La forma de producción que ya está aquí:

"La edición abierta, la experimentación y o re-mezcla de texto, música, imágenes o videos aprovechan el espacio Internet para explotar nuevas formas de creatividad. El modo de producción colaborativa que propone Internet no está basado en la copia acrítica de los bienes intelectuales comunes/libres existentes, sino en la convicción de aprovechar lo que otros han producido, lo que pertenece a cada persona por su condición humana, a cada comunidad como patrimonio cultural, para avanzar en la producción y experimentación de nuevos bienes intelectuales comunes [tan o más creativos que sus originales heredados]. Esta es la forma de producción del futuro, una forma colaborativa antiquísima que define a los humanos, una forma profunda que produce obras imposibles de producir individualmente."

De Aprender la libertad. Ariel Vercelli, 2006.
La vida es extraña. Claro ¿estoy diciendo algo nuevo? La vida me ha tenido harta de mí, de lo que soy todos estos días. No me pregunten cuántos. De repente pensé en la posibilidad de cambiar de nombre, de color de ojos, de ciudad, de costumbres. Ser, completamente otra. Ayer platicaba con Anthony sobre algunos viajes que hizo a Corea y cómo fue testigo de la magia coreana del Aikido. Cosas así. Pensé ¿Dónde estaba yo cuando Anthony estaba en Corea? ¿Dónde estaba yo cuando Anthony estaba en Nicaragua? Estaba sumergida en una ciudad muy triste, con una sociedad triste, de vicios y costumbres tristes. ¿Por qué nunca me interesé en el Aikido o en vivir en Corea, o viajar a Nicaragua? En fin. Hay tiempo, dice Anthony. Pero creo que para mí queda tiempo, si acaso, para vivir un año en Barcelona. De súbito me siento anclada, amarrada. Y el sentimiento crece conforme avanza el día, como una muralla blanda, de agua, que se aviente sobre mí y me sepulta justo antes de conciliar el sueño. No me llamen, por favor, que estos comentarios no son de cuidado. Recuerden que nada de lo que sucede en esta página que no es una página, sucede en tiempo real. La vida que pasa aquí tampoco es una vida. Contemplé la posibilidad de desaparecer. Sí, darme el lujo de no tener que presentar libros. Quedarme en una casa, con un amante, cambiar de nombre, de ciudad, de color, y ya está. Salir por la tarde a oir cantar los pájaros. No pensar en mi avance, en mi proceso, en profesión. No tener profesión. Pasar del estado animal al vegetal, felizmente. Ser contigo una planta, una fruta, un árbol. Vivir muy lejos de los orígenes emocionales humanos.



Así, más o menos. Este video me lo traje del blog del gran Sesshu Foster, háganle click.
Sesshu es como un roble. Y Etel, bueno, pues ya ven.
No confíen ciegamente en la traducción automática de este blog, amigous. Puede provocar unas ganas injustificadas de asesinarme. Pero bueno, es mejor que nada. El sentido varía, pero poco y a fin de cuentas, tal vez, el mensaje principal (si podemos creer que hay un mensaje principal en lo que digo) se transmite ¿no? No puedo asegurarlo en el caso del Coreano, pero en el caso del francés, el italiano y el inglés queda un rastro de algo. Tampoco sé del árabe o el turco pero ¡vamos! la soberbia y el narcisismo son los mismo en cualquier idioma. En cualquier idioma también comenzaré a generar slogans (lemas publicitarios) para un libro que saldrá en mayo, escrito en co-autoría con Rodrigo Flores-Sánchez, titulado Intervenir (ah, también me gustaría tanto escribir un libro contigo, sería un buen golpe). Me divertiré mucho pro-moviéndolo, verán. Se acuerdan cómo dicen en Nogales, Sonora: veras-ven. 
Ya no tengo tuiter, por eso digo "aquí, trabajando".



Me detengo en la observación de las cenizas, de la captura, de la monotonía sin color que invade este "proyecto" editorial y vengo aquí a repetir las palabras que pronuncié ayer y que son mi tabú: estupidez y mediocridad. Nunca estoy segura de que alguien es totalmente estúpido o totalmente mediocre. En momentos como este, siento que en mí yace una estupidez profunda por permitir que mis seres queridos me hayan involucrado en esta publicación, y una mediocridad abismal por considerar que el trabajo que más disfruto es el trabajo cocreativo; un trabajo que no me deja más que esa brillante satisfacción que se ennegreció en el momento en que el libro que generamos con tanta pasión comenzó a entrar en disputas y rebatingas (¿así se escribe rebatinga? digo por eso de arrebatar). Sin duda, para que yo utilice las dos palabras prohibidas en mi vocabulario (¿bocavulario? digo, por eso de la boca): estúpido y mediocre, necesito (ah, me encanta esa palabra "necesito" es como un pimpollo, es un pastelito, es como tú. Tú eres un Necesito) observar esas dos cualidades de la ignorancia y la inconsciencia. Todavía mientras lo escribo dudo de mi, se manifiesta el miedo. ¿Cómo reducir el pensamiento a juicios tales cuando el mundo y sus prodigios son infinitos? Pero, en verdad, debe ser el desierto, la cultura de este lugar, marzo, porque cuando alguien entra a mi casa y ve un trapo sobre la estufa y se dirige a él con manos de tenaza y lo apresa, y lo sostiene y después lo lleva hasta mi nariz diciendo "no-no-no-no señora, esto es muy peligroso" para después doblarlo con paciencia sobre la agarradera y decirme "mire, éste se pone aquí" y yo pienso "25 años viviendo sola, para que un imbécil venga a decirme dónde puedo o no poner los trapos de esta cocina". Entonces creo que el concepto de estupidez le ajusta como un guante y luego pienso que lo que me falta es paciencia ¿Qué importa que un amigo que ha vivido en casa de su madre toda la vida y ahora se dedique a cuidarla, reproduzca el mismo comportamiento cuando me visita, porque soy uno de sus seres queridos? ¿Puedo considerar estúpida a una persona que no sale de su entorno ni cuando sale de su entorno? Y bueno, ni hablar de las intenciones sinceras de mi amigo de que yo no termine envuelta en fuego corriendo por la casa antes de caer en medio del jardín (iría rumbo a las flores, puedo apostar) convertida en la gran y ridícula Señora de Carbón. De mis juicios en relación a la mediocridad qué les puedo decir, cuando extraño tanto a los hombres que amo al grado del refunfuño mi percepción de los otros: los que lidian con hijos todas las mañanas, que suben al camión para cubrir ocho o doce horas de trabajo, odian a sus jefes, me llaman al medio día durante el almuerzo, salen del trabajo, esperan a sus procreaciones en la escuela, salen a cenar para parecer divertidos, vuelven molidos a algún departamento para sumergirse en el mundo social del monitor que los conduce en internet; me parecen tediosos, tristes, insoportables. ¿Pero cuántas veces no he cubierto esas rutinas de trabajo yo misma para salir al paso con alguna deuda? El hecho de que yo no haya odiado a ningún jefe, sino que mi cinismo se sobrepusiera a cualquier intento de sometimiento no significa que quien trabaja odiando sea, necesariamente, mediocre. y ¿la conversación que se alimenta y circula eternamente entorno a hijos-trabajo-yo-hijos-trabajo-yo no revela a caso la terrible patología en la que nos han sumergido nuestros sistemas económicos, orillándonos a ser un tornillo en aceleración y no una persona en constante germinar creativo? ¿Dónde queda mi compasión? ¿Acaso ser la constante animal-lenguaje-deseo-espíritu-libertad por encima de las convenciones económicas y familiares no me coloca también ante la mirada de los demás como la aburrida o temida figura convencional de una loca? Pues bueno, que sí, en meses como estos sólo me siento parte del mundo de Pedro Almodovar. Así que, si quieren regalarme algo ¡regálenme todas sus películas!
pero una ilustración japonesa bastará para sanar mi alma



