelos. Un premio: injusticia y realidad atroz que, despojada del drama no nos entretendría pero resultaría tan cruel que obligaría a cualquiera a mirarse a sí mismo.

d.


Me gusta la vida, debo aclarar, porque en ocasiones las personas que utilizan desmedidamente su atención para enfocarse en el entusiasmo, piensan que mis observaciones son pesimistas. No me considero pesimista, hago todo para detenerme diariamente en la belleza de las cosas, incluso dentro de las más terribles circunstancias. Bueno, digo esto porque, como siempre, al estar ligada a la literatura y al tener una afición (mesurada, pienso yo -tal vez no sea una afición, tal vez sea esa fascinación por detenerme en la belleza de las cosas) por el el arte y también porque soy una escritora descaradamente talentosa, se acercan a mí, ciertos mundos que no me corresponden y es difícil definir por qué. Definir nunca es algo que me haya gustado. Definir me parece convertir una cosa en otra tomándola con las manos sucias de nuestra interpretación. Así empieza todo. Hay personas que se definen a sí mismas como artistas, los que "hacen" el arte, y creen, inocentemente, que el arte viene a poner belleza y brillantez en este mundo (a través de ellos, claro). Ahora mismo, en la iglesia italiana que está a una cuadra de mi casa escucho las campanas ¿No es increíble como el sonido puede transportarse en el viento? Cada vez que esas campanas suenan siento tranquilidad, algo en el centro del pecho (no me psicoanalicen, por favor), cuando tengo tiempo voy a las sillitas del porche y me dedico solamente a oírlas, cierro los ojos e imagino un tono dorado que se expande cada vez que suenan. ¿Y quién es el artista? ¿Quien construyó la campana? ¿Quien tiene como encomienda jalar de la cuerda a ciertas horas? ¿Y si el propósito de esa campana y esas campanadas es sólo congregar feligreses, entonces ya no puede ser arte? A veces prefiero cerrar los ojos y escuchar esas campanas a la idea de asistir a una fiesta donde se proyectarán tres documentales geniales: uno que retrata los calcetines remendados por la abuela del artista minutos antes de que desapareciera a manos de los nazis; otro que se construyó después de espiar mediante la grabación de audio trozos de conversaciones callejeras; y uno más que muestra cómo los humanos podemos analizar el comportamiento de las máquinas, acompañado de sonidos ambientales y la lectura de un poeta. Cuando regreso de mi trabajo a casa hay una lagartija en la punta de la pequeña barda que se convierte en un pasillo en la entrada, la lagartija siempre me ve llegar y corre a perderse entre las siembras de chile que tienen mis vecinos. ¿Me pregunto si la lagartija ha tomado la manía de detenerse a esperarme o sencillamente a esa hora interrumpo su asoleo? Prefiero esos segundos cuando llego a casa que ir a cenar con una amiga escritora que piensa que ya ha escalado todos los peldaños para hablarme de lo que pasa en un universo que sólo ella (y los demás escaladores) puede ver. Me parece interesante que mis amigos vivan en otros mundos. Lo que me aburre un poco es que mis amigos, con su total brillantez, lleguen al punto en que confunden "escalar" con "ser", es decir: soy porque llegué, porque ya estoy ahí, porque he hecho el trabajo necesario para tener "autoridad" en la materia. Para ellos no se trata de la seguridad de ser: soy lo que soy (y punto), sino de la confirmación que la vida les ha dado, fruto de sus esfuerzos por llegar: "soy la escritora, déjame contarte cómo es estar ahí". Por eso asisto a muy pocos festivales (y encuentros) literarios: las fiestas de artistas y los lectores, las reuniones, las casas lujosas junto a una bahía con el chin-chín de la farándula, la reverencia académica y la responsabilidad burocrática nunca han servido para revelarme -con o sin certeza- quién soy.

d.
Be a child again: Teach me poetry: Teach me the rhythm of the sea: Return to words their initial innocence. Give birth to me from a grain of wheat, not from a wound. Give birth to me and take me back to a world before meaning, so I can embrace you on the grass. Do you hear me? A world before meaning. The tall trees walked with us as a trees, not as meaning. The naked moon crawled with us. A moon, not a silver platter, for a meaning. Be a child again. Teach me poetry. Teach me the rhythm of the sea. Take my hand, so we can cross this threshold between nigth and day together. Together we will learn the first words, and will build a secret nest for the sparrow, our third sibiling. Be a child again, so I can see my face in your mirror. As you I? Am I you? Teach me poetry, so I can elegize you now, now, now. Just as you elegize me!

                     Mahmoud Darwish, del libro In the Presence of Absence.
                                traducción del árabe by Sinan Antoon


No sé si será la edad, o las conmociones afortunadamente experimentadas estos últimos años (no, no estos últimos trece años: sino estos últimos dos años) pero, me he estado haciendo la pregunta sobre los objetivos de mi vida constantemente y, para mi sorpresa, no encuentro ninguno. Justo cuando pensé que conocía todos mis apegos ahora me doy cuenta que, sin esa sensación de estar aquí para "algo" comienzo a angustiarme ¿por qué? ¿no debería relajarme y pensar: ¡perfecto, una vida sin objetivos, como siempre he soñado! y entonces vuelvo a pensar: debe existir alguno, algún deseo no cumplido, algo que quieras con desesperación y fuerza: - ---- - - --- - --- - - - - - - - - - - -- -- - -- - ---- -- - nada. Un espacio infinito aparece. Pareciera que no quiero nada, o que mis deseos se me esconden tan bien que no puedo encontrarlos. Entonces hago el juego de pensar qué querría, si pudiera querer. ¿Si quisiera algo qué querría?:--- ---- - - --- -- --- - - nada. Me gusta la vida, de verdad me gusta la vida. Pero querer-querer. De broma respondo que me gustaría envolverme en una sábana y seguir a mi Guru (alabado sea) por todo el mundo. Es todo lo que hay en el corazón de mis deseos. ¿No es extraño? Dejar de desear ¿no es extraño? ¿es algo malo? ¿es algo bueno? Creo que así como existe ese espacio infinito -en blanco-, existe en mí una necesidad infinita de aprobación, por eso necesito a mi Guru. Así, si repito los mantras adecuados, y hago los sacrificios perfectos llegará el día en que él me diga que lo hice bien, él que ve dentro de mí más allá de lo que yo misma puedo ver. Mi Guru, que seguramente sabe lo que me pasa ahora, que no sé por qué ni en qué momento se acabaron todos mis deseos.

