Esta es una buena noticia. Mi participación en "I Sit Like a Garbage Dog" una antología en folleto que se reparte en un museo de Brusselas (Center of fine Arts -BOZAR-), traducida a tres idiomas -o cuatro, ya no me acuerdo-. El tiraje fue grandísimo. La poeta alemana Daniela Seel hizo la selección que incluye poesía de África del sur, Líbano, Japón, Korea y otros países. Es tan buena noticia, que la embajada de México en Bruselas, se colgó el milagrito y anunció el evento en su agenda como "Artista mexicana Dolores Dorantes participa en blah-blah-blah" con sus respectivos sellos presidenciales simulando un patrocionio que nunca ortorgó (porque ni les fue solicitado). Pero en fin, qué bueno dar chamba a todo mundo, justificar el presupuesto de algunos canallas y sobre todo, estar junto a estas manifestaciones de lo femenino y radical.  ¡Ya me llegaron los ejemplares para mis amigous!



pd. mi mami fue quien asistió a esta expo en mi representación, yo todavía no cumplo 75 (aunque parezca).


Ugalde, el mesero, no es el que es, es cabeza de puente, la punta de una rama moviéndose, viviendo en el aire de los otros. La luz de las tormentas, claridad en el árbol extremo; en las arenas de aquí, fulgor para unos cuantos. Porque el fulgor ofende. Grano de sal que licua la carne de domésticos caracoles. Y siempre dirá no conocer ni sombra de los mares.


Dadas las circunstancias y reconociendo el amor que me tiene mi país, debo confesar que soy chapina. ¡Viva Guatemala!
Mi siguiente fichita (de esas que contribuyen al culto a la personalidad) de autor. Dirá: Tziquin Ak'bal, nació en Sumpango, Santiago Sacatepéquez, Guatemala, donde conoció el amor de los barriletes que, con ojos de sol y de serpiente, contemplaron su nacimiento para después elevarla por cielos radicales de los que no baja desde entonces. Por eso no se cuadra.

d.


Cristalina ágata parecía el ojo izquierdo. Como a un goterón de agua, lo llenaba la luz de afuera; el ojo que realmente miraba, y al que se dirigían las miradas del portador, era el derecho: a su esférico vidrio, defendiéndose o huyendo del fuego cercano, se asomaba, potencia agudizada, el alma.

Jesús Gardea (El biombo y los frutos)




Dios los oía zurear. Dios no se reconocía en el arrullo de metálico timbre. Movía hacia atrás un pie como la ola que se retira y vuelve al mar. 

Jesús Gardea (El agua de las esferas)


Deseaba a solas, tal vez, como en los vicios secretos, el disfrute intenso de su propia burla. Pero si él había confundido ciertas apariencias en el mundo, no había tal burlista sutil sino, peor aún, practicante del vicio íntimo de la locura.

                                                     Jesús Gardea (El agua de las esferas)



Decir tú y yo es entrar en el circo,
allí el león, aquí un círculo de monos,
al costado la bailarina en compás. El aire
traslada otoños de un lugar a otro, el año
no tiene origen. La margarita amarilla
brilla en dos ojos. La oreja de Van Gogh
como el sol cae sobre el pavimento: un tajo
inocente corta el gorjeo de un pájaro. Estos es cierto
en el norte. Puede ser mentira en el sur. En efecto
(o en el vuelo del cormorán) ¿de qué pájaro hablas?
Del cormorán y su vuelo demorado sobre el cielo, que
supone un tono púrpura, puro en la tarde y en la noche
Dios dirá. Pero insistir en tú y yo a esta altura
del río, en el Nilo donde teje la que teje, es desatar
la madeja en las tijeras, dejar de oír el griterío del
sonido, esa maleza.




Algo


Suelto lo que me viene a la cabeza:
una losa una loa

la piedra en el estanque
la bolsa que se cae de las manos
o que se desfonda, como un trozo de mierda de caballo  

o sin imágenes:
la claridad idiota

Mundo es una palabra difícil de cargar

Aclaro:
las causas nobles están fuera de aquí
como los gases nobles o las monarquías

Aclaro y obscurezco:
la vaca sagrada
en medio del templo

Ya se sabe que pastan y cagan y sacuden insectos con la cola
y que no falta mosca que les lama el culo

Polinización de la mierda:
linda flor para tiempos de penuria

Obscurezco:
capa tras capa de papel manchado

O raspo:
número de la suerte

está echada –como la vaca-
no la molesten

está hecha de momento

La moneda va al aire,
el sol se eleva y al águila lo sigue

no bajará,

lo que cae es otra cosa
la moneda labrada
al tipo de cambio

pero no hay cambio

casi no queda cambio en los bolsillos
casi no queda cambio en la imaginación

incluso el venerable pasatiempo
de imaginar las formas del silencio
se agotó

como la rima o la imaginación

Gastado como la moneda gastada
o la moneda falsa

la que cayó a plomo y dejó brillo y alas en suspenso


                                                              Juan Manuel Portillo


                                                                   

(adivina el autor)



                                 Soy lo que utilizo. ¿Utilizo tu cuerpo?
                                 Soy tu cuerpo. Lo demás es liso y lo demás
                                 es curvo y al final de la línea espera el cuervo.
                                 Al caer la curva la luz está cansada, anaranjada ya,
                                 pero el pico del cuervo la espera. Así ha sido siempre
                                 desde el comienzo del cuerpo. Un día hay luz, otro
                                 día no hay luz, al siguiente viene el guía que te lleva
                                 --me visto con tu cuerpo que tan bien me va-- oscuridad
                                 adentro. Esto es central, con sol en el centro.
Quisiera no haber visto lo que vi. No ha haber vivido lo que viví. No haber conocido a quien conocí. Quisiera no haber leído lo que leí. No haber amado a quien amé. No haber traicionado a quien traicioné. Quisiera no haber mentido a quien mentí. No haber terminado con quien terminé. Quisiera no haber ido a donde fui. No haber despertado donde desperté. No haber cruzado la calle que crucé. No haber tomado el camión que tomé. No haber llamado a quien llamé. No haber ido a mi casa cuando fui. Quisiera no haber llorado como lloré. Quisiera no haber no amado a quien no amé. Quisiera no haber dicho lo que dije. Quisiera no haber escrito lo que escribí. No haber conocido a quien conocí. Quisiera no haber dirigido mi paso a donde lo dirigí. Quisiera no haber creído en lo que creí. No haber besado a quien besé. No haber vivido como viví. No haberme drogado como me drogué. No haber olvidado lo que olvidé. Quisiera no haber tenido la vida que tuve. No haber tenido los muebles que tuve. No haber tenido el amor que tuve. No haber tenido el teléfono que tuve. Porque en todo lo que tuve me equivoqué. En todo lo que mentí me equivoqué. En todo lo que amé me equivoqué. En todo lo que traicioné me equivoqué. En todo lo que terminé me equivoqué. En cada calle que crucé me equivoqué. En cada llamada me equivoqué. En todo lo que lloré me equivoqué. De todo lo que me alegré me equivoqué. En todo lo que besé me equivoqué. Cada paso que dirigí lo equivoqué. En todo lo que escribí me equivoqué. Con todo lo que conocí me equivoqué. No escribí nada bueno de lo que vi, porque lo que vi era más bueno. No conocí a las personas que conocí porque todas sólo fueron la personalidad de mis interpretaciones. No saqué nada bueno de lo que viví porque lo que viví siempre fue más bueno. No me quedé con nadie de quien conocí porque las personas que conocí siempre eran más buenas. No llegué a ninguna parte con el camino que escogí porque al escoger el camino me equivoqué. No salí de mi casa cuando salí porque siempre fui cuatro paredes dentro de cuatro paredes. No besé a quien besé porque jamás estuve afuera. No viví lo que viví. No olvidé lo que olvidé. No tuve la vida que tuve. No terminé lo que terminé. No creí lo que creí. No creo lo que creo. No vivo lo que vivo. No termino lo que termino. No beso lo que beso. No salgo cuando salgo. No llego a ninguna parte. No me quedo con nadie. Nunca conozco a quien conozco. No olvido lo que olvido.