En México ha surgido el fenómeno del periodista de guerra como sobreviviente-rockstar, que vende muchísimos libros y viaja al rededor del mundo solucionando el rompecabezas de la seguridad nacional mediante inteligentes conjeturas. que atan cabos y rabos. Periodistas que aseguran tener fuentes confiables dentro de las instituciones que intentan "derrumbar" a base de investigaciones. El periodismo nunca debe tener como protagonista de la noticia al mismo proveedor de la información; igual que la traducción no debería tener como protagonista más que al autor que es traducido. Las fronteras de la información y la imaginación se adelgazan cuando se ha generado un mercado que exige ser cubierto: el "narcoperiodismo": una plaza más. Así el dolor de los pueblos es ocasionado primero por los sistemas de poder represores y las políticas de exterminio, pero explotado una y otra vez en nombre de la justicia informativa. Aclarado este punto, comparto aquí la petición de El Padre Solalinde, porque me enternece. Me parece un lindo impulso cargado de esperanza pero con muy pocas probabilidades de existir en realidad. ¡Como todos nosotros! Y además con una posdata: si se trata de armar un medio informativo alternativo ¡nos ponemos la de Puebla, pus qué! (más se perdió en el diluvio).
Hoy amanecí muda. Anoche tuve insomnio. Anoche tuve ganas de retirarme. Este país no es un mundo, por eso. Tuve ganas de retirarme al mundo. Solucionar todo publicando únicamente a través del copyleft. Ayer hablé con muchas personas. Desde que vivo aquí hablo con muchas personas. Ayer intenté ordenar mi biblioteca. No terminé. Tres meses y no termino de ordenar la biblioteca. Tres meses y ya hice, por fin un espacio en la bodega de la casa. Ayer vi Todo sobre mi madre por decimocuarta ocasión y por tercera vez consecutiva. Ya les he platicado de mis obsesiones y anoche, durante el insomnio, escuché la frase para ese capítulo que no quiero escribir. La escuché clarito. Tenía que ver con el cuerpo de una mujer ahogada. Una mujer ahogada ahí, sobre un cama, dentro de una fiesta, en medio del desierto. No es ficción lo que estoy escribiendo. Escribo realmente del cuerpo de una mujer ahogada dentro de una fiesta, que alguien más no podía creer. Ayer oí la resolución de esa parte del libro. El libro donde nada es ficción y todo parece sustraído de una pesadilla. El cuerpo de una mujer. En el lugar donde las mujeres no dejan de ser mujeres ni cuando yacen muertas, ahogadas, inmóviles a causa de la enfermedad. "Tienes que ver lo que está pasando allá arriba." Yo nunca lo vi. Nunca lo vi.
“I embrace the label of bad feminist because I am human. I am messy. I’m not trying to be an example. I am not trying to be perfect. I am not trying to say I have all the answers. I am not trying to say I’m right. I am just trying—trying to support what I believe in, trying to do some good in this world, trying to make some noise with my writing while also being myself.” 
Bad Feminist, Roxane Gay.
(Tomado del blog UN ALMA CERCANA, de Sylvia Aguilar)



Una canción africana, para mi amor.

Sábado 7 de marzo. El Paso, Texas. Durante la segunda lectura en
en nuestra casa-escuela-cieloportátil-salón de baile. ¡Puros artistas! (y psicólogos)