d.


así fue.

d.
"On the road_9.- Alfredo Carrillo"


Esta ha sido una semana interesante. Comiendo únicamente vegetales. Trabajando durante ocho horas rodeada de música que manifiesta mensajes violentos: la música pop gringa (me refiero a música que es una programación constante en las radio-difusoras comerciales) con sus gemidos todo el tiempo, como escuchar a alguien cojer involuntariamente. Y la música mexicana, la de banda, que enaltece la figura del macho que arrasa con todas, y las mata de pena. Es difícil conservarse virtuoso en esos terrenos. Pero no voy a hablar aquí de esos terrenos; ese es otro libro. Mi dieta de vegetales ha hecho su efecto, ayer veía la realidad de todos (incluyendo la mía) como un cascarón, como un juguete que esconde por debajo su maquinaria. Me gusta viajar de noche en la línea dorada del metro que cruza por East LA y Chinatown, no es subterránea y tiene ventanas panorámicas. Me divertí observando los cascarones. Una anciana borracha. Un hipster cool. Un homeless que se detuvo a ver mi bolsa y me dijo "¿puedo tocarla?" ---sí, le respondí. "¿dónde la conseguiste?" ---en new york. "Cool". Fue el único al que no le encontré cascarón; cuando se fue me di cuenta de que el cascarón del hipster estaba enojado. 
Todo me influye. Tuve miedo de desaparecer, por eso estoy aquí. Vine a escribir antes. No sé si voy a desaparecer. No me mal entiendan. Desaparecer es un término mal empleado por mi país para justificar los crímenes que constantemente ejerce en contra de la población, una gama innumerable, claro está, que unifica con el término "desaparición forzada". No me refiero a  ese tipo de desaparación. Me refiero a desaparecer. Desparecer por completo. Tal vez sólo estoy reflejando uno de mis deseos: el siguiente paso, como si estuviera lista para algo. Pero no soy yo, es algo que no tiene nada que ver conmigo. Sino con una realidad infinita. Hay cosas que son difíciles de explicar en una plática como esta, porque no son cosas, no son sucesos, no son circunstancias. Ayer cené con un amigo que no me entendió. No entendió cuando dije que yo quería encarnar la divinidad. Que la divinidad estuviera aquí, conmigo. ¿Alguno de ustedes lo entiende? Es que quizá no es algo que se puede entender, quizá es esa maravilla que sólo se comprende después de haber vivido ciertas experiencias. Quizá es la única maravilla que conozco. En fin, que ahora mismo, ni yo me entiendo. Yeeeeiiii, creo que he comenzado a desaparecer.

d.
Hey, el destino me ha puesto dentro de una buena familia de amigos. Muchos "amigos" desaparecieron, hace dos años un día como hoy. Otros "amigos" me traicionaron meses antes. Pero ese mismo día (un diez de marzo) el destino me mostró los rostros y las almas más hermosas que he visto. Los que se arriesgaron conmigo. Los que me recibieron en su departamento mientras me perseguían. Los que me acompañaron a todas partes durante meses. Los que siguen conmigo. Los que tendieron las redes para mi aterrizaje. Los veo como si estuviera en un planeta que no es este. Cuánto amor, chingao.

d.
"Around the corner, on the other side of the now-sleepy highway, behind the wholesale flower mart, she found a mound of discarded bouquets of the most extraordinary blossoms: petals like meteors, like velvelt curtains, like bayonets; pistils like furred stag´s legs, like spotted towers, stigmata that looked soft and wide enough to sleep on. Their stems had broken, so the florists deemed them ruined. She could carry at least two bouquets, she figured, stacked atop the pears. As she knelt to choose among them, she saw to her surprise that one of the flowers was twitching. It was a huge, drooping, pudendal bloom, red, yellow and black and pulsing furiously as if wired to a miniature engine. She lifted it, and the flower fell still. On the pavement beneath, she found a tiny bird. It was a hummingbird, no bigger than her thumb. One of its wings lay outstretched beneath it like another strange petal."

Fragmento de la novela "Ether" de Ben Ehrenreich 
(las faltas de ortografía son mías, obviamente)