De Estructura (fragmento)
Yo también tengo amigos en Palestina.

"Me veo a mí mismo como un ciudadano global y un escritor global, en lugar de local."
Will Alexander
Y me puedes explicar, Guru ¿por qué si es tu cumpleaños a mí me llegó un regalo? Oquéi, no me respondas :)
¡Feliz día de la iluminación! ¡Feliz cumpleaños, mi amor!

¿Cuándo nos tomamos una foto así?

"Paradójicamente, cierta paz interior parece nutrirse con un hervor de ira
--con un hervor de ira, con un hervor de júbilo, con un hervor inexpresable.
Con un sentimiento provocado por el cuerpo físico, por este instrumento del vivir,
con desesperanza, con calma, y con mucho dominio y con mucho rigor,
ante el inminente acabamiento de la extraña aventura, incomprensible y pavorosa que se llama vivir."
-Jaime Sáenz

Y como "coincidencia", así apareció ilustrada una de mis publicaciones en la revista Zurgai, que hacen en Bilbao. La colección se llama "Versos por la paz... y contra el miedo." Una brujita semidesnuda, un inquisidor, y varias mujeres ahorcadas: ¡la historia de mis vidas! ¡Nice! Gracias a esos poetas vascos que hacen posible esta publicación. ¡Qué manera tan linda, solidaria y respetuosa tienen de trabajar! Su amor por la literatura es contagioso (aunque publiquen a Homerdo Aridjis, ni hablar -je-.)

d.

¡uy!

Seguiré este consejo en caso de que tengas otra ronda de preguntas, cariño: "People will stop asking you questions, if yo answer back in interpretative dance."

d.
Me da gusto ver a mis amigos tan enteros, tan centrados en sus reflexiones.
No sé a ciencia cierta qué le preguntaba ese entrevistador, pero me encanta escuchar a Álvaro platicar de esa manera tan importante en que acerca la literatura, la reflexión y la conversación a las comunidades marginadas de latinoamérica. Pero el entrevistador también dice algo muy cierto: "la literatura es medicina barata a la mano del pueblo." ¡Vivan!

"Who are you? You check all your body parts and say; I am myself. They say: Where is the proof? You say: I am. They say: This is not enough. We need lack. So you say: I am both perfection and lack. They say: Say that you are a stone so we can end our excavation"  Mahmoud Darwish


¿Han tenido esa sensación de estar parados en la orilla de un precipicio y que su vida depende de la mano de otra persona para no caer? Oquéi, esa es una imagen un poco complicada. ¿Han sentido que todo lo que son puede dejar de existir en un segundo? Pero, peor aún, ¿que todo lo que son puede dejar de existir en un segundo y algo de ustedes permanecerá lo suficientemente conciente como para atestiguarlo? Un derrumbe. Dos derrumbes. Esa es una sensación que se ha vuelto constante en mi vida. Me invade, me marea. Creo que me desintegro, que me derrumbo y después algo de mí se levanta, se sacude y comienza a caminar, como si fuera otra persona. Ese filo, este momento antes del derrumbe provoca uno de mis miedos más grandes. Ese momento en el que uno sabe que todo va a caer, sin remedio. Como si se derrumbara dentro de mí antes de la caída. Quizá esta sensación pueda asociarse con el sadomasioquismo. Los momentos de vulnerabilidad. Alguien sabrá que recibirá un golpe, lo espera, puede sentirlo antes de que suceda. Pequeñas escalas de la misma cosa. En mi caso tiene que ver con las experiencias de la vida. Me he arrojado a la vida sin remedio, metiendo el cuerpo por delante mucho antes que cualquier otra cosa. Ahora puedo percibir los derrumbes, ahora sé cuando estoy parada ante uno de ellos. Me dan miedo  pero los tomo de forma diferente: si muero después de un derrumbe, bueno, ya está. Si no muero después de un derrumbe, bueno ya está. No intento controlarlos. No hay nada que pueda hacer para que sucedan de otra manera. De lo que estoy segura es que, si los observo bien, puedo vivirlos como si me estuviera aventando a volar, o a caer. ¿uno puede saber lo que es una caída viendo cómo cae otro? uno puede saber lo que no le gusta de la caída del otro, o cómo el otro tomó la caída, o la muerte con la que se encontró el otro pero ¿por qué nuestras experiencias tienen que ser iguales a lo que percibimos de los otros? entonces ¿cómo saber lo que es una caída sin caer? y ¿cómo aprender a dominar el vuelo sin entregarse a la caída? Esto es sensual también; es la vulnerabilidad que va mucho más allá del cuerpo. Es, la vulnerabilidad de la mente. Pero, lejos de las divisiones que podamos crear, solo: la vulnerabilidad. La total vulnerabilidad que me ha causado vértigo, miedo, terror, paranoia, ganas de correr; es la misma que, cuando todo se rompe o se derrumba, me permite ser testigo de que la libertad existe, en pequeñísimos, instantes de la vida.


Y bueno. Las estrategias se despliegan. La paz manotea, se defiende. La matan, reaparece un grupo y la resucita utilizando a su vocero como intercambio, comunicándose con la muerte. "Esos, aprendizes de brujo" dijeron cuando mataron dentro de su comunidad autónoma a uno de los suyos que andaba dando clases ahí, desarmado. Se intercambian los nombres, las voces. Todo dentro de mi memoria ¿o dentro de mi conciencia? ¿La conciencia tiene un adentro? Anyway. En mi conciencia creo, en este dentro y fuera, aquí y allá. Tú y yo. Patria y destierro. 
A todos los que hablamos con la conciencia se nos facilita tu discurso. Todos los que hablamos con la conciencia sentimos el manoteo de una paz herida que advierte su levantamiento. "Esos aprendizes de brujo" sigo dándole vueltas a esa frase. Y a Chiapas. Pero también a mí, a mi propio manoteo, al manoteo de mi propio disfraz herido; herido de lenguaje, diría un Uruguayo, herido de muerte sangrando egocentrismo. El egocentrismo es una forma de violencia, la ejercemos todos los días sobre nuestros seres más queridos. Y ya sé que tú ahora vas a decir "eres una egocéntrica, tú misma lo escribiste en tu blog" (esas argumentaciones estúpidas) como si te estuviera yo dando aquí una herramienta más para que continúes descuartizándome. Y es que, no has entendido nada. Somos egocéntricos, yo lo admito y tú no. Somos soberbios, yo lo admito y tú no. Fracasamos, yo lo admito y tú no. Tu crees que escalas mientras usas las cabezas de los otros para subir a ese mundo chiflado, construido a base de estimulos de todas las clases y en todas dimensiones: premios, clase, contratos, cetros, coronas, idolatría, hermosura, manjares, propiedades, voces que te repiten que eres la mejor, lo máximo, el fruto más interesante de la resistencia, la feminista envidiable y feroz, artista, periodista intachable y justiciera, con todo el derecho de tener sirvientes y choferes a tu cargo y una alfombra de cuerpos para que te pasees por tu país; porque ése es tu país, frenético, delicioso, un manjar que no te sacia nunca. Y te darán otro cetro, y otro cetro, y otro cetro y tu nombre será cada vez más grande y más grande y no habrá cabezas suficientes para que tus pies delicados y femeninos continúen sosteniéndose, por lo menos, en el poder que te hace sentir viva (y culta, y superior). Un paraíso tu mundo, sí. Yo, en cambio, siento un hueco en el estómago cada vez que tengo que hablar sólo con mi nombre, cuando alguien ve mi nombre y me dice, firma aquí. Llena este formulario, aquí está tu nombre en este cheque. Llevo años con un deseo de desaparecer velado. No es un intercambio, no quiero otro nombre, no rechazo mi nombre. Es un anhelo. El anhelo de que no hablemos desde mis deseos o tus deseos. Y es que, cada vez, la personalidad en sí misma me parece una aparición repugnante; la propia personalidad es un veneno ¿te había dicho ya? Cuando te acercas a mí alzando tu personalidad, me enfermo, y cuando pretendes que mi personalidad aparezca y tenga un diálogo con tu personalidad me siento derrotada y triste. No tengo alternativa. Todo lo que me rodea son personalidades intentando imponer sus preferencias inconcientes, cargadas de la avaricia sepulcral que caracteriza las vilezas más atiguas; cada vez que me compro zapatos me da mucha vergüenza. Me doy mucha vergüenza, sí, eso también puedes usarlo en contra mía, mi vergüenza, de cualquier modo no creeré ninguna de tus acusaciones. Tengo mis ojos muy cerca de la desaparición, y mi ánimo está bien puesto en La Realidad, sin estímulos, de esta vida.