No sé qué vengo a escribir hoy aquí. Hoy es domingo, como diría la ópera tango de Ferrer. Y hoy desayuné yogurt con miel sobre rodajas de plátano y una cubierta de frambuesas, todo colocado en un tazón de cerámica portuguesa que no tiene precio. Contemplaba la combinación y tuve una especie de éxtasis cotidiano, estos momentos en que la luz y el silencio de una casa antigua, de un plato antiquísimo y los regalos que nacen de la naturaleza, hacen sentir a uno privilegiado. Sólo me faltó estar envuelta en un kimono después de haber amado pero, esas son nimiedades. Cuando uno vive en el centro del hongo de la bomba nuclear no queda más remedio que disfrutar las pequeñas cosas que generan la manifestación del tiempo antiguo: la cerámica, la casa, el sol de media tarde, el silencio, y tener el momento en la cama para poder preguntar ¿veo una película sin desayunar? ¿me levanto? Y después seguir el impulso italiano de disfrutarlo todo, hasta el camino con los pies descalzos de la recámara a la cocina. El oro de la miel en el café. La compañía del perro. Pareciera que no estoy parada en un polvorín. Todavía no decido si poner una película o esperar a que baje la tarde. Estos días mis amigas han llegado a la casa con botellas de vino, cajas con bocadillos y muchas ganas de platicar. Así que el vino (yo no era de las que toman vino y ya ves) se ha vuelto parte de mi semana. Espumoso y rosado, tinto, pinot noir. Bocadillos de todas clases: dulce de membrillo, galletitas de trigo, queso, fresas, te. Supongo que debería alegrarme. Supongo que me alegro. Me alegro. Una o dos veces por semana salgo con un muchacho que tiene una piel y cabello de matices impresionantes. Que me dice hola por mensaje de texto diariamente e intenta entablar una especie de conversación emocional en el centro de nuestra amistad. No sé quién soy. No quiero saber quién soy. Tampoco entiendo esa manera mía de establecer los vínculos. Contigo. Con él. Con mis otros amigos. Con mis amigas todo es mucho más claro. Claro: los hombres (toda la vida) han sido mi perdición y mi tormento, tal vez por eso los adopto a todos. Rezo por todos. Me enamoro de todos. ¿Por qué la masculinidad me parece un tesoro? Si tuviera que definirla o describirla no podría. Me parece, sencillamente, una joya. No es que vea a los hombres como un simple objeto, es que me parecen dimensiones infinitas e inexplicables: maravillosas. Últimamente salgo con un muchacho acostumbrado al discurso del "hombre malo" que sostienen algunas mujeres. Tampoco la historia les hace mucho el favor: son unos animales hambrientos de poder, máquinas construidas para la competencia y la cacería y hace siglos que las políticas mundiales torcieron su percepción para que nos traten como la más peligrosa amenaza. Pero fuera de esas pequeñas cosas ¡Dios mío! Los hombres son la fuente de la creación, la fuerza vital, el motor que sostiene el mundo. De verdad que, si pudiera: les lavo, les plancho y les cocino. Pero ¡ah, mi destino traidor, que hasta si compro un pastel se me quema! (bien dicen que Dios no le da alas a los alacranes).
"Es que eso no es lenguaje inclusivo, ahí hay un error grave. El lenguaje inclusivo no es usar, ellos ellas, muchachas y muchachos y poner arrobas. Eso es una búsqueda, que es muy válida como toda búsqueda de equidad, para atenuar el sexismo que tiene el idioma, pero es la forma equivocada. Hay que conocer un poco más el idioma para hacerlo de forma adecuada, no para eliminarlo porque eso está en la gramática, pero hay vocablos comunes: oficinista, poeta, periodista… son palabras que sólo podemos determinar si es hombre o mujer por el artículo que le pongamos. También podemos usar abstractos cuando se presta, en vez de niños decir niñez, no siempre se presta. Usted como periodista lo sabe muy bien, porque su trabajo es el lenguaje, y sabe cómo se usa. Es como vestir, uno no va vestido de la misma forma a cualquier lado.
Se pueden usar abstractos, comunes, nombres colectivos, en vez de decir los pobladores de Guadalupe, sino la comunidad de Guadalupe, y no porque comunidad sea femenino, es colectivo. Tiene marca de femenino pero implica hombres y mujeres  clarísimamente. O podemos usar palabras epicenas, como víctima, o personaje, que aplican a hombres y a mujeres. Ese tipo de vocablos.
De todas maneras escribir cuesta y requiere un esfuerzo mental, eso va a requerir más esfuerzo mental, cómo la gente no quiere hacer esfuerzo mental y tal vez le faltan las herramientas necesarias para ponerlo en práctica, pues recurren a ‘’los las’’ y al arroba, pero eso no es lenguaje inclusivo."

No escribo el libro. O sí escribo el libro aquí. Después de tratar con tantas editoriales y subes y bajas de lo que un escritor debe "lograr" en el escenario (¿?) me dan ganas de que el libro sólo suceda aquí. Sin ediciones, para que cualquier mano haga lo que quiera con él. Hoy desperté feliz. Feliz porque vuelvo a acostumbrarme al silencio de este desierto; el silencio de primavera que se interrumpe por el sonido burbujeante de algún pájaro. Ayer pensaba que quiero vivir en Uruguay ¿quién no quiere vivir en Uruguay? pero también quiero vivir en Barcelona. Comprar sin reparos los libros de Balash. Por un tiempito nomás, no creo en eso de que la vida tenga que instalarse en los propios deseos; también quiero vivir en Ecuador, en Cuenca. Y no es que sea la poeta que añora un viajecito al sur. Nada más quiero vivir un poco alejada de la vigilancia, el humo, y los mecanismos de infierno del norte. Ya soy especialista en el infierno. Ya le conozco el gusto. Bailo, me río, veo a los amigos como flores. Porque para eso es el infierno, para aprender a disfrutar al punto más insignificante (linda palabra: insignificante... de esas palabras que nombran algo que no existe... ¡todo significa!... nada significa, en fin). La Diva ladra cerca del callejón. Los vecinos salen a mejorar sus jardines, en el infierno. ¿No es hermoso? Es como ver la vida naciendo en el centro del humo de un hongo nuclear. Te quiero, por eso soy feliz. Eres para mí como un regalo de los que mi papá colocaba sobre mi cama envueltos en papeles rosas y moños satinados. Así es el mundo: eres mi padre. Eres la flor. Eres el infierno. Uruguay. Barcelona. La luz de esta recámara, la carta y el silencio.
Hoy he recibido varios regalos ¡wow! este fue uno de ellos, Anthony McCann:
Lo sabía, un buda dorado siempre tiene dentro una copia de sí mismos, hecha de chocolate.


En marzo siempre reflexiono sobre mi existencia. Sobre las razones por las que estoy viva, y procuro imaginar que florezco, como si renaciera. Había dicho que el cumpleaños es el primer condicionamiento del ser humano. Celebrar el cumpleaños nos sumerge en la estrecha ilusión del tiempo, nos hace creer que algo sucede cada doce meses, y que los meses en realidad están formados por un montón de días y que un día como tal, de un mes como tal estábamos naciendo. ¿Pero cómo lo podemos asegurar? Entiendo la celebración de la vida, sí. Comprendo la felicidad de la existencia, de ser testigos de un un montón de colores, de formas, de laberintos y juegos de la mente. Entiendo el festejo de la constante muerte y nacimiento de células en nuestro cuerpo, y me gusta, y lo celebro. ¡Renacemos todos los días! Pero el tiempo no es cierto. Uno crece, madura, envejece y ya está. Hoy para celebrar que estoy viva me desperté pensando en tu amor, en cómo tu amor sigue vivo aunque tú estés muerto y como -se supone- han pasado quince años. Quince de esos años con los que, dicen, podemos entristecernos y alegrarnos periodicamente y -sobre todo-: sumar. Como si los periodos de la vida fueran ladrillos o cajas de regalo y en esa continuidad uno fuera apilando, hasta que la pila termina por derrotarlo a uno. No puedo verlo así, perdón, pero no puedo. No puedo cerrar la caja del tiempo y abrir otra. No puedo colocar un ladrillo de tiempo sobre otro. Por eso en la continuidad del tiempo en el que vivo celebré hoy con una taza de café, aunque no haya nada que celebrar, con miel. Me encanta la miel. Agradezco la miel. Soy la miel. Y tu eres una flor, siempre fuiste una flor. Y la flor y la miel, bajo el sol, son la manifestación del cielo en el desierto. La miel y el sol son la manifestación de la vida en el desierto. El sol y el beso, son la manifestación de lo que no termina nunca: como yo y como tú.
De las tolvaneras de marzo, y del polvo que soltamos, sombras en las calmas, no más, Perpetuo ir y venir de regueros. Marzo los rompía, los hacía quejarse. Había afición a estas voces de orejas perfectas. El número de orejas, secreto. Nunca se les conocía cuarto habilitado. En cada uno de los aficionados, completo el grupo. Pero había también en Placeres los más vigilantes de todos nosotros. Dormían y comían poco; dormían con las almas paradas. Las almas, como a la luz de una luminaria, blancas como aparecidos, mirando, oyendo. Vigilar es templar una guitarra para otro. Las cuerdas lloran peor que palomas. Lugar de tanta luz como Placeres volverá a la oscuridad. Sombra de huesos las vigilantes, sus invenciones. Las probaban en la fuerza del cielo.