d.
Hoy fue cumpleaños de mi hermana Virginia. Hoy es dos de marzo, por si a alguien le brincaba la duda. Siempre le llamo, la felicito temprano, intentando que sea la primera felicitación de la mañana. Cada cumpleaños de mi hermana es igual. Hablo con ella, nos reímos de algo, hablamos de las tragedias familiares. Después por la tarde comienzo a recordarte. Cómo nos conocimos. Dónde cenábamos. El día que te levantaste de la mesa con mis cartas en una carpeta y fuiste a leerlas al baño. Recuerdo cómo me llamabas "Chamuco". El día que nos citamos para comprar mi primera máquina de escribir mecánica.
                 Hace trece años mi hermana organizó su fiesta de cumpleaños un once de marzo, en el Club Campestre. Esa mañana había soñado contigo. Caminábamos en un túnel de luces cálidas tomados de la mano. Había mucha gente y eramos felices. Nunca había soñado contigo. Tampoco nunca he sido tan feliz. Le pregunté a mi mamá si habías llamado. Dijo que no. "Soñé con él" le dije "¿no le habrá pasado algo?" inmediatamente me senté frente a mi máquina olivetti y comencé a escribirte una carta. Ya no recuerdo qué decía la carta, que te quería, tal vez. Por la tarde Juan Manuel pasó por mí para ir a la fiesta de mi hermana. En la fiesta un amigo de mi hermana insistía en que yo debía tener una cita con su hijo. Bebimos un poco, regresamos temprano. Esa noche tú estabas muriendo en la Ciudad de México. Y yo me enteraría tres días después mientras cerraba la edición del Diario de Juárez. Fue mi primer shock (por lo menos como adulta). 
            Once años después, un diez de marzo, tuve que salir de mi casa para resguardarme en el departamento de Josu por una noche. El once de marzo caminé en la madrugada hasta el puente de cruce internacional y desde entonces no he vuelto a ver mi casa, ni mi país. Celebro un cumpleaños y dos muertes el mismo día. ¿No es curioso? Pero antes de recordar tu muerte, comienzo a recordar tu amor. Tu amor que me transporta hacia algo que, no sé qué es pero vive por encima de todo.

d.
y hay quien se atreve a ponerle un lado humano a la Luna



d.
tu luna

Intento concentrarme para terminar de escribir mi currículum para un nuevo trabajo. Necesito enviarlo mañana mismo pero, quiero escribir de todo menos de mi pasado laboral. Al pasado laboral suelen llamarlo "trayectoria" o "experiencia". Sí, tal vez me inspire pensar en la palabra experiencia. Me siento tan bien en el presente que quisiera que sólo me preguntaran ¿sabes hacer este trabajo? para responder sí, y listo. Pero las dimensiones en las que nos movemos los seres humanos pareciera que nos hacen vivir y percibir diferentes mundos, aunque estemos en el mismo lugar, en el mismo momento. Que dos o más personas estén en el mismo tiempo y en el mismo lugar, percibiendo la misma realidad, es difícil. La semana pasada, por ejemplo, decidí comenzar a ver varios videos que se tomaron de "La Marcha por la Vida", una peregrinación que las madres de mujeres desaparecidas o asesinadas en Ciudad Juárez, realizaron para exigir justicia (otra vez). Cuando comenzó el video vi a la primer madre, narrando sus exigencias con el desierto al fondo. El desierto que vive en mí. No podía despegar la vista del cielo que es mi cielo, de la gama de dorados que es el desierto en esta temporada. Pude estar ahí mismo, sé cómo golpea ese viento en esa carretera que recorrí no sé cuántas veces. Después puse atención al rostro de la mujer que hablaba: más joven que yo. No la conozco. ¡No la conozco! Yo solía conocer, platicar, reírme, escuchar y ser escuchada por "las madres de las muertas de Juárez" ¿Dónde están ellas? porque en esta marcha son ellas, pero son otras: nuevas generaciones de madres de mujeres asesinadas. ¿Y quienes comenzaron la lucha, dónde están? Marisela Escobedo, ya sabemos que terminó con un balazo en la cabeza. Pero hay tantas otras personas que silenciosamente han desaparecido de la escena. Sí, yo sé que debería estar escribiendo mi currículum para comer mañana, pero no puedo evitar detenerme a pensar en todo esto. ¿Dónde está la primera generación de madres que decidieron organizarse y exigir justicia? ¿Dónde están las personas que se solidarizaron con ellas y las apoyaban, se unían a las marchas, les proporcionaban refugio? Continué observando el video en busca de alguna persona conocida. No encontré a nadie. Qué absurda comenzó a parecerme la realidad. Pensé lo que sucedió con abogados que intentaron defender la causa mientras escuchaba en el video a una abogada que no no había visto jamás, una abogada que, llorando, necesitaba aclarar que no estaban lucrando con la causa. Qué bien ha sabido el Estado desarticularnos. Unos en Madrid, otros en Estados Unidos, en Canadá; otros en casas de "seguridad" dentro del mismo país padeciendo la guerra fría: no trabajo, no organizaciones, no vínculos evidentes con familiares o seres queridos (nadie quiere que otros pasen por la misma persecución) y el eterno juicio en el que la abogada que vi en el video no quisiera estar: "en algo andaba". Pensaba en todo esto mientras veía caer el sol desde el porche de la casa donde vivo, en un país lejano (como diría Gunnar Ekelof), mientras mis amigos hablaban de David Bowie. Una de ellas contaba que se había dado cuenta de que habían tocado a David Bowie en la radio todo el día, y repentinamente creyó que tal vez David Bowie había muerto... y tuvo miedo ¡Oh my God! ¡Murió David Bowie! pero no. Su corazón descansó cuando supo que sólo celebraban su cumpleaños número 66. Vivimos en mundos diferentes, sentados en el mismo porche, bebiendo el mismo café, en la misma ciudad. Eso me atormenta por algunos segundos, luego me hace entrar en un silencio íntimo y después me causa una enorme dicha. Los contrastes del mundo son terriblemente fascinantes.
d.