d.


¿Qué sigue?

"Sólo ven lo pequeño que son, hagamos a alguien tan pequeño como ellos, que a él lo vean y que por él nos vean". 
"Porque, compas, una cosa es gritar 'no están solos' y otra, enfrentar sólo con el cuerpo una columna blindada de tropas federales..."
Radiografía del cerebro de Dolores Dorantes.


Escribo aquí para descansar, me gusta recordármelo a mí misma cada vez que siento la necesidad de abrir esta "ventana". Ustedes saben, abrir esta ventana que no es una ventana, para llegar a esta página que no es una página, y escribir algo que, bueno, por lo menos, parece que si reúne las características de ser una escritura: uso palabras y para formar las palabras uso cierto alfabeto and so on. Hay quien ha llamado a mi descanso "promoción" o de forma más precisa "autopromoción". Hace ¿catorce años quizá? que comencé a usar este espacio para venir a descansar, a descansar del lenguaje que se amontona todos los días en mi sistema nervioso, en mi cuerpo, en mis procesos mentales, en "el pensamiento" que le llaman. Me lo recomendó Heriberto Yépez. Quién lo dijera. Ahora es hasta terapéuta (hace catorce años Heriberto actuaba con mucho más inocencia, podríamos adivinar, en fin.). Y vaya, esta ilusión se volvió parte de mis remansos. No pienso en la autopromoción como tal. Soy una persona muy distraída. No pienso siquiera que alguien se tome el tiempo de venir aquí: ya saben, a un lugar que no es un lugar. Algunas veces he dicho cosas como "me van a perdonar pero no tengo vocación de poeta local" o he celebrado momentos en que me invitan a algún festival inetrnacional en Suecia, o me traducen al alemán, o soy requerida en una antología que aparecerá en Francia. No creo que el punto sea la autopromición ¿promoverme para qué? yo no vivo de la venta de mis libros, ni de la compasión de mis lectores ¿tengo lectores? ¿qué poeta vive de eso?. Nuestras percepciones son diferentes. El punto creo es celebrar el hecho de que soy una mujer. Una mujer morena, de abuelo negro  y abuela indígena por el lado materno. Que estudió en escuelas públicas. Proveniente de la clase media-baja. Que escribió sus seis primeros libros en una ciudad a la que el gobierno sometió al aislamiento cultural y educativo no por coincidencia, sino con toda la intención de utilizar a la población como mercancía que la industria extranjera rentó, explotó y consumió a destajo. El punto es que soy una mujer que no obedeció las reglas institucionales para publicar, para obtener una beca y para "escalar" los peldaños que conducen al reino del mundillo institucional de las letras. Sólo confié en mi trabajo. Formé parte de un sólo taller, el taller del INBA, para saber cómo es que no quería escribir. Para darme cuenta que en mi ciudad imperaba el machismo y la ignorancia. No es que sienta que he obtenido algo o que he llegado a alguna parte. Lo que creo (y sí, digo creo y no "pienso". Porque es una cuestión de convicción que va más allá de las estrategias intelecuales para sentirnos valiosos o vivos) es que cada vez que comparto la publicación de alguno de mis libros (de cuya estética dudo tanto y más que mis propios detractores) o comparto la noticia de que mis textos se han publicado en Suecia, Alemania, Holanda, India, Brasil y el país en el que vivo, no es la celebración exclusiva de que yo he llegado a algo, o de que yo soy superior a otros escritores que luchan por abrirse paso dentro del infierno institucional. No concurso para obtener premios. Tuve una beca nacional que no pedí. Varias becas estatales que no me querían dar y que causaron el absoluto encabronamiento de los hombres que foramban parte de la "autoridad" cultural. Porque en el arte la autoridad no existe, porque el trabajo de ningún artista debe cuadrarse ante ninguna autoridad. Porque me parace denigrante el sistema de apoyo para las artes en México que invierte millones y millones de pesos para someter a los artístas a ciertas bajezas. Es denigrante que los oblige a comportarse de tal o cual manera para recibir un premio. Es denigrante que los obliguen a concursar para obtener apoyos, y después sean engañados con la idea de que un jurado deliberó sobre la calidad de los libros que se presentaron a concurso. Celebro que puedo demostrar lo que mis mejores amigos me enseñaron: que el trabajo se abre camino por sí solo. No celebro que soy yo quien lo ha hecho. Celebro que puedo decir que no es necesario hincarse y lamer el culo de las autoridades para ser artista. Que no hace falta que ninguna mujer joven intercambie favores sexuales con su maestro para ser "promovida" y obtener una beca. Que los premios significan absolutamente nada (salvo el arribo al lugar de la autoridad cultural para ver, con ojos propios como todo es una gran farsa burocrática para repartir el presupuesto entre unos cuantos, asegurando la cadena de servilismo que beneficia a los más privilegiados). No se trata de mí, creo que lo que ha sucedido (porque ni siquiera puedo decir que yo lo he hecho) con mi trabajo, puede suceder con el trabajo de cualquier artista (y tal vez puede suceder en mayores escalas, porque allá afuera hay jóvenes brillantes). Tal vez no es un punto que ha quedado muy claro en mis posts anteriores. Pero estoy convencida que un escritor no debe pensar en ser el mejor ¿el mejor de qué, comparado con quién? Y creo que en el arte no hay escalas como las "autoridades" en la materia aseguran: local, nacional, internacional; jóven, con trayectoria, abuelo excelso y así; el arte es arte y punto. Un premio no garantiza la calidad de un trabajo. Ningún escritor, y ningún artista, debería someterse a los caprichos de un sistema gubernamental como el mexicano, que en términos de control intelectual es uno de los más siniestros y aberrantes. No he leído lo suficiente, no soy académica, soy mestiza, mujer y lo que otros considerarían pobre (pero yo no). Sobrevivo día a día. Supervivo día a día. Escribo. El arte no necesita promoción, no es un caldo de pollo, o un nuevo modelo de zapatos. Pero además tampoco creo que soy sólo escritora, o artista. Escribo sí, pero soy muchas cosas, y por completo no soy ninguna.

d.