Jesús Gardea, El Diablo en el Ojo

Últimamente la vida no sucede conforme a mis presagios. Me enfermé porque no me quisiste (quisiste, linda palabra) y el dolor en la boca del estómago me duró tres días, y pospuse los talleres de la escuela libre. Entremedio hubo una lectura maravillosa, con personas maravillosas en mi casa-escuela-cielo (que no es mía porque yo no poseo nada, ya sabes -lo de la propiedad que en mi caso, aunque se trate de una silla me da no sé qué). Estoy loca, ya todos los sabemos. Y disfruto cuando otras locuras se manifiestan, como en la lectura de Sylvia, Paulo y Juan Manuel, el sábado pasado. Nos hubieras visto, Todos apretados junto a una chimenea apagada con una silla que servía de "escenario". Yo no había comido en dos días, por el dolor de estómago y, además no podía beber ni un piquito... pero vaya que disfruté tanta maravilla; a Maricela se la comió un tráfico agradable que la rescató de nuestra salita apretada, pero alcanzó a llegar y se compartió con su visita ¿No es linda la gente? Maricela habla con una vocecita tan dulce ¡es como un postre hermoso! y ahí llegó, corriendo, platicando con todos. Contenta. Ese fue el paréntesis, digo. Después mi computadora estalló echando bocanadas. Y regresé a este animal ancianito en el que te escribo. Tuve que poner un parche en su puerto. Pero el teclado es suavecito, y blanco (quisiste, linda palabra -no el verbo, no, la palabra en sí- pareciera de raíces indígenas). Luego me di cuenta que estaba envuelta en una batalla editorial y me puse muy triste. Yo me entristezco a veces por la forma en que otros perciben este mundo. Cuando los poetas perciben el mundo así, como algo pequeño, comercial y finito pienso que todo está perdido y, en este punto, sé que me equivoco. Entre comerciantes de alfombras lo comprendo. No lo comprendo entre personas que echamos a andar la creatividad por el mundo. ¡Y las formas en que esas personas me interpretan para justificar sus condicionamientos! Por supuesto que no me importa, no es porque me importe que me entristece. Me entristece porque sé que no hay solución para ellos, porque ellos creen que llegaron ya a alguna parte, y que desde esa parte pueden avanzar, conquistar territorios: crecer. O sí, si me importa; me importa cómo se contagia esa forma de percibir el mundo, generando otro falso poder. Copian lo que debería dejarse de copiar. Reproducen las estructuras del capitalismo. Creen que pueden apropiarse de un bien intelectual y explotarlo igual que los medios de comunicación explotan el dolor, el racismo y los lugares de muerte y controversia. También creen que "dan voz" a quien no la tiene. Pero todos, todos tenemos voz. Todos, todos somos visibles ¿no se han dado cuenta? Sólo somos invisibles para quien no nos quiere ver, y la percepción de quien no nos quiere ver es irreparable. En lugar de transformar lo que copian mediante el maravilloso poder creativo que tenemos todos, reproducen el poder y no perciben que su hambre de poder y de autoridad es lo que termina modificando el valor infinito de todo lo que van creando. Y, porque así es la vida ahí estoy yo, como si se tratara de una cosa: ahí estoy. Como papel, como manuscrito, como el "original" que sube y baja en manos que opinan sobre mis privilegios de haber sido escuchada por los privilegiados. No percibo las jerarquías que dan los privilegios, pero sí puedo percibir cómo los que perciben esas jeraquías creen en un mundo de inferiores y superiores que no existe. En su ilusión otorgan lugares, dan reconocimiento, entregan voz y visibilidad a los mudos y a los invisibles. Viven en la ilusión de los sensatos. Usando lo que definen como justicia para abusar de los creadores. ¡Abusan del motor que los sostiene! y creen que (dentro de cofres carísimos, envolturas delicadas, diseños lindos) nos dan voz, lugar, visibilidad pero ¿no es al contrario? Y no, yo no quiero poder, yo no quiero avanzar, yo no quiero crecer. Porque naturalmente avanzo, crezco, nací con el poder de manifestar lo que imagino, fuera de mí, de forma tangible. Mis deseos son más simples (unos cuantos kimonos y besarte) y aún así, tampoco los alcanzo.
Decidí entrar a un sistema de citas por internet con el único objetivo de hacer mis obsesiones a un lado. Mi Guru visita El Paso este mes y no podré estar en su seminario ¡Tengo mucho trabajo! ¡Cuánta tristeza! Con el sólo fin de distraerme un poco de mis obsesiones de estos últimos meses, entré a esta plataforma de citas. Pero ¡demonios! no me gusta ninguna de las 158 posibilidades de "match": ¡tú no estás entre ellas! Son demasiados perfiles, así que comienzo a descartar: fotos con hijos-no, fotos junto a su automóvil-no, fotos con el torso desnudo-no, fotos en el gimnasio-definitivamente¡no!, cuerpo de calendario-no, fotos de carteras con billetes-no, muy hipsters-no, muy blancos-no, muy negros-no, muy latinos-no, muy asiáticos-no, muy árabes-no, muy browns-no, muy jóvenes-no, muy viejos-no, muy felices... ¡muy felices! oh, ¡se parecen a ti¡-talvez-pero-no. ¿Podrás creer que de las ahora 168 opciones ninguno tiene una acentuada barbilla interesante como la tuya? ¿Ni una sonrisa como la tuya? ¿Ni entusiasmo como el tuyo? Ninguno usa zapatos rojos, ninguno es un mago vaya, ninguno es melancólico-aguerrido. Bueno, es que no puedo creer que de las 178 opciones que ahora tengo ninguno seas tú ¿Cómo es que internet no puede pronosticar que somos el uno para el otro: sin ganas de compromisos, sin ganas de tener hijos, sin ganas de conducir automóviles, sin ganas de ir al gimnasio. No hay una sola foto de alguien sentado frente a una variedad infinita de postres, por ejemplo. ¿A ningún hombre le gustan los postres? ¡Por favor! Debo admitir que también diría no a quien pusiera una foto en pants-como-tú. Debo admitir que si te hubiera visto en pants pasearte por ahí, por donde andabas en pants, sencillamente hubieras pasado despercibido para mí ¿Cómo no te conocí en pants de una vez por todas y te dejé pasar? Esta bien, pondré que sí quiero conocer a ese peruano intelectual que trabaja diseñando tecnología. ¡Pero qué estoy haciendo! ¡No! ¡No-no-no! ¡Demasiado nerd! Me rindo.
Foto: Jorge Esquinca