Qué horror, ser escritor en estas épocas es un infierno. Todo tiene que ver con la fama, la inteligencia, el estatus. ¿Hasta dónde un escritor puede morder y arañar -o apuñalar por la espalda, según sea el caso- para llegar a tener un lugar en el mundillo (artificial) de las letras? En todas partes es lo mismo, en Japón, en España, en Uruguay en México (puaj), en Gringolandia. Todo funcionando como una maquinita perversamente aceitada. Los escritores entran en el juego y sostienen ese sistema de privilegios basados en el "qué dirán" en el "qué dije" en el "qué dijeron de mí, quién lo dijo y dónde lo publico". ¿Repentinamente? ser escritor es un oficio de malabaristas de la farándula. Todos, hasta el más pequeño, inofensivo y carente de vocación o talento cuentan con algo de fama. Y aquel cuyos premios o "reconocimientos", becas, residencias (más que mostrarlo como un vividor) lo sostienen en la cumbre de la aristocracia de las letras, se siente ya con el poder de azuzar a los otros para que limpien sus zapatos a cambio de un par de estrofas en el algún suplemento, o a cobrar pensiones en diferentes países para permanecer callado y no involucrarse en las luchas de clase que sostienen los lujos que el escritor se lleva diariamente a la boca, frente a las cámaras en los canales culturales o en las revistas alternativas. ¿Y por qué creen que lo merecen todo? Porque aquellos a quienes les regalan una estrofa para su revista usan sus nombres como tarjetas de presentación, los periodistas besan sus manos para parecer cultos y conservar su trabajo -y por contrato establecido de antemano con las editoriales que el medio debe promocionar-, los académicos pueden comprobar científicamente sus teorías del lenguaje y justificar cursos estúpidos sobre la gran inteligencia de ser un creador: creador en tiempos del narco, creador en tiempos de Sarajevo, creador en tiempos de Palestina, creador en tiempos de la mierda. ¿Dónde vivimos? Estoy harta.

d.




Sólo dejo de pensar que yo le importo al mundo, y ya está- Mi paranoia se fulmina a sí misma. Ese ha sido el mejor consejo que me han dado este mes. Lo he aplicado todas las noches y, varias veces, cuando me llega la notificación de facebook o de Blogger de que alguien intenta cambiar mi contraseña. No debería tomarme tiempo, siquiera, mencionar esto. Pero es domingo (¿o lunes? ¡la ciudad parece un cadáver! ah, claro: día festivo), no quiero gastar dinero para andar en la calle y me prometí a mí misma sentarme aquí, aprovechando el silencio de mi casa y del vecindario para escribir. Cerré mi librería (temporalmente nada más), la reabriré en otro lugar que no sea mi casa, en un momento que espero no sea muy lejano. Tengo trabajo pero no tengo dinero. ¿Noticias nuevas? Sí, pretendo -ahora sí- terminar de leer "El agua de las esferas" de Jesús Gardea. ¿Alguien ha terminado de leer ese libro? ¿Podría escribirme y platicarme, por lo menos, de qué se trata? He intentado leerlo veinte veces, y se cierra. La historia no me deja avanzar más allá de esa parte donde los amigos (o enemigos) están mandándose recaditos en el restaurante y no sé si los meseros son meseros o espíritus o los amigos están vivos o muertos, o si los amigos son amigos. En fin, lo agradecería muchísimo. También estoy pensando -contra mi entusiasmo- armar un curso sobre el poema extenso latinoamericano. (Me dan risa esas personas que intentan descubrir qué es lo que pienso y cuáles son mis decisiones y mis proyectos y vienen aquí a leer y luego me reclaman: "pero si tú dijiste en tu blog, etc.etc..." ¿Cómo es que alguien piensa que el blog de un escritor refleja mínimamente su interior (del escritor)?). Ayer me di cuenta que el así llamado poema extenso latinoamericano, y lo que a mí me gusta llamar "libro de poesía" y no "colección de poemas", es mi forma favorita. Pienso en Gorostiza, Jaime Saenz, Viel Temperley, Manuel Capetillo, y la dulzura florece en mi corazón. Así que tal vez ese sea un buen tema para un curso: la dulzura en el corazón a través de los poemas extensos. Hablando de poemas ahora no sé mucho. Sé lo de antes, qué fue, cómo fue, por qué escribí de tal o cual manera. Pero ahora, que escribo algunos libros nuevos no sé, sobre todo en relación a la forma: me ha dejado de obsesionar la forma como un comienzo, como el bosquejo primero de la creación. Ahora la creación es un impulso, y la forma (porque tiene forma ¿cierto?) es únicamente una consecuencia sin mayor importancia o, con una importancia equilibrada, pienso yo. Por eso me gustaría leer El Nadador en un curso... su forma es tan natural, incluso las rimas más obvias resultan inocentes y suaves. Bueno, ya he descansado suficiente. Saludos a mis dos lectoras más asiduas con un mensaje querendón y realista: chicas, yo no les pertenezco... ni ustedes pueden ser yo (mientras ustedes me persiguen yo me intensifico -eso no es muy afortunado pero es lo que es-). Ah, un fragmento de El Agua de las Esferas:

III
Del fondo del cajón, el papel del Café. Sus bordes estaban sellados, como los labios de una concha. Encima del mueble, resplandecía mucho. Fosfórico lo había vuelto el encierro; muestra, en el aire de la tarde, de la tierra, tomada de suelos marinos, podía uno creerlo. De aquellos vastos silencios, como levantado por una tolvanera de sal, había subido a la superficie de las cosas. La luz del cuarto se le acercaba, adelantando sus lámparas, desconfiando, acompañada de un silencio igual de suspicaz. Hacían pie cuidadoso en la playita privada y comenzaban, con parcos avances, el verdadero acercamiento. Algo suelto, una argolla tal vez, en una de las lámparas, a cada paso tintineaba, hería a cada paso a los amigables lazos de pareja. El retintín que las faldas de la luz no alcanzaban a ahogar, llegaba como el de una campanilla despertadora, hasta el aire mismo donde el fosforescente, en apariencia, dormía.