He estado recitando algunos Dharanis para quebrarme por dentro. No encuentro otra forma de decirlo en español. No me refiero a rendirme en el camino (o sí). Quebrar todo obstáculo interior que se opone a la fuerza de la mente. No es lo mismo que soltar amarras. Porque uno suelta amarras de forma cálida y suave, ondeando felizmente el pañuelito de la despedida. Me refiero a quebrarme por dentro como cuando un edificio se derrumba. La estructura se cae. Lo que existía no se va, se derrumba, se convierte en otra cosa. Lo que era una ciudad puede volverse una nube de polvo. A ese tipo de derrumbe me refiero. Cuando hago este tipo de procesos no sé qué es lo que se va a quebrar. Canto los Dharanis por 41 días. Entre más días pasan más va tomando forma la caída. Las situaciones comienzan a doler, las ilusiones se vuelven nítidas, el mundo del ensueño comienza a manifestarse como una burla. El orgullo reacciona, pelea, resiste. Hoy me avisaron de Alemania que había recibido una beca para terminar de escribir uno de mis libros que, irónicamente, se titula "Estructura". Pero ya desde ayer mi corazón se estaba derrumbando. Ya desde ayer yo no tenía cabida en la ilusión. En la ilusión de las personas que más quiero. Desde ayer hablaba de proyectos, de cosas que convienen y que no convienen y por dentro escuchaba una voz que decía "no importa" y no sólo sabía que nada de lo que estaba discutiendo importaba: veía que nada de lo que estaba discutiendo importaba. Que en los hilos de lo que se tejía había motivos como "destacar" "tener la razón" "no quedar mal con los demás" "comenzar un proyecto y terminarlo con éxito". Y podía ver claramente cómo todos esos impulsos sí, funcionan, caminan, tienen energía y vida: son reales. Pero las intenciones no. Las intenciones detrás de los motivos eran cascarones cargados de necesidad. Necesidad de hacer las cosas bien, necesidad de ser notado como alguien creativo, necesidad de ser visto como alguien inteligente, necesidad de demostrar que hacemos bien al mundo. Ese tipo de necesidad se llama carencia: un hueco (no un espacio, sino la pura ilusión: el lugar donde la realidad se muere) ¿Cómo puede un proyecto movido por la carencia ayudar a quienes necesitan? fácil: todos los necesitados se entretienen, detenidos en su necesidad decorada con brillantes ideas. Entonces algo comenzó a derrumbarse. Un primer cimiento se cimbró. No es que lo sepa, es que lo veo, lo vivo. Vi cómo aparecía el polvo y el silencio de pequeñas piedras despeñándose se sumergía dentro de otra onda más grande de silencio. Nuestra atmósfera es más densa y más tangible de lo que regularmente percibimos. Ahora es como nadar en ella. Y cuando nado en ella nado en mí, porque mi mente no vive sólo dentro de mi cabeza; vive en cada derrumbe que percibo en los paisajes de la tierra, en cada voz que se transporta para que mi percepción la decodifique y la interprete. Yo estoy ahí, y aquí, y todavía me faltan por cantar otros 14 días.

d.

Amo Los Angeles. No hay otra forma de definirlo. Esta ciudad me atrapó, completamente. Quizá no tanto por su condición de ciudad como por su capacidad para convertirse en un área rural en cualquier momento, en cualquier lugar. En esta ciudad el lugar nunca se apodera del espacio ¿saben a lo que me refiero? Tal vez no, porque sólo sucede en Los Angeles. En Los Angeles es evidente que la fuerza de la naturaleza empuja por encima de la metrópoli. Hoy es domingo, por ejemplo, las campanas de la iglesia italiana llegan hasta mi jardín, junto con el canto de los pájaros. ¿Quién pensaría que vivo a diez minutos del centro? Mis vecinas alimentan a sus plantas, y hablan con los árboles (en chino o en koreano, yo qué sé). El coleccionista de vochos se dedica a consentir a su familia. Todos dicen hola. Un Hola que no es citadino. Es el hola de los expatriados que, por encima de los avatares de la subsistencia se aferran a la paz del domingo. Una de mis vecinas padece de alguna enfermedad mental ¿quién de nosotros no? así que cada mañana pasa por aquí buscándome para decir hola, porque no habla con nadie. O nadie más le habla, yo qué sé. Me maravilla cómo su sonrisa se alza mucho antes de que alcance a saludarme de lejos pero, si yo bajo, si la encuentro de frente deja de conocerme. Se va, hablando en chino dentro del mundo que imagina: la naturaleza de la mente por encima de nuestras buenas intenciones. Los helicópteros sobrevolándola a las 2 de la mañana, siempre. Y Diva que con su pata rompió una de mis suculentas preferidas por perseguir a un gato. La naturaleza de los animales por encima de la ternura de las plantas. Festejo cada temblorcito cada movimiento que asusta a muchos por aquí: la naturaleza de la tierra por encima del concreto que, nos da por pensar, funcionaría de algo, para alguien.
Oh, mi símbolo sexual pasó entre 1966 y 1967:
Jazz, comida italiana y amor pueden hacer la noche perfecta para mí (flores: la noche inolvidable). Esta noche fue así, de no ser porque comencé a notar que yo era feliz, mientras mis seres queridos difícilmente se veían a los ojos. Pedí un café con licor para cerrar la cena y decidí brindar: qué bien me siento, me siento feliz. Qué maravillosa es la felicidad ¿no es cierto? Todos me dieron un largo: siiiiiiii. Les platiqué mi idea de hacer una sesión de fotografía desnuda, para la portada de uno de mis libros. Antes de que "todo comience a ver al sur" les dije; algunos de ellos rieron. Uno es fotógrafo, así que le pregunté si él podía tomar las fotografía: por supuesto que no, busca a alguien más para ese privilegio. Bueno, de cierto modo yo conocía la respuesta desde que hice la pregunta, pero insistí: vestiré un kimono abierto, y estaré desnuda leyendo un libro en mi mesa de jardín. ¡mmmmmh! exclamó, pero no cuentes conmigo. Nos reímos, me da gusto ser yo, intentar ser yo, intentar ser libre. Me ha resultado tan difícil volver a ser libre. No podía explicarles la liberación que significa para mí la desnudez, cuánto amo y disfruto mi cuerpo -tal cual-, cómo lo percibo como si se tratara de una flor, y esas cosas en las que he meditado desde hace mucho tiempo. Terminamos de cenar y mis seres queridos comenzaron a discutir, de otras cosas, de sus inconformidades, de sus desacuerdos, de la mujer que pasaba y la ropa que vestía. Alguien mostraba una especie de agua oscura en su interior, no tengo otra manera de definirlo: una especie de agua oscura que cargaba filos, filos ocultos. Dos segundos atrás yo me sentía bien, satisfecha, y bastó ver el sufrimiento de esa persona para sentir mi corazón roto. Tengo el corazón roto mientras escribo esto. Mi corazón se ha roto otra vez.  ¿Por qué no se sentía satisfecha? ¿por qué no siente gratitud? Acabábamos de estar escuchando una música maravillosa, los meseros cantaban ópera, el postre y el café estuvieron deliciosos ¿Por qué pareciera que nada es suficiente? y ¿por qué yo necesito su felicidad? ¿Quién creo que soy, que pienso que mi presencia dará felicidad a otra persona? Cuánta arrogancia es la que ejerzo mientras soy feliz. Una persona que guarda agua oscura en las esquinas de su corazón, una persona que habla desde ahí utilizando filos. Vi esa agua oscura porque soy agua oscura y filo. Yo misma me dedico, una y otra vez, a romper mi propio corazón. 

d.


HAPPY!