Necesito un güisqui doble: te necesito. ¿Ya les había dicho que me gusta la palabra "necesito"? No el verbo, la palabra en sí, me parece un pimpollo, algo recién nacido. En fin. Decía que necesito mis botellas de cognac. Este día estoy en el derrumbe. Con un montón de archivos en cuarentena, con la mañana perdida tratando de configurar un nuevo router. Nada es verdad. Las experiencias que nos introducen al conteo del tiempo son de lo más absurdas (había puesto "vulgares" pero corregí): toda la mañana para configurar el router nuevamente. Así pasó, a media mañana estaba a punto de salir de aquí enfurecida, a tirar dinero en un router distinto, pero insistí y aquí estoy, en la página de mi descanso. Pensando que la mañana que iba a emplear en leer eso que leo ¡y de lo que aprendo tanto! ya se ha ido, y yo sigo en pijama. Preguntándome en qué momento comenzó a llover y dieron las tres de la tarde ¿No sería momento de comer algo? No hay habichuelas que me consuelen hoy. El cielo es gris. Y es marzo. ¡Marzo! Dos meses más y regreso a Los Angeles, y todavía no comienzo el libro que vine a escribir, envuelta en mis proyectos, en mis obsesiones. Casi puedo apostar que mis obsesiones surgieron no sólo por amor, sino como una forma de evadir el libro. Agamben es sólo un pretexto, mi fascinación por lo que me fascina es sólo un pretexto para no vivir la escritura que me espera, puedo sostener una conversación por escrito sobre casi todo, pero soy incapaz de escribir el libro que vine a escribir al desierto. No es el lugar común de la página en blanco lo que me aterroriza (como podrán ver en esta plataforma de inmediatez), me aterroriza lo que tengo que escribir lo que sé que es inevitable, irremediable, irreparable. Uno quisiera siempre tener esperanzas, pero con los libros no se puede mediar o llegar a un consenso; la escritura exige, ordena, obliga. No son lo mismo las conversaciones de amor, las prefiero. Las disertaciones con mis amigos: ¿existe la justicia? ¿el criterio es un juicio? ¿hacer es deshacer? ¿Todos nuestros condicionamientos parten del lenguaje? ¿Qué es el lenguaje? ¿La forma en otros nos interpretan? ¿Nuestro cuerpo es lenguaje? En fin. Esas cosas que uno puede pensar, sobre los esclavos que recogen frutos sometidos por los que se dedican a cazar esclavos, y quienes a su vez son sometidos por otros que se dedican a reclutar a cazadores de esclavos y así. Todo es mejor, es más claro que escribir el libro ¿o a caso ya lo estoy escribiendo? No, pero así no era. Esto no puede ser así. Hoy no es mi día. Marzo.
Disculpen los frutos de mi obsesión de estos últimos meses: ¡la copia! Yo la disfruto muchísimo.

Y nos fotografiaron sin miedo; es decir: nosotros estábamos desprevenidos, sin miedo y el fotógrafo, sin miedo, nos disparó. Oh, querido aries y querido sagitario, no sé cómo sobrevivo sin ustedes en estos desiertos (pero no le hace)

Foto de nuestro querido amigo Juan Manuel Portillo

La próxima vez pasaremos horas hablando de mi madre y de mi padre. De mis hermanas y hermanos. Mi padre era un loco, ya sabes. Pero no sabes sobre la colección de máquinas portátiles de escribir que tenía mi madre. Una de las primeras imágenes que recuerdo: un salón repleto de máquinas de escribir de todos los colores: amarillas, azules, rojas, verdes. Era tal vez 1975 o 76. Las máquinas parecían animalitos muy fuera de mi alcance, brillantes. Mi colección de máquinas de escribir, comparada con la de mi madre, me parece muy triste, de tonos aburridos, oscuros: negros, grises, verdes. Mis animalitos melancólicos, sin salir de sus cofres. La próxima vez que hable contigo será en la presentación de alguno de mis libros. Hablaremos también de la reproducción genética que le da forma a la barbilla. Y del amor que tengo por los magos que me rodean. Por si me has olvidado, llevaré una blusa negra con estampados blancos en forma de caballos y presumiré no conocerte.
              Thanks for the excuse to cry.
              I was looking "for" a reason "to cry" in public. Something
he can't say and it agitate him. Can they fire me "for" that?
An aceptable "reason."
              Don't underestimate "the" importance of these escenes "of"
research "and" reflection.

                         Also "to" fool your self into
                         Believing you are doing work
                         If "I "survive "a" suicide
                         Atempet will "I"
                         Lose my job? "I" "dont" know. "You" should
                         Read your contract.

Aaron Kunin/ Del libro Cold Genius




Siempre hay un momento del año en que comienza a pasarme esto: dejo de dormir por un día, por dos días, por tres días; sustituyo mis horas de sueño por horas de trabajo, me involucro en doce proyectos, genero ideas. Cuatro días sin dormir. Comienzo a pensar en la posibilidad de tomar "algo" pero concluyo que si tomo "algo" entonces dormiré un día y al día siguiente necesitaré tomar "algo" otra vez. Prefiero no tomar "algo" para dormir y me arrastro al quinto día, ya pensando que todo es culpa tuya, que si hiciera el amor contigo yo dormiría como un bebé y que mis decisiones de vivir en la frontera son totalmente equivocadas pero, todo se soluciona escribiendo. Vengo aquí a descansar, hablo con amigos, recibo personas en la casa, doy consejos; el sexto día sin dormir me empujo a la cama, pienso en llamarte por teléfono, en que alguien puede tirar la puerta y entrar a asesinarme; en que Diva está dando muchas vueltas por el pasillo. Diva está echada en su cama como siempre. Prefiero levantarme y preparar un café, comer algo dulce, volver a escribir. Esperar que den las cinco de la mañana. Ver amanecer y sentir que el mundo es tan amplio y nosotros estamos en cada cosa. Pienso en mi maestro Tich Nhat Hahn, en la mesa para dar reiki que ahora descansa en la biblioteca, en mi mamá que nunca llora. Prometo que tomaré algo "natural" para dormir, pero la valeriana no me da buenos sueños, así que busco una película: Las últimas imágenes del naufragio, su personaje que elimina palabras y borra la palabra papá de su vocabulario, su relación con la tendencia a enmudecer que mencionaba Paul Celan. Pienso que me gustaría escribir un libro contigo. Que un libro nuestro sería un buen golpe. ¿Pero quién piensa en golpes? No me refiero a esa clase de golpes, un golpe positivo ¿Hay golpes positivos? Entonces sé que, tal vez, mi estado es maníaco. Pero estoy segura que todo se soluciona con ponerme unos tenis y dar un par de vueltas corriendo por el vecindario. Mis tenis son hermosos, tornasoles, ligeros, los coloco sobre la piedra de la chimenea junto al sofá, me siento a mirarlos y escucho el silencio de la calle. Quizá sean las dos de la mañana. El silencio crece dentro de mi cabeza. ¿Qué estoy haciendo? Abro la puerta, veo el desierto provocado por las horas, el brillo de no sé qué luces y estrellas sobre el pavimento, el pavimento que se dirige como agua hacia alguna parte. Me detengo en la banqueta con los zapatos en la mano, el frío reactiva mi circulación, doy pequeños brinquitos, puedo ver que ese "alguna parte" es una hilera de faroles de vigilancia, el "otro lado", la ciudad que se desmorona detrás del tejido alámbrico del muro. Quiero volver.
Foto: Jorge Esquinca