La forma en la que comencé a escribir (mientras aprendía a escribir, mientras aprendía a leer) no la recuerdo  como imágenes. La recuerdo como la sensación de entrar a otro mundo. Un mundo callado para una casa donde todo era ruido. Esa sensación nunca me ha abandonado: una pausa, como un silencio profundo. Ustedes saben de qué hablo cuando digo "mirada profunda". Esa mirada que parecería un túnel para transportarnos a un destino que no existe. Así es ese silencio que me acompaña desde que encontré la escritura. Todavía sin saber qué decía la escritura que aparecía en los periódicos y las revistas, yo los abría y comenzaba a "leer" inventando su significado, y esa "lectura" me conducía invariablemente al silencio, a ese único mundo mío. Hasta la fecha suele pasar que, si no he escrito lo que debo escribir, súbitamente me asalta ese silencio en cualquier lado, rodeada de gente, en medio de la plática con algún amigo y pienso: este es el momento en el que debo ir a escribir. Cuando llego a mi casa ya es muy tarde, el silencio se ha ido. Y no hay nada que lo haga volver. Las "redes sociales" y sus distracciones. Este blog que me permite descansar un poco. Pero yo sé. Yo sé que si no escribo el libro, cuando el libro me habla, entonces el libro comienza a escribirse sólo, en mi corazón y en mi cabeza y después ya no puedo detener sus conversaciones y sus estruendos. Si no comienzo a ponerlo pronto en alguna página, el libro me rebasará, pasará por encima de mí y me dejará vacía y escuchando los huecos de su marcha. Buscando como quien busca algo que, imagina, alguien dejó escondido antes de morir. Hoy, en casa de Román, de súbito me asaltó el silencio. "Necesito escribir" le dije. Después caminamos por Hollywood rumbo a una tienda y el silencio volvió a aparecer mientras una paloma buscaba refugio en un semáforo, cortando el frío del aire con su vuelo. Creo que su vuelo dolía. Al regresar a casa, en el camión imaginé la forma de ese libro, un libro en prosa. Una prosa sólo para hablarte. No una conversación, sino una prosa nada más para hablarte, para preguntarte  quién eres y que nadie responda. Para decirte que te quiero sabiendo que tú y yo somos únicamente yo y yo. Entonces pensé en Darwish y en cuánto lo comprendo. ¿Desde cuándo comenzaste a ser yo? ¿Desde cuándo yo soy la profundidad de un silencio? ¿Desde cuándo tú no eres tú, sino yo? ¿Desde cuándo soy cuándo y soy lugar y paloma y cielo y tienda y frío, y semáforo?

d.
Un día como hoy nos despedimos, pero en 1999. Jamás pensé que tenías razón cuando decías "hay tardes que no regresan nunca".

d.

¿Les parece extraño que yo desee la lluvia? Ni yo me conozco. Tanto tiempo de vivir en el desierto, maldiciendo los torrenciales repentinos que enmohecían casas enteras y este año, no había llovido en mi ciudad. Montañas, flores, yacimientos de brea. Y delfines. Aunque me entristezca su corazón hecho de esclavos. Pero ¿cómo amar si algo no me conmueve al mismo tiempo? Me conmueve esa sangre que fluye por debajo, para alimentar estas montañas. Porque es mi propia sangre, pero estas montañas también son algo que yo soy. Había caminado por ellas en primavera y en verano, y sobre un otoño que no parecía otoño pero hoy, hoy comencé a subir en la montaña y -tan sólo en tres días- la montaña se había transformado. El camino era nuevo. Todo estaba naciendo entre la niebla- Y la luz dorada me fascina hoy tenía el peso de las nubes. Nubes doradas, traslúcidas de sol. Y me acordé de ti ¿dónde estás? y de espaldas a la luz un azul gris se levantaba como un enorme espacio. Tanto que te gustaba el sol. Tanto que escribiste del sol. Oye, estoy enamorada.

d.


Gracias, amigos.

d.
Tengo la iluminación de un condenado
Tengo la iluminación de un condenado a muerte,
poseo nada así que nada puede poseerme
y tengo escrita mi voluntad en mi propia sangre:
"Oh habitantes de mi canción: confíen en agua"
y duermo perforado y coronado por mi futuro..
soñé que el corazón de la tierra es más grande
que el mapa.
más claro que sus espejos
y mi horca.
Estaba perdido en la nube blanca cargándome en lo alto
como si fuera un cardenal
y el viento en sí mismo mis alas.
Abajo, la voz del velador
me despierta de mi sueño, de mi lenguaje:
Vivirás otra muerte,
así que repasa tú última voluntad
la hora de le ejecución fue pospuesta otra vez.
Pregunté: ¿hasta cuándo?
Él dijo: Espera hasta que mueras otro poco.
Dije: poseo nada así que nada puede poseerme
y tengo escrita mi voluntad en mi propia sangre:
"Oh habitantes de mi canción: confíen en agua"

Mahmoud Darwish.



I have the wisdom of one condemned

I have the wisdom of one condemned to die,
I possess nothing so nothing can possess me
and have written my will in my own blood:
"Oh inhabitants of my song: trust in water"
and I sleep pierced and crowned by my tomorrow...
I dreamed the earth´s heart is greater
than its map,
more clear than its mirrors
and my gallows.
I was lost in the white cloud that carried me up high
as if I were a hoopoe
and the wind it self my winngs.
At dawn, the call of the night guard
woke me from my dream, from my language:
You will live another death,
so revise your last will.
the hour of execution is postponed again:
I asked: until when?
He said: Wait till you have died some more.
I said: I possess nothing so nothing can possess me
and have written my will in my own blood.
"Oh inhabitants of my song: trust in water."