Bueno, casi se acaba marzo y parece que mi idea de sembrar un jardín, comenzar un huerto, enamorarme (ja, mi idea de enamorarme) y estudiar ha logrado contrarrestar la asociación que cada marzo hacía yo con la muerte. Desde hace catorce años parecía que en mi vida, marzo, era la esquina donde la muerte y yo nos citábamos para platicar, para celebrar los cumpleaños de mis hermanas mayores y hacer un recuento de todo lo que me había salido mal en la vida. Este marzo no tuve tiempo para eso. Debe ser el amor, o que Diva y yo estamos envejeciendo y necesitamos utilizar el tiempo en disfrutar cada pequeña satisfacción; o quizá debe ser que la muerte por fin se me salió del cuerpo, después de catorce años. Quizá eso. Nunca sé a ciencia cierta qué es lo que sucede, pero lo intuyo. Hace meses le pregunté a mi Gurú "¿Qué hiciste?" ---"Amor" me respondió. Pero claro, eso era lo que un Gurú respondería ¿cierto? No iba a sacar la lista de conjuros, rezos, batallas contra la oscuridad, daranis, mantras, que ha hecho por todos nosotros durante todo este tiempo. Nos estábamos divirtiendo. He estado tan satisfecha todos estos meses que tenía miedo que marzo llegara y lo nublara todo, sólo para demostrarme que las cosas no cambian. Tenía miedo de que un sólo día de marzo bastara para derrumbar todo lo que he(mos) construido estos años. Pero no. Marzo cada día se pone mejor. Ayer decidí ir a una lectura. No voy a lecturas, mas que a mis propias lecturas, pero esta lectura fue de CA Conrad. Todos mis amigos me han hablado alguna vez de CA Conrad: es mágico, es increíble, te encantaría, deberían conocerse... etc.etc.  A dos cuadras de mi casa está el Poetic Research Boreau, manejado también por tres poetas que han iniciado discusiones públicas muy interesantes acerca de la poesía conceptual. Cuando leí una entrevista que les hicieron hace unas semanas me dio gusto que esos chicos estuvieran en mi barrio. Anyway jamás había estado en una lectura de CA Conrad, así que tenía mis sospechas pero, al lugar comenzó a llegar la comunidad de poetas que he visto y re-visto durante más de diez años cada vez que visitaba Los Angeles. Repentinamente me di cuenta que resultaban rostros conocidos no sólo por los rostros sino por el talento que suelen demostrar y, junto con el talento, el compromiso social y político. Pues ahí estaban todos, faltaron quizás Ken, Sesshu (pero Sesshu no es una visita común en esas reuniones). Me dio un gusto enorme ver a Harold. Todo rodó fantásticamente y CA Conrad comenzó a leer algo como: --"Disculpe ¿Conoce usted a esta persona? (y mostraba una foto de sí mismo). Algunas personas me respondían que creían que era yo.". El sentido del humor en la literatura muy contadas veces se logra con fortuna, por eso, en ocasiones, me parece que muchos poetas "americanos" están haciendo stand up comedy. Este no fue el caso. ¿Cómo enfrentar la constante vigilancia a la que nos someten los sistemas globales? ¿Cono encarar el hecho de vivir, o haber nacido, en el país responsable de muchos sistemas creados para controlar y manipular a la población mundial? ¿Como encarar el hecho de vivir en uno de los países más avaros del mundo? Bueno, CA Conrad sabe cómo hacerlo, y hacernos reír con esa amargura encima. Pero no, con esa dulzura, la dulzura de ser consciente del mundo en el que estamos, de estar completamente presente. Hay una parte de su lectura que aún no me saco de la cabeza, acerca de las cámaras de vigilancia (creo que leía esto mientras la tierra agitaba la cola como si fuera un perro, logrando un sismo de 5 punto y algo que a algunos de nosotros nos causó un pequeño mareo... oh, LA -no sé en sus ciudades pero aquí, la tierra está tan viva que se mueve). Decía que se colocó frente una cámara de vigilancia y comenzó a introducir su lengua en una flor, metía y sacaba la lengua, metía y sacaba la lengua; hasta que un policía llegó y le reclamó ¿Qué hace? ¿Qué está usted haciendo? ---¡Soy un polinizador! ¡Soy un polinizador! En ese momento fui feliz. La flor estalló en mi mente. ¿Ven cómo mi felicidad es algo simple? Basta un poco de arte, de amor despojado de egocentrismo y necesidad de ser notado como una figura del espectáculo. 

d.
Exvoto creado por José Antonio Castillo Riaño
post dedicado a mi querido amigo 
Hugo García Manríquez

Hace tres días, mientras arreglaba el jardín y trasplantaba algunas macetas pensé "qué bien quedaría aquí una mesa de patio". Hoy regresé de la escuela a las diez de la mañana y la mesa estaba ahí. Sí, como lo oyen, ahí, en mi patio estaba la mesa de vidrio grueso y hierro forjado. Un poco sucia, cubierta de tierra, vieja, pero estaba ahí. Justo como la había imaginado. Sara, mi amiga y casera, decidió deshacerse de ella y, por razones que desconozco, mandó a alguien para que la dejara en mi casa "que la puedes usar, si quieres, dice Sara". Me dio tanta alegría que inmediatamente comencé a lavarla y pedí ayuda para colocarla justo donde imaginé. Wow, es una mesa grande, espaciosa, como para trabajar al aire libre, mientras las uvas crecen y mi ciruelo y yo continuamos enamorándonos. A eso yo le llamo poder creativo. La capacidad de imaginar, y que lo imaginado se manifieste, se vuelva tangible. También le he estado dando vueltas a la definición de "experiencia"  ¿la experiencia siempre pasa por el cuerpo? ¿la experiencia recorre el cuerpo? ¿cómo hago para transmitir la experiencia del poder creativo? En fin. La creatividad no consiste en pegar sopitas a una hoja de papel ¿o sí? ¿quién puede definirlo? ¿Hace falta definirlo? Bueno, yo creo que la experiencia debe pasar por nuestro cuerpo antes de poder comunicarla, es decir: si no ha estado en nuestro cuerpo, no es experiencia. Y si por nuestro cuerpo no ha pasado la fuerza, el poder que la imaginación impulsa al grado de manifestar lo que imagina, no hemos creado un carajo: hemos puesto en práctica la reproducción, la representación. Me refiero a estos dos "conceptos" porque mi vida se sostiene en la creatividad, mi mundo es el mundo creativo; muchas veces siento que vivo en la pintura que está impresa en algún kimono. Últimamente mi relidad es tan bella que tengo problemas para identificarla, siento que no es verdad. Los colores de mi mundo son maravillosos, el color de mi piel, la mesa roja en el comedor, el porche que da a un pequeño jardín que yo he sembrado, los colibríes en mi ventana. Mi cama, la luz que entra en mi recámara, los mensajes de mis amigos. Mis amigos ¡mis amigos son tan hermosos! parecen ángeles. En fin. Ahí vivo. Es el lugar que he creado en medio de una de las ciudades más pobladas del mundo. En la casa en que vivo ¡hay un viñedo!, un huerto comunitario que una Shamana visita y bendice cada semana. Dentro de este paisaje bucólico y esta alegría primaveral pienso en las técnicas que debo desarrollar para que las personas comprendan esta manera de percepción; así fue como acabé intentando definir lo que es una experiencia. No deberíamos esperar a que una experiencia nos sacuda, deberíamos andar por el mundo con el cuerpo abierto a la experiencia. No deberíamos esperar a que un amante nos conduzca hacia la satisfacción, deberíamos andar por el mundo satisfechos porque distinguimos todo lo que la luz alumbra, incluso caminando de noche entre la naturaleza. No se ustedes, pero yo, la satisfacción la siento en el estómago; cuando me siento profundamente satisfecha me levanto, me estiro, froto mi panza y exclamo: aaaaah. Tal vez por eso existe la superstición de que a Buddha hay que sobarle la panza para que nos conceda lo que queremos. Tal vez la clave para crear un mundo sea la satisfacción (no me refiero con esto a verlo todo color de rosa, despojados de una percepción crítica ¿eh?). Pero bueno, este no es un blog de superación personal; digo todo esto porque ayer por la tarde platiqué con uno de mis amigos acerca de las comunidades literarias en este país y nos quejábamos profundamente "hablan de comunidad y nunca me saludan cuando aparezco". Conozco ese mundo, no pertenezco a ese mundo. Mi mundo es ese donde los amigos son ángeles. Para esa comunidad, sus ángeles son de un sólo color y de una sola posición (la "alternativa-vanguardista-suprema-blanca-con clase pero-de izquierda". Y lo entiendo. Yo no reconocería a ninguno de ellos si los encuentro por la calle, así como ellos, al ir al supermercado, podrían pensar que desde el guardia de seguridad, hasta el que acomoda las verduras soy yo. Nunca seremos parte de su comunidad, siempre seremos los escritores extranjeros (¡pero qué importa! ¿acaso no tenemos suficiente comunidad con nosotros mismos?). También conozco el otro mundo, el de los autores "de color". Cada vez que oigo el término "autores de color" pienso "¿Que los demás son descoloridos?" Es cierto que varias veces he pensado que a algún músico blanco le hace falta color para poder hacer buen jazz pero, de ahí a definirme como "autor de color" tomo mucha distancia. Pues hace unas semanas salí a brunchear con uno de esos autores de color, un autor griego, que me decía "tengo una carrera como poeta" lo decía con una sonrisa casi mística y un acento extranjero perfectamente acompasado. La satisfacción de mi mundo se interrumpió cuando lo escuché, mi paisaje bucólico se derrumbó, tuve que detener el viaje de mi tenedor hacia el delicatessen judío. De ahí en adelante todo fue "no dan espacio suficientes a escritores de color". No niego esas latitudes (las de "color" y la de "no-colour"), estoy en ellas, paso por ellas, pero no me esfuerzo por pertenecer a ellas. Hay demasiados artistas en mi vida. Me encanta el mundo del canto de los pájaros, las campanas vecinas de la iglesia italiana; mis amigos sí, son artistas, pero no lo parecen, parecen más monjes contemporáneos inventando la cocina "neopobre", trabajando para "la comunidad". No la comunidad del YO, sino la comunidad; la comunidad global: los niños, los espectadores, otros artistas, otras percepciones, los vecinos, los sobrevivientes de diferentes guerras, de diferentes lenguajes. Quizá, mis amigos y yo, no vivimos en una misma parcela, no compartimos nuestros huertos de vegetales, estamos muy lejos, en ocasiones, los unos de los otros pero ¡damn! tenemos la fuerza, la fuerza de manifestar lo que imaginamos en medio de una estructura estéril que avanza mundialmente. Nuestro mundo es opuesto a lo estéril porque, por lo menos, si nos interesa existir en este mundo fantástico, debemos estar (para empezar) muy-muy abiertamente vivos.