No pude dormir. Anoche, en cuanto mi cuerpo tocaba el fondo del sueño me despertaba una voz llamándome. El ruido de las patas de Diva en el pasillo. Alguna mujer platicando en la calle, Abría los ojos sólo para percatarme que Diva no se había movido de su cama, no había nadie en la calle y -por supuesto- la voz que me llamaba no existía. Soñé a a mi madre llorando. Nunca he visto a mi madre llorar. ¿No es extraño? El lugar de donde yo nací no llora nunca. No sé cuándo mi madre decidió no llorar. Mientras escribo esto la olla con la reserva de avena granulada que traje de Los Angeles se desborda en la estufa, envuelta en llamas. Ah, mi destino, Apenas hace dos días yo estaba plagada de esperanzas. Dejé de frecuentar noticias, dejé de "enterarme" de las cosas. Comencé a vivir en un mundo más amplio, a ver la red de internet como algo positivo, a sostener decisiones para cambiar algunas cosas. Pero ayer no sé qué pasó. La esperanza se parece el miedo pensé. No me informo acerca de la guerra, no sé cuántas personas están muriendo a un lado, no tengo idea de lo que pasa en medio oriente. Pero a fin de cuentas todo lo que pasa en el mundo está dentro de mí ¿no es cierto? Tener esperanzas es como estar completamente loco. Esa sensación de no tocar la realidad me conmociona, me asusta muchísimo, me paraliza. Entonces me detengo y vuelo a las masacres, a los gobiernos totalitarios, a pedir libros por correo. A intentar de justificar lo que sucede de manera absurda ¿Acaso no -consciente o inconscientemente- todos justificamos la guerra de alguna manera para continuar vivos? Veo fotos del Uruguay, mis amigos bailando, celebrando sus libros, haciendo música. No es cosa del lugar. No es cosa del lugar, me digo. Ah, Latinoamérica, qué terrible verte de aquí, desde esta cárcel. Cómo desde el sur nace la esperanza que se transforma en terror conforme avanza el territorio hacia esta otra parte del mundo ¿pero acaso no somos lo mismo? No, pareciera que todo se va descomponiendo conforme el territorio avanza. Han sido años de golpes al sur, años de intentos desmesurados de la guerra para volver polvo el sur y el centro. Años con unas ganas de esclavitud y de exterminio que caminan. Mis reflexiones rayan en la cursilería. Pero la cursilería es preferible al dolor encerrado. No estoy llorando, no tengo ganas de llorar. Añadí sin escrúpulos una cantidad de miel abundante a los granos de avena que pude rescatar de la estufa. Miel. Para tranquilizar mi corazón no pruebo la miel, soy la miel.
Quito, Ecuador. Noviembre 2014.


¿Qué decir ante la alegría? ¿Qué hay fuera de nosotros? ¿Existe eso a lo que nos gusta llamar distancia? ¿Alguien dijo que hay partes de la galaxia donde las distancias se doblan y los mundos vuelven a tocarse? ¿Creemos todo a pie juntillas? Es decir ¿Creemos que afuera y adentro son realidades diferentes? ¿Que esto es aire? ¿Que esta superficie es una pantalla? ¿Que estas preguntas preguntan en lugar de expresar afirmaciones a través del estado interrogativo? ¿Y qué tal que allá afuera todo fuera tu mente? ¿Qué tal que ese niño con la garganta degollada es la manifestación de lo que somos? ¿Qué tal que en el momento justo de cada procreación residimos nosotros? ¿Que en cada nacimiento nacemos todos otra vez? ¿Que tal que cada vez que un recién nacido abre los ojos todos tenemos la experiencia de ver por primera vez? ¿y qué tal si cuando nace un niño que no hablará nunca y nace un bebé sin ojos, vuelve a nacer en nosotros la extrañeza de haber nacido en el lugar equivocado? ¿Qué tal que el dulce de leche es una fuente que proviene de nuestro corazón? Cuando las flores abren, o las hojas caen nosotros caemos y nosotros abrimos. Pero ya lo dijo mejor Macedonio ¿o fue Girondo? ¿Y la herida? ¿Y la prisión? ¿Y el terror? ¿Y las personas que caen acribilladas, masacradas con piedras, aterrorizadas con machetes, reventadas a golpes? ¿Y las puertas de hierro que se cierran detrás de los países? ¿Y los túneles? ¿Y todos los que se han acostumbrado ya a vivir bajo tierra, sobre los árboles, en las cuevas o prisioneros en campos de cultivo, deformando sus cuerpos por colectar maravillosos frutos inclinados por más de doce horas? Los frutos, amor, también somos los frutos por los que otros esclavos se rompen. Las manos por las que otros esclavos cesan. Las bocas dulces que otros han de extrañar.

Pues si no quieren leer el Harriet Poetry Blog, yo les leo:

video

Un guevo de corteza que envuelve y cría una fruta.

Foto: Jorge Esquinca. Calle Óregon, El Paso, TX

Pues sí, ya llegamos. :)




Bueno, que ha aparecido la conversación que llevamos Jen Hofer y yo en el blog de Poetry Foundation. Qué lindo hacer una conversación pública ¿no? Como las cartas que hemos escrito Rodrigo Flores y yo que, espero, algún día, cuando seamos abuelitos, salgan a la luz. O "Intervenir" un libro escrito por Rodrigo y yo en el 2009, a ver si ahora sí este año se ve clara su "ap!arición". En fin, aquí les dejo el link a la conversación que tenemos Jen y yo, y que se pondrá mejor porque avanza y revela.  ¡Supremo! aquí HARRIET THE BLOG OF THE POETRY FOUNDATION

d.
¿No nos acompañaron al lanzamiento de Cielo Portátil el pasado 29 de enero? Bueno, pues ahora nosotros los acompañamos a ustedes. Este es el corto que nuestra amiga y colaboradora Cristal Castillo, realizó para el lanzamiento en el Stanlee & Gerald Rubin Center de la Universidad de Texas en El Paso (ahora este cielo se reproduce en cada click, seleccionen pantalla completa y dénle).

video

Un audio más de la presentación de Cielo Portátil, en El Paso, Texas. Para aquellos que no estuvieron en el original, este fragmento de copia.