Mahmoud Darwish (Now, As You Are Awaken -fragmento-)


Anoche platicaba con un hombre que es para mí tan dulce como el chocolate. Platicábamos de la reelección de Obama. Él estaba contento porque, me dijo, la reelección de Obama dejaba a la vista claramente que los blancos son la verdadera minoría. Estuve de acuerdo pero. Siempre hay un pero. Le pregunté si realmente pensaba que en el mundo son los presidentes los que tienen el poder y el control sobre las decisiones de nuestros destinos (¿o tendremos un destino común? ¿un horno?). Comencé a preguntar ¿Qué es lo que -y con quién- decide Obama? ¿Desde cuándo los países dejaron de serlo? La dulzura es optimista, así que prefirió creer que "por lo menos -gracias a los avances de la ciencia- los seres humanos podemos vivir más años". No pude evitar preguntar ¿Cuáles seres humanos pueden vivir más años? Tal vez los niños no mueran de tifoidea -aunque sí mueren miles y miles de niños de hambre, tifoidea y ébola- pero mueren con un balazo en la cabeza, o con el estómago partido por una ráfaga. Y no me refiero sólo a Latino América,. o Centro América. ¿Comemos mejor? ¿Nos nutrimos mejor? ¿Cuántas personas mueren mientras cruzan algún desierto en el mundo?: desplazados, enviados al horno de los desiertos o, dirigidos a sistemas de esclavitud en los países más desarrollados. ¿Cuántas niñas no mueren de un resfriado pero son vendidas como juguetes sexuales y asesinadas como animales cuando ya no son lo suficientemente infantiles? niñas de cualquier edad. No es que sea pesimista pero hoy vi fotos de algunos bombardeos. Hace tiempo que mi mundo ya no es una frontera, ni un idiomas, ni algo propio. Vivimos la época de la peor ignorancia, porque todos creemos que sabemos algo, que conocemos cómo es la vida en este mundo y pensamos que vamos bien porque la edad promedio para morir se alarga ¿realmente ese es nuestro mayor objetivo? ¿a toda costa no morir? Qué me importaría morir, si viera la muerte sólo como un proceso, y no tuviera tanto miedo. ¿Cuántas personas son torturadas diariamente? Y en verdad creemos que los presidentes deciden, y que los pueblos eligen a los que toman las decisiones. Obama me cae bien, no se trata de alguna antipatía. Tampoco se trata de sentir que tengo la razón. Mi dulce chocolate, sólo habla de amor. Y realmente brilla. Realmente hay en él una luz inexplicable. Yo no soy pesimista: escribo poesía, no soy blanca, tengo una librería, hablo sobre lo que pienso, no veo televisión. Soy una persona diferente, y por eso sé que la diferencia existe. Que por dentro llevamos universos infinitos y más entretenidos que toda la basura por la que nos obligan a trabajar y por la que nos hacen creer que debemos dar la vida. Amo, pero es imposible para mí creer que no estamos viviendo una época de exterminio.

d.
Una colección de 15 poemas de mi libro Estilo, (¿ya les he dicho que Estilo es un libro que escribió el personaje de una novela que estoy escribiendo? así que Estilo no es un libro, sino el libro que va dentro del libro) traducidos al inglés por Jen Hofer y con audio de lectura, con todo cariño para traidores y asesinos, hagan click aquí.

d.

La Luna nueva...

d.
"La pasión por la vida consiste en disfrutar la vida con el menor estímulo posible, con disfrutar cada experiencia, cada momento de la vida en su simpleza." Shivagam 


d.




Have I told you I don't know who I am?
Had I told you that I thought I had died and I was some type of ghost?     
Well now I know. I'm a piece of chocolate.

d.

Gracias, vida.

d.

Empecé una Librería Itinerante como parte de mi librería Vena Cava. Recorrer Los Angeles con cajas de libros cruzando la ciudad ha resultado una experiencia muy divertida. El otro día para llegar a UCLA tuve que tomar un autobús repleto. Cuando subí, arrastrando la enorme caja de libros, noté que en los primeros asientos, a mi mano izquierda, viajaba una mujer homeless con una maleta gigante. busqué el pasamanos para asirme y continuar, y me percaté que, recargado en el pasamanos estaba un andador metálico de un señor mayor de setenta años que viajaba enfrente de la chica homeless. Afortunadamente, al lado de señor mayor, alguien se compadeció y me dejó un asiento. Así que frente a la maleta enorme de la chica homeless y a un lado del señor del andador me senté con mi caja de libros. Todos íbamos muy apretados. Detrás de mí había subido un chico que minutos antes de abordar el camión aseguraba que yo era de Honduras y que me llamaba Miss Nuñez. El me dijo que era de El Salvador pero yo sospeché que mentía porque sólo hablaba inglés y era sumamente anglo. De cualquier forma era encantador, me mostró unos dientes blanquísimos y me dijo "este es un mundo muy pequeño, Miss Nuñez" cargaba un osito de peluche que a la vez era una funda para celular. Pronto me di cuenta que mi amigo estaba en otro mundo. El quedó parado en la entrada del autobús y a cada persona que abordaba él la llamaba por un nombre ficticio y les decía que le daba gusto verlos en este mundo tan pequeño. Al principio la gente le respondía "no, me confunde" pero cuando veían que él insistía y les contaba alguna historia, y al tenerlo tan cerca en el único y estrecho pasillo del autobús, me hacían reír con sus distintas caras de sorpresa y angustia. Eso de estar casi tocando la nariz de un chico que vive en otro mundo no sucede todos los días, pienso yo. Hasta que subío un joven de la mano de su novia. Mi amigo del otro mundo lo saludo como había hecho con todos nosotros, pero esta vez le dijo "en dos años te vas a morir". El joven se enfureció, literalmente, y comenzó a gritarle al otro mundo del chico que estaba a sólo un centímetro de su nariz. Comenzó a insultarlo y mi amigo, lo ignoraba con paciencia de ángel. Cuando cesaban los insultos mi amigo volvía a hablar: "dos años, yo sé lo que te digo". Y el joven prácticamente vuelto loco volvía con la seguidilla de insultos, hasta que la chofer detuvo el autobús. El joven, súbitamente, se había vuelto loco con las palabras de otro mundo. La chofer le pidió que bajara, y mi amigo dijo con una calma dulce : "sí, baja de mi autobús". El loco volvió a insultar, a gritar, a intentar empujar al del otro mundo y, en definitiva, ante la petición de las más de ciento cincuenta personas que viajábamos en el autobús, bajó hecho un polvorín. En la siguiente parada, el señor mayor se levantó repentinamente; se levantaba a checar que una maleta más grande que mi caja de libros, continuara justo donde la dejó: cerca de la puerta trasera en la salida. Mientras el checaha y gritaba "díganme si ahí está mi maleta" y otros tantos le decían "que sí, que aquí está" y el volvía a preguntar "¿ahí está?" y volvían a repetirle "qué sí, hombre, que aquí está" escuché una voz qué preguntaba "¿de quién demonios es esto?": era una anciana con el pelo teñido de rubio, que había confundido el andador del señor mayor con pasa manos, igual que yo. "Quien demonios deja sus cosas ahí" refunfuñó y se sentó en el lugar que el señor mayor había dejado para checar su maleta. Como era de esperarse, ya convencido de que nadie le había robado, el señor regresó: "señora, ese es mi lugar" "cuál lugar" "ese, señora, donde está usted sentada" "aquí no había nadie ¿es de usted esa cosa que estorba en el pasillo'" Si yo me levantaba, y arrastraba hacia otro lugar mi caja de libros, era probable que la anciana tomara mi lugar, y el señor del andador estuviera contento: eso hice. Arrastré la enorme caja de libros de Vena Cava hacia la puerta trasera del autobús, junto a la maleta del señor y le hice señas "no se preocupe, aquí se la cuido". 