d.
yo nada más quise una vez ;)




Van a florecer sin tu consentimiento
los lirios en la luz

Va a brotar a tu pesar
una fuente encima de los cuerpos

                                       claro
                                       oficialmente no

d.
Adaptarse a los otros porque:




Digo con miedo que me siento bien, que soy feliz. Digo con miedo, porque es extraña esa sensación que nace después de haber tenido la experiencia de la mano del odio persiguiéndome desde lugares indeterminados y pienso ¿y si se enojan porque soy feliz? ¿quiénes? Pues yo qué sé. Por eso pocas veces expreso abiertamente mi felicidad, pero de que lo soy lo soy. Más que nunca. Josu Landa me lo dijo varias veces hace algunos años, y me lo repite de vez en cuando todavía "te hicieron un favor". Tener experiencias extremas, conocer la orilla entre la vida y la muerte es una peculiaridad que ha cambiado mi percepción entera del mundo. Vivía reducida a mi amor por una zona geográfica que, abrazándome con toda su violencia, me impedía alcanzar las otras tres esquinas, los otros puntos cardinales, otras formas de tierra, otros cielos. Era como tener un cuerpo entero y sólo conocer la cabeza. Hace muchos años, quizá catorce años, mientras tomaba un trago en un restaurante panorámico en lo más alto de un edificio del centro de Los Angeles (con Ken Erlich y Jen Hofer), Ken me preguntó ¿Y qué te parece el vientre de la bestia? refiriéndose a la ciudad, y respondí "No sé, como yo siempre he vivido en el culo" haciendo alusión al libro de Antonio Lobo Antunes. Y es así. No se trata de haber llegado a un país específico, se trata de un shock. El shock que sólo se experimenta con el exilio. El exilio "de a veras" como diría Jen. Podría estar en otra parte del mundo menos controversial ¿cuál les gusta? ¿Uruguay? a mí también me gustaría, viviría una historia idílica, tal vez, pero la percepción a la que he entrado sería inevitable. No es la muerte, es la fuerza de la vida que se activa en los momentos de la muerte: un torrente de vida traspasando el sistema nervioso, un torrente gigante de vida, el necesario para actuar observando con todos los poros y para transportarme a través de las dimensiones en las que viven los dragones, los seres míticos; lo que llaman "volverse humo" pues. La vida se salva, pero uno tiene que pasar por el infierno, darse cuenta que el infierno es sólo el interior de un dios; y hasta que el dios abra la boca nosotros regresaremos a la tierra. El mundo no puede ser el mismo. Lo que llamamos "el mismo" es algo extraño, como una piedra ardiendo, que se quedó allá atrás, repleta de cosas, amantes, colecciones, amigos y enemigos. El mundo ha dejado de pertenecernos, y podemos ver cómo millones levantan el sufrimiento queriendo poseer; poseer una parte de esa piedra quemada y estéril, cualquier parte. Hambrientos se llenan las manos con ceniza; yo sueño con kimonos, literalmente, y sueño que mis amantes son magos y homeless de ojos amarillos y demonios y dioses (siempre me han gustado tanto los muchachos) tal vez eso es lo que me une a la ceniza de lo que queda en esa piedra: el hambre, el deseo.

d.
¿Esto es Boy George o alguna chica de Silver Lake?



Amo Los Angeles. Creo que les había dicho. Reúne todos los requisitos para que le entregue mi corazón: nuestra relación es contradictoria, es decir: la amo tanto como la odio, tiene la capacidad para volverme loca. El exceso de estímulos de todas clases es apabullante, y tal como sucede con todo lo que amo: debo huir de ella en algún momento del año. Pero no son sólo esas características de lo que identifico a través de mis experiencias pasadas con el amor lo que me hace amarla, sino también lo que va revelando progresivamente. Los Angeles puede ser un espacio al que, si nos asomamos con una percepción aguda, podemos entrar para observar lo que sucede con el mundo entero. (El interior de mi maltrecha caja mental podría servir para el mismo propósito, pienso yo). Un aceleramiento devastador, una velocidad de fuego. No me refiero únicamente a los mecanismos de la naturaleza. Pareciera que "algo" en el mundo está sucediendo de forma muy veloz, que "algo" en el mundo va corriendo hacia alguna parte. Como ser tripulante de un auto en el que, sin saber por qué, nos transportamos a exceso de velocidad ¿Han tenido esa sensación? Cuando uno es copiloto y alguien más maneja un auto a exceso de velocidad se manifiesta una sensación de incertidumbre, pero una incertidumbre que anuncia a la distancia que algo saldrá muy mal. No es que piense/crea/perciba/sienta que algo saldrá muy mal (yo me siento feliz, por si les interesaba saberlo), sino que en esta ciudad la incertidumbre es latente. Es obvio que todo ya se mueve de manera más rápida que de costumbre, y eso me provoca la sensación inevitable de que he llegado tarde a algo. Ayer salí a comer pay con nieve a la cafetería de siempre, en el barrio de siempre pero cuando entré a la cafetería todo era distinto. Por un momento creí que me había equivocado de lugar hasta que se acercó el mesero mexicano de siempre. Pero los sillones ya no eran los mismos, de un "dainer" tan viejo. Los sillones ahora tenían el respaldo alto y existía el toque de una iluminación predeterminada en todo el lugar (alguien tenía la intención de "crear" un ambiente); irremediablemente tuve que buscarle la cara a los demás, a los clientes: una chica con look de Boy George, sombreritos hipster en todos lados, la cafetería llena, chicos con perforaciones expansivas, todos mucho más jóvenes que de costumbre ¿estarán filmando una película? pensé. El pay de cereza era exactamente el mismo, el helado de vainilla sobre el pay de cereza era exactamente el mismo, pero algo pasaba también con la acústica del lugar, las voces de todos, desde cada esquina, rebotaban en nuestra mesa (digo nuestra mesa, porque estaba con Ben) ¿Qué está pasando con el mundo? le pregunté a Ben. ¿Qué va a pasar con el mundo? Todo está cambiando muy rápido. "Yo sé que va a pasar con el mundo: todo se va a quemar" me dijo. Este no es un post infeliz, ni deshauciado. Yo también creo que todo se va a quemar. Yo también creo que todo se va a inundar. Yo también creo que todo va ser derribado por el viento. Yo también creo que todo va florecer.  Repentinamente en esa cafetería me sentí, no precisamente fuera de lugar pero, como si hubiera entrado a un programa de televisión, como si estuviéramos en medio de una serie televisiva. A veces siento que no percibo la realidad, le comenté a Ben "¿Cuál realidad? ¿Esta? ¿Para qué?" preguntó.