No hagan mucho caso a este post, que lo escribo medio decepcionada con los rumbos del mundo. No es mi obsesión de detenerme en las guerras -que no pasan tan lejos como algunos creemos: vivimos en un país en guerra- o a mi sensibilidad ante una frontera donde ya no importa lo duro, sino lo tupido (literalmente), cuando por encima aparecen dos o tres muertos al día, pero por debajo sabemos que el río del exterminio continúa. No es por eso que me decepciona el rumbo del mundo. Pero no me hagan mucho caso. Estoy cansada, nada más. Y mis fieles lectores saben que a eso vengo aquí, al descanso. Los territorios de la guerra son así, lo que me decepciona un poco es pensar en los territorios que nos quedan y en lo que se han convertido. El otro día cenaba con una amiga millonaria, judía, sobreviviente del holocausto que me contaba cómo hacía para sobrevivir en medio de la guerra. Ella tendrá quizá noventa años. No sé por qué yo le caigo bien. Nos vimos en un club, de esos que promueven la exclusividad y las divisiones aquí, en Texas. De verdad no sé por qué le caigo bien. Pues ya, yo no debería importar en lo absoluto en esta trama, decía que ella me contaba que la Alemania estaba tomada por los nazis y los rusos, y una pieza de pan costaba 100 dólares. Había personas que no podía transitar debido a los bloqueos pero ella, no recuerdo por qué, podía cruzar el país sin problemas. Dice que cruzaba de una provincia a otra para conseguir el pan y el aceite más baratos, y en el camino dividía todo en porciones pequeñas, entonces regresaba y vendía las porciones para sobrevivir.  Así, en medio de la escasez, su instinto de mercader salvó su vida. Ella suele decirme "habla el inglés marcando tu acento, te vuelve exuberante". Pero yo no sé de dónde vengo, ni quién soy. Tampoco sé en qué momento ella llego a Estados Unidos desde Alemania y se casó con un árabe que le heredó millones. No me interesa. Mi amiga me regaló un collar y unos aretes, me mostró su casa por dentro (un poco recargada de brillo para mi gusto), me saludó su sirvienta vestida de uniforme, me mostró algunas fotografías, no sé si de sus hijos, no recuerdo. Ya era muy tarde. ¿Para eso sirve la guerra? ¿Para sembrarnos el miedo terrorífico a quedarnos sin pan o sin aceite? ¿Un miedo que nos mueve a generar fortunas, a poner uniformes, a convocar a la servidumbre? Dejé la casa temiendo que alguien me hubiera visto salir de ahí. ¿Qué pensarían de mí? No entendí nada de lo que ella intentó mostrarme, no supe qué era lo que tenía que aprender. Será que no me interesa la exuberancia. O debí comprender que los millonarios de hoy fueron los hambrientos en las guerras pasadas, ¿Es eso lo quería mostrarme? ¿Que conocen el hambre y el dolor de la guerra y es el terror lo que los obliga a perpetuar las políticas de exterminio? Soy una paranoica, y eso me decepciona profundamente, mi amiga solo quería quererme y ahí está, el terror de la guerra filtrándose en mi percepción. Mi amiga tiene unos ojos brillantes, como de niña y sí, su exuberancia es desbordante.
Tengo problemas con el presente. No es que el presente me ocasione problemas, es que tengo problemas para ubicarme en el presente. Cuando no me ubico en el presente mi vida comienza a estancarse (o por lo menos eso me parece, en realidad nada se estanca, todo está en movimiento siempre).  Me veo al espejo y empiezo a diferir con lo que se refleja. Quisiera ser otra mujer, más linda. En el presente soy muy linda, pero cuando no estoy en el presente no sé a ciencia cierta a dónde me voy, a qué momento. Todo se mueve, sí. Nada esta quieto. Eso me consuela frente al espejo. Puedo sentir cómo mis células se mueven, cómo la sangre se calienta en mis pómulos. Y recuerdo el brillo que había tenido en los ojos: ¡ahí está otra vez! ¡he vuelto! Todo se mueve sí, pero ese brillo no se construye solo. Hay que invitarlo, empeñarse en él. Visitarlo hasta donde vaya. El tiempo. Qué linda soy en el presente, sí. Vistiendo azul marino. Con el cabello y los ojos bien negros. Y ese brillo que comenzó no supe cuándo. ¿Cuándo? ¿A dónde me había ido estos quince años? Ah, ya, tal vez tenga que ver con que en un mes llegará marzo, con su mano de germinar. Marzo con su manto de nacer. Marzo con su golpe de beso. Tal vez tenga que ver con que se me olvidó marzo con su ventarrón, con su látigo de sombra, con sus brazos de muerte. Marzo, que no me pudo llevar. Pero fue en realidad noviembre. Ecuador es un salvavidas. Algo sabe tejer muy bien. Regresé y conté lo obvio sobre la manera de los ecuatorianos para señalar las distancias, pero lo que sucede en Ecuador tampoco se deja de mover. Uno no puede andar por ahí creyendo que las circunstancias nos abandonan. Les debo una crónica. Pero les debo más. Estaba no sé dónde, y en dos segundos ¿ven?: he vuelto.
Desde el Uruguay, tú ¿en qué andas? de mi queridísimo Agustín Lucas, junto al DJ Lev Yasin. ¡Extrañándote andamos, Uruguay!

Anoche, para celebrar el lanzamiento de Cielo Portátil (por una educación libre), presentamos el libro Teoría del Campo Unificado, de nuestro amigo Jorge Esquinca. Junto a María Maloney y Juan Manuel Portillo.  Sabemos que, en ocasiones, la copia va tomando más valor que el original, sobre todo si se reproduce en las plataformas de internet. Así que para los que no pudieron acompañarnos anoche 29 de enero en el Stanlee & Geral Rubin Center for the Arts de la Universidad de Texas en El Paso, Aquí subo el primer audio, que corresponde a la lectura de Jorge, esa delicia.

el animal sagrado:



si quieren regalarme algo, amigos traductores, regálenme la traducción de 10 emisiones de Sternstunde

..Children who hate their own nature can respect themselves only if they can direct their hatred outward. If they disown their individuality as something foreign, they are compelled to find enemies in order to preserve the personality structure thus created. The consequences are disastrous: not only are such people unable to recognize the causes of their own victimization; they also deny that they are victims. By making other people their victims, they are perpetuating the process. But they must deny their own victimization because otherwise the earlier experiences of the terror accompanying it would re-emerge. No child, including the threatened one within us, can stand up to this terror.
As children we were helpless and at the mercy of our parents. Our survival depended on our complying with them. The inner terror accompanying victimization is therefore profoundly existential. That is why fear of losing our job, our social position, or our role in society can shake the foundations of our being. If our self-esteem is based primarily on success, status, and material gain, then the potential loss of these external achievements must be experienced as existentially threatening because the old feeling of terror--at being helpless, at the mercy of others, and ashamed-- is reawakened...