d.
¿te había dicho que
no sé quién
soy?

¿te había dicho que
pensé que
había muerto y era yo
una especie
de fantasma?

pues ahora lo veo
ahora puedo
ver:          soy

una pieza
de chocolate

d.




¿Les había dicho que vengo aquí a descansar? Dios mío, hoy llego arrastrándome para escapar de las olas de mi arrogancia. Yo nunca trabajo: yo creo. Aunque debo admitir que crear cansa, en ocasiones, tres veces más que el trabajo mismo. Había estado todos estos meses resistiéndome a echar a andar mis proyectos. Razonando sobre experiencias pasadas. Había decidido alejarme de la idea de construir realidades no sólo para mí; había decidido dejar de compartir las realidades que creo para mí misma. Son, ustedes saben, realidades extremas. Más tardé en decidir no compartir, que en echar a andar los motores de las cosas en las que creo. Hay que tener cuidado cuando uno es algo así como un generador, porque los proyectos crecen, avanzan, se desprenden de nosotros mismos. Cuando un proyecto es bueno, avasalla cualquier identidad, extermina a su dueño. Ahora me doy cuenta que soy feliz dejándome acabar por los proyectos que construyo, que los muevo hasta que me aniquilan, hasta que dejo de saber quién soy yo, o quién construyó aquella ciudad, o aquel espacio. Me encanta perderme dentro de mis propios edificios. Nadie puede ser dueño del infinito. Pero hay quienes le abren la puerta. El infinito entra pasando por encima, nos derrumba, y uno empieza de nuevo. ¡Oh, sí! entonces uno es ese recipiente diminuto desde donde se desborda una arrogancia brillante y, por supuesto, infinita, que toca, a través nuestro, cada esquina del mundo.

d. 
                                                    "Ella dijo:

                                                     Me han traído a país sin río,
                                                     tierras-Agar, tierras sin agua

                                                     pero siempre vivió cerca
                                                     del tajo de agua
                                                     que habitaba en su cabeza."

Marcelo Pellegrini (Del libro "El doble veredicto de la piedra")

Oh, i miss you, guys!

d.

Y sí, sí amo las lecturas, lo juro. Como ir a la montaña.


d,

but do you
recall who I am, stranger? Do I resemble the ancient
pastoral poet who the stars crowned as a king of the night...
the one who renounced his throne when the stars
sent him as a shepherd for clouds?

                                   Mahmoud Darwish (Exile, fragmento)
En estos tiempos a los escritores se nos exige demasiado. En verdad, demasiado. ¿No es usted escritor, estimado lector? Entonces quizá desconozca que a los escritores antes que nada, se nos exige interpretar el papel de escritores ante un público que no quiere decepcionarse con nuestra personalidad. Exigen que, en una lectura, aparezca ante ellos la fuerza de su libro favorito en persona, la profundidad del personaje que los ha conmovido, o el shock del verso que no pueden dejar. No sólo eso. Como, por lo general, los escritores amamos los libros, se supone que también amamos encuadernar, editar, cortar portadas, coser. Quieren (¿quiénes, quiénes son ellos?) que un escritor aparezca ante el público como si estuviera frente a un animal al que hay que domar, dentro de un circo en el que todos actúan y quién sabe quién ve. Salvo extrañísimas excepciones, lectores de mi corazón, lamento decirles que, a los escritores que yo conozco, lo escritor no se les ve, más que en el corazón. Mientras publican libros que se venden por todo el planeta y dan consejos en twitter para alcanzar la luz, andan por cualquier calle, de Portugal a San Francisco, de Colombia a Uruguay, de Suecia a México: nadie los reconocería. Ahora bien, hay otro tipo de escritores por los que yo no daría ni un centavo. Esos llevan un letrero pegado en su cuerpo, con la etiqueta de "escritor", algunos no salen de las academias, repitiendo semana tras semana a sus alumnos que ellos son "autoridades en la materia" (pobres chicos: ellos, y sus alumnos). Otros viven en pobres oficinas gubernamentales donde se les paga por publicar antologías y considerar inferior, diariamente, a todo el mundo que no ha leído sus libros (por lo general quien no ha leído sus libros es el mundo entero). Yo, por esas razones, a veces me siento mal. No me apasiona cortar cartones para pintar portadas, no me apasiona subirme a un escenario, no me apasiona la academia y entonces pienso: tal vez no me apasiona ser escritora. Pero, escribir, escribir para mí es un descanso. Un placer. Recuerdo que en una cena en México un narrador, como se estila allá, de esquina a esquina de la mesa me dijo gritando: no creas que soy un escritor que escribe y se tortura trabajando todos los días, escribo allá, de vez en cuando. Se molestó conmigo por que yo, desde mi total ignorancia, respondí honestamente: a mí escribir me gusta tanto, que procuro hacerlo todos los días. Desde entonces me odió. Pero qué más da. Yo sigo aquí, descansando, me acepto con mis limitaciones, jamás pintaré un cuadro, o diseñaré una de mis portadas. Jamás encuadernaré mi propio libro. Siempre seré una persona que, vista así nomás, podría ser cualquier cosa.

d.