d.
Giorgio Agamben (mi nuevo amigo) nació en Roma en 1941.


"Sin embargo hoy sabemos que para efectuar la destrucción de la experiencia no se necesita en absoluto de una catástrofe y que para ello basta perfectamente con la pacífica existencia cotidiana de una gran ciudad. Pues la jornada del hombre contemporáneo ya casi no contiene nada que todavía pueda traducirse a experiencia: ni la lectura del diario, tan rica en noticias que lo contemplan desde la insalvable lejanía, ni los minutos pasados al volante de un auto en un embotellamiento; tampoco el viaje a los infiernos en los trenes del subterráneo, ni la manifestación que de improvisto bloquea la calle, ni la niebla de los gases lacrimógenos que se disipa lentamente entre los edificios del centro, ni siquiera los breves disparos de un revólver retumbando en alguna parte, ni los momentos eternos de muda promiscuidad con desconocidos en el ascensor o en el omnibús. El hombre moderno vuelve a la noche a su casa extenuado por un fárrago de acontecimientos ---divertidos o tediosos, insólitos o comunes, atroces o placenteros--- sin que ninguno de ellos se haya convertido en experiencia."

Giorgio Agamben
"Infancia e historia"




Estoy diseñando talleres nuevos para un proyecto colaborativo con varios amigos. Han surgido varios temas que me han puesto a pensar, el punto inicial de estos talleres fue el "estado de ser creativo". Mientras ahondamos en las definiciones de creatividad más cercanas o afines a nuestro proyecto, surgieron otros aspectos: la portabilidad, el no estar quietos, no poseer un territorio o enmarcarnos en un sitio geográfico definido, entonces alguien mencionó el "Tratado de nomadología". Continuamos con la decisión de crear un taller que más que transmitir información, provocara una experiencia. La experiencia de ser creativo. Entonces comenzamos a reflexionar sobre la experiencia. Yo recordé una frase que le he escuchado a mi Gurú: "La verdad no es una información, es una experiencia". Y sí, vivimos en un mundo que nos fabrica las experiencias. Nos bombardea de experiencias. Los medios de comunicación nos fabrican la experiencia del amor, del buen comportamiento, de la familia, de las diferentes formas de fe o de fervor. Nos fabrican la experiencia de lo que es sensual y atractivo sexualmente. Alguien más construye para nosotros las formas de la homosexualidad o la bisexualidad. La manera en que piensa y actúa un drogadicto. Lo que es fidelidad y lo que es infidelidad. Nos entregan las experiencias fabricadas, las celebran, les entregan premios a las fabricaciones más ejemplares y después nosotros sólo tenemos que limitarnos a vivir reproduciendo esas experiencias. La moda es el ejemplo menos complejo. La industria lanza las blusas de una sola manga y ahí vamos todos por la calle, mostrando uno de nuestros hombros. De la misma forma aprendemos a rezar para obtener milagros, a estudiar para escalar en los sistemas económicos, sin pensar siquiera en nuestra vocación. Sin preguntarnos mucho ¿qué me gusta tocar? ¿en qué me gusta pensar? ¿cómo prefiero los espacios? ¿qué tan vulnerable soy ante los estímulos que me rodean (sonoros, visuales, atmosféricos)? No se trata de algo sencillo como cualquier convencionalismo. Es la información diaria que nos dice quiénes y cómo debemos ser, y qué experiencias debemos buscar a través de nuestra vida para sentirnos satisfechos ¿y por qué a la mitad de la vida, la mayoría de nosotros nos sentimos insatisfechos, detenidos en medio del camino con la lista cumplida de todo lo que debíamos hacer para ser felices, de acuerdo a la información que nos han entregado? Nos faltó crear. La imaginación es tan natural como la respiración pero, el exceso de información inductiva conduce a la imaginación hacia otra parte: a los fines de semana, al orden que pondremos en esos dos días para hacer todo lo que queremos hacer; a las vacaciones de verano; a la redacción de informes que hay que entregar a nuestro jefe; a la fiesta anual del trabajo; a la marca de zapatos que usaremos en el momento más importante de la vida. ¡Nuestro gozo se limita a una marca de zapatos producidos en serie! Así, nuestras experiencias no las creamos nosotros. Por intentar reproducir las experiencias tal y como las recibimos del exterior destruimos nuestra experiencia propia, limitamos nuestra imaginación. La imaginación y la creatividad son una fuerza, un poder ¿no lo habían notado? No quiero despeinarme como se despeinan en las revistas o en las salas de arte, no quiero vestir el pantalón verde y la blusa azul. Quiero ser ordinaria, lograrlo, y desde ahí vivir por dentro todas las experiencias que se me antoje crear en esta vida (la verdad sólo me gustaría vestir kimonos, pero -mientras no aprenda a hacerlos- son un lujo). Quiero bailar, pintar, cantar, fotografiar, amar, sembrar un jardín de la forma en que yo sea capaz de imaginarlo. Quiero que la experiencia pase por mí, por mi mente, por mi cuerpo ¡¿Y qué?!  Y que hagamos un taller, un taller con todo eso: un cielo portátil. Sin apropiarnos del espacio, sino experimentado el espacio. De ningún lugar y de todos los lugares. En un libro, la sala de una casa, el parque, un puente, un avión o un museo. Con todos nuestros derechos reservados, conservados, intactos. 