Después de escribir Querida Fábrica, había decidido no escribir más poesía. Consideré que era mi último libro. Luego, junto a Rodrigo Flores, escribí Intervenir (un libro con edición limitada a 30 ejemplares que regalamos en una fiesta en el D.F.). Después de escribir Querida Fábrica tuve miedo. Me asustó estar acercándome a una especie de fascinación por los cuerpos muertos. Recorría cuerpos imaginarios con pasión por su inercia y por los interminables significados y símbolos que provoca la muerte. Hoy recibí un link a una colección de fotos de Fernando Brito, y el link era anunciado como "necropoética". Si hubiera podido elegir una fotografía para ilustrar la portada de Querida Fábrica, hubiera sido una de Fernando Brito, sin duda.
      Comencé escribiendo ese libro con la idea de un personaje enamorado de la fábrica, de la industria, de su lugar de trabajo y las situaciones a las que la vida laboral lo somete, en los recorridos de una rutina dentro de esas naves industriales típicas de la frontera y, supongo, típicas ya del mundo entero. Las naves industriales son ahora para el desarrollo de los países, como los iglús para los esquimales. No sé en qué momento el amor por la fábrica se convirtió en el amor fascinante hacia un cadáver. No sé en qué momento, la fábrica con sus tonos metálicos y procesos sincronizados y automáticos; con sus riesgos calientes y el pulso de una vida sujeto a los motores, se volvió un cuerpo muerto descomponiéndose ante la mirada del amor. Pero bueno. Necropoética, le diría yo también, jugando.

d.
ay,ayayay

d.
gracias, Pasajera.

D.
Hay días así

Hay días en que se me hunde el pensamiento,
en que a pesar de tener acostado el cuerpo,
quizá debido a la luz de la luna que entra por la ventana,
me remuevo sin poder conciliar el sueño,
tanteo los días vividos como si tanteara la manta,
y me siento aturdido e incorpóreo como la luz de la luna
¿He vivido?
¿Es que en verdad he vivido?

¿Es que mediré los días vividos acostado,
una noche en que ya no volveré a ver el sol?
¿Haré un balance?
¿He vivido?
¿Es que en verdad he vivido?

¿Es que la vida es una fiesta insustancial de palabras?
Mi trabajo no es siquiera una teja para protegerme de la lluvia
y no quedan rastros de la casa que construí con palabras.
La vida es huir tanto de la soledad
que uno se pisa la propia sombra vacía.

¿He vivido?

Mu-San Baek


"Yo, Darvulia, Hechicera del bosque, que bajo la heráldica del lobo y el invierno fui madre de la tortura de escarcha, juro por la fijeza alfilereada del espejo, por ese reptil atónito entre fuego receloso, por la urraca sonora de los sótanos, por el felino de los patios embozados, por el secreto aljibe y su constelado cieno y por esas 650 mujeres de cuerpos áridos y deformes que graznan en mi soledad, juro esta vez, lastimada mía,  apartar la rapiña de tu insomnio sin linfa y el vino humano. Pues si recorto una paloma de oro sobre tu frente, si leo tu dicción de cardos, si descorro tu blindaje sedentario, el rincón lóbrego de tus ojos tiene otros postigos, tiene balanzas que despereza el azogue y habitaciones prematuras contra las sombras. Junto a la Virgen y la Cabra tu planeta es la Luna, recuerda a la orilla del otoño o su muelle de niebla, su oro empecinado en hacer la noche. Eres agua de corceles inacabados, eliges ciar y andas plomiza hacia el Este. Ama el verde deleznable y en el declina."

Sergio Ernesto Ríos (Del libro Piedrapizarnik)

pd: este poema me encanta pero ¿de esos se trata, verdad?
"No sé por qué mientras observo cómo otros se hunden en el desfile de sus dolores, yo veo cada acto doliente como mi camino sagrado. La realidad de cada sufrimiento encierra una profunda luz, una luz para ser vista por muy pocos. Aquí está, por ejemplo, el sonido incesante que produce el motor del refrigerador; el hocico mordido de un animal salvaje que se rinde, el mosquitero de una puerta vieja que no protege a nadie. Y yo en el centro de todo ese esplendor. El animal se revuelca agonizando, desesperado y yo, sólo veo que muy pronto, sus ojos estarán detenidos y, mientras el refrigerador agita sus campanas afónicas, lo estamos despidiendo porque ha entrado a un universo que aquella puerta y yo deseamos, fervorosamente, conocer. pero, nuestra emoción es tan vieja y tan gris, tan desangrada, que no podemos revolcarnos, que no queremos nada, y que nada nos duele suficiente."

Lorenzo Calleros

ya se acerca la Luna del Desierto. el corazón de la Luna se encarga de mi sangre

d.

"Pero yo, desde hace mucho tiempo, supe que todos los deseos son imposibles. Desde entonces la fascinación de sus orígenes me posee y los contemplo, como quien entra a un universo que no tocará nunca. Pero es el simple hecho de habitar los deseos, el sólo hecho de desear, el que me satisface con una satisfacción extravagante y absoluta. Así es que algunos piensan que me conformo sólo con desear. Y no, eso no es cierto. Porque ¿No es uno mismo, siempre, el creador de todo lo deseado?"

Lorenzo Calleros. Bogota, 1949 (fragmento de la novela Transcurso).