Estoy en Houston. Nunca imaginé Houston. Tal vez porque de por sí Texas es un Estado borrado de nuestro mapa mental, o recordado por la cantidad de estupideces racistas que los blancos echan a andar en el mundo debido a su ignorancia (y su rencor). Houston es maravilloso. Plano, con el cielo limpio todavía, cuajado de humedad y de vegetación. Amo estos paisajes, enormes naves de fábricas antiguas abandonadas. Casas de madera pequeñitas. Y la sensación de que el agua está en todas partes, fusionándose con todas las cosas. Lo mejor de llegar a Houston ha sido estar rodeada de artistas. Sí, como lo oyen, que me ha encantado estar rodeada de artistas. Pero artistas con almas muy distintas a las que he visto en las metrópolis intelectuales de este país, o en mis propios y amados Angeles (la vida californiana a veces es tan pretenciosa, tan agitada). En Houston hay cierta serenidad, cierta calma. La calma de algún silencio vegetal, pienso yo. Un espíritu grande. Me gusta Houston. Ahora mismo espero que mi ropa termine de dar vueltas en la secadora y no puedo dejar de ser consciente de ese gris horizontal infinito. (En esta casa viven un perro chihuahua y un gato que lo aporrea descaradamente frente a mis ojos. No es mi casa mental.) Pero es que en Houston viví, una noche fantástica. Después de estar en el encuentro de Antena, me invitaron a bailar en un bosque. Un rave en un bosque donde todo es clandestino, me dijeron. Y yo dije que sí "si ustedes van yo voy" les dije. Y fuimos a buscar el bosque entre las fábricas antiguas, entre el concreto y las vías del tren: ahí estaba... quizá diez árboles, altos, de hojas escasas, una DJ. Fogata donde los jovencitos hacían quesadillas vegetarianas. No sé qué tenía ese bosque que yo estuve ahí como hipnotizada, como desbordada de amor. Pensé que veía esferas de luces de colores y sí, tenían luces de colores y algunos muchachos danzaban haciendo malabares con fuego. Junto a mi estaba sentado Benvenuto, un artista. Jalando la rama de un árbol para usarla de micrófono y cantar con ella estaba JP, otro artista; dando vueltas por el pasto bailando había otro artista más, Jorge. Platicando de cosas de mujeres estaba conmigo otra artista, Stalina. Todos maravillosos, como salidos de un cuento de hadas ¡¿qué pusieron en mi bebida?! comencé a preguntar. Toqué las manos de uno de los artistas y supe que era santo. Creo que me pusieron un ácido, les dije. ¡Ah, cuántas ganas tenía de besar (me acordé mucho de ti)! Efraín se rió de mí todo el camino de regreso a casa, yo no quería bajarme del carro, pero bajé riéndome a carcajadas. Feliz.
"Hualmaa" o "Gualmaa" supe después que se decía corazón en Sutijil. No recuerdo cómo se dice "dolor". Pero me dolió el corazón por dos segundos. Sólo por dos segundos. Ese dolor que anuncia que seguimos vivos. En fin, supongo que mi ropa está seca y aquí, ya he descansado suficiente.  


Hasta ayer, había estado pensando muchísimo en los "condicionamientos". No sólo en la manera en que somos condicionados por nuestra familia o por la sociedad cuando vamos creciendo (nuestra familia tiene que arreglárselas para educarnos de alguna manera ¿cierto?), sino en las técnicas para condicionar a grupos enteros que han sido estudiadas por personas muy inteligentes, personas que dan varios pasos antes de nosotros en cuanto a experiencias en la vida. Porque la mente es una maravilla: puede construir ante nuestros ojos las realidades más aterradoras y derrumbarlas con un soplido; y también puede sumergirnos en sueños hipnóticos sin que nos demos cuenta que llevamos años corriendo tras una vulgar e inalcanzable zanahoria. Comencé entonces a enojarme con las personas que manejan el condicionamiento como una manera de enseñanza pero ¿acaso toda enseñanza es un condicionamiento? Tal vez sí. Tal vez hoy no estoy percibiendo de forma errónea. Es difícil permanecer despierto y consciente cuando decidimos aprender en esta vida. Así como es difícil que seamos plenamente conscientes de la fuente de la que decidimos aprender. ¿Cómo serlo? ¿Cómo saber identificar la fuente de la que queremos aprender? Me refiero a una fuente viva de sabiduría: un maestro. Es delicado, porque en esa fuente nos sumergimos con entera confianza y, a veces, con amor, completamente vulnerables a los condicionamientos de una sabiduría superior a la nuestra. Uno de mis maestros diría que estoy hablando desde el egocentrismo, ese maestro me ha entrenado para detectar el egocentrismo cada vez que se manifiesta, también me ha entrenado para detectar cuando tengo una "reacción" frente a cualquier evento en la vida; gracias a él puedo detectar mi reacción antes de que se manifieste en el exterior. Pienso que no todos los condicionamientos son negativos, ni todas las reacciones (reaccionar es parte de nuestra naturaleza pero, para detectar el impulso que activa una reacción es necesario que nuestra mente esté alerta ante el bosquejo de su aparición, la reacción ya no es alguien a quien no ves llegar, sabes cuándo está preparando las maletas, cómo organiza sus disfraces y cuándo se lanza al camino para visitarte). Aclaro entonces que no es un punto de vista el que trato defender aquí, intento echar luz a ese estado interrogativo en el que he permanecido estos últimos días. En ocasiones, cuando un maestro intenta enseñarnos a observar el infierno sin reaccionar, no somos conscientes que nuestra resistencia a reaccionar es la misma que da vida al infierno. El maestro nos genera el infierno para que podamos distinguir y tengamos un reto. El infierno no siempre está en nuestra mente, generado por un trauma, una fobia o una obsesión; el infierno puede ser construido desde afuera, por un maestro que conozca muy bien el paraíso del condicionamiento y los beneficios de vincular nuestra resistencia a cambiar, con un ligero coctel de nuestros miedos (auspiciado por el permiso que nuestro deseo de aprender le otorga). Y sí: todo está dentro de nosotros, todo nace en nosotros pero, no siempre, todo se levanta desde nosotros mismos. Para añadir un apunte más a la libreta (o a la base de datos) de mis maestros, debo decir que es esa consciencia la que me aterroriza: cómo influimos en los demás.
En algún momento cualquiera de nosotros se verá en la necesidad de educar a alguien más: un hijo, un estudiante, alguien que nos sigue y por alguna razón decide que tiene algo que aprender de nosotros, la persona con la que sostuvimos una conversación casual en la calle (¿alguien sostiene conversaciones casuales en la calle en estos días? de repente me siento muy old school). Creo en la unidad, soy budista, entonces todo el tiempo. todos nosotros, siempre hemos sido (y somos) a la misma vez, estudiantes y maestros, en cada cosa que hacemos en la vida. No podemos seguir pensando que somos una fracción, que vivimos -literalmente- una vida de cuadros. Siempre influimos en la vida de alguien más. Tenemos una responsabilidad dentro del engranaje, de manera muy inconsciente y despreocupada -en ocasiones-. Ahora me ubico en los zapatos de un maestro, con estudiantes como yo. ¡La maquinaria es infinita!
Las contadas personas que yo he elegido como maestros son conscientes, despiertos (dos de ellos son magos) y tienen la seguridad y la fuerza ---¿cómo?--- para decir "sí, hago la diferencia" o "sí, creo en quien todo mundo ya da por perdido". ¿Qué les da esa convicción?
En nuestra mente vive la libertad. ¡La libertad!: un asunto delicado dejarla así, vulnerable, en manos de un maestro que podría resultar tan irresponsable e inconsciente como nosotros mismos ¿no creen?

d.


Hablando de fama, KarunApsa. Este muro en Los Angeles, fotografiado por Román Luján e intervenido por mi Paint. Mira.

d.

I have the wisdom of one condemned to die, 

I possess nothing so nothing can possess me
and have written my will in my own blood:
'O inhabitants of my song: trust in water'
and I sleep pierced and crowned by my tomorrow…
I dreamed the earth's heart is greater
than its map,
more clear than its mirrors
and my gallows.
I was lost in a white cloud that carried me up high
as if I were a hoopoe
and the wind itself my wings.
At dawn, the call of the night guard
woke me from my dream, from my language:
You will live another death,
so revise your last will,
the hour of execution is postponed again.
I asked: Until when?
He said: Wait till you have died some more.
I said: I possess nothing so nothing can possess me
and have written my will in my own blood:
'O inhabitants of my song: trust in water.'

Mahmoud Darwish

Un amigo menos. Zaratustra Vázquez muerto
hoy, a sus 39 años. Poeta y miembro del colectivo Sonido Changorama.
Fue encontrado
en su departamento axfixiado con gas.
Que nos lleve el gas, Zaratustra.

Uno de mis poetas favoritos.

d.
Oooops: autoría en construcción.

d.