Arno Gruen

video




No es mentira. En mi casa han comenzado a aparecer esferas brillantes, por la noche. Espero que no sea alguna clase de contaminación nuclear y no, no son luciérnagas. Ayer, mientras caminaba en el desierto pensaba en esa raíz etimológica: murcier-lucier... Anoche observé por mucho tiempo las esferas, e hice pruebas hoy en la mañana en casa de mi hermana, para cerciorarme de que no se trata de un fenómeno ambiental, o alucinatorio. En casa de mi hermana de esferas no hay ni pío. ¿Ven para qué funciona vivir cerca de la familia? ¿A qué casa de amigo puedo yo tocar en la mañana para pedirle que me permita cerciorarme de que en su casa no hay esferas brillantes flotando como esporas? Bueno, el caso es que amanecí con esa raíz que no me sé de memoria y que no he entrado a investigar a la internet (murcier-lucier). También, verá usted, doctor, me desperté con la obsesión de cambiar la "c" por la "s" en todo lo que escribo. Así que cada vez que tecleo aquí tengo que regresar en el renglón y cerciorarme que no haya esferas flotando que cambian la c por la s o la s por la c. Pero esos síntomas son tan comunes en mis percepciones del lenguaje (la emoción de la vida cotidiana ligada a mi actividad favorita) que, como si una televisión vieja comenzara a fallar, ya sabemos que hay que sacudirla de tal o cual manera para que vuelva a sus regularidades. Tengo un evento encima. Presentamos Cielo Portátil en El Paso en unos días; uno de mis amigos más queridos visita la ciudad después de cuatro años de no vernos. Tengo fiesta en casa (y esferas): motivos de alegría que me tensan pero ¿son los motivos de alegría los que en verdad me tensan? No. Me tensa una nueva percepción que oprime mi sistema nervioso. Me he dado cuenta que estoy cansada, que quiero escribir otras cosas, que voy a hacer otras cosas. Que la educación libre en la que vengo (venimos) pensando durante cuatro años aquí (y durante más de 6 años en México), necesita otras plataformas de crecimiento, otras políticas para abarcar y afectar a otras poblaciones, no únicamente a los grupos diminutos con los que trabajamos. Tenemos solución, cierto. Cosa de estudiar, investigar, escribir, dirigir, actuar, reconstruir, influir, introducirse, copiarse, confabularse, vestirse, arreglarse, y salir a caminar: ampliarse. Esa dimensión no es la que me atormenta. Lo que me atormenta es que, mientras reflexiono en las maneras en que (ya empecé) a escribir lo que quiero escribir en torno a las condicionamientos humanos, el tiempo dentro de las estructuras educativas, e imaginar la creación de nuevas políticas para la educación pública, me doy cuenta que, aunque mi mente avanza más allá del cuerpo, el espacio de mi corazón ha comenzado a reducirse. Cuando lo escribo siento como algo se estremece en mi pecho, como un dolor, como un gran miedo. El espacio de mi corazón se ha ajustado a un sólo molde: al pequeño molde que se ajusta a sus pequeñas preferencias. Mi corazón está invadido de preferencias, de deseos muy claros, está sitiado, amurallado por sus caprichos, no deja entrar a nadie. y alimenta este espacio como a un pequeño jardín oscuro: esperando ¿Esperando qué? Tenemos que ponernos de acuerdo. Así que intento engañarlo: me introduzco al sofá de las películas caseras apretada junto a cinco cinéfilas cubiertas con una sola mantita y tomando chocolate. Veo a los amigos que no veía. Escribo a las amigas que había olvidado, organizo reuniones en mi casa, traigo a mamá para que escuche los LP de Olga Guillot y Mike Laure. Canto dharanis, bailo, pienso en mi Gurú. Tomo baños calientes, acepto masajes, invitaciones a cenar, bebo buena cerveza, compro los mejores quesos, tomo el mejor café, converso con los mejores hombres (mis amigos son los mejores hombres del mundo ¿ya les había dicho?) platico con las plantas, doy paseos por el desierto, acaricio a los animales: y nada... nada.
¡¿Pero qué estoy haciendo?! ¿tratando a un corazón caprichoso saturándolo de sus preferencias? Por remedios fallidos como ese es que uno -sin pensar- contribuye a que las guerras crezcan. Al dolor hay entrar, hay que observarlo, hay que meterle mano con firmeza. Saber asomarse por los muros que aun no podemos brincar. ¿Cómo curar un corazón proporcionándole la enfermedad como medicina?  Mi corazón, complacido por sus caprichos yace con el aguijón dentro: un dolor adornado con flores como una hermosa tumba. Hay que saber entrar al infierno de uno mismo si se quiere avanzar. así que, de una vez por todas, allá voy: al infierno (con mi traje de buzo), cargo mi mantita y mi taza con chocolate, pero voy, a verme. El espacio no puede esperar.

pd. ciego, del latín caecus...mus-mur: ratón; cegalo-ciélago: ciego
luz: del indoeuropeo leuk, emparentado con el griego leukos (blanco). lucerna (lámpara): luciér: lámpara y aga, sufijo prerromano locativo
Sí, la coincidencia está en la luz... el sufijo fue una transformación accidental en el caso del ciego.
video

I (pixel) you



Primer carta-declaración de amor: 

Hablo sola. Me fascina pensar en el poder que traspasa los cuerpos. En nuestro campo energético que va más allá de lo que somos ¿qué somos?. En la mente, el amor y el sufrimiento. Hoy mi narcisismo me entrevistaba y yo respondía como si alguien me oyera ¿eres feliz? sí ¿sufres? muchísimo. Sufro muchísimo porque estoy enamorada de cada hombre que admiro. Amo, amo profundamente esas mentes que están cambiando el mundo. Esas fuerzas que se mueven y no paran, pensando en los otros. Y no puedo tenerlos. Ninguno es mío. Porque no creo y no vivo dentro de relaciones de pareja. Mi libertad me cuesta. Pero mi felicidad es del tamaño de los movimientos que percibo. Cuando alguno de ellos transforma la realidad siento que es una de mis manos quien lo ha hecho; cuando otro de ellos, en algún otro continente, alza la voz y abre trescientos corazones para que la compasión entre en ellos, siento que lo hizo mi propio corazón. Para mí la separación no existe. Los amo como un animal, con toda la sensualidad, con todo el corazón y todo el cuerpo. Con la mente que, ya sabemos, vive dentro y fuera de lo que somos ¿qué somos? Y sufro. Porque ninguno de ellos se levantará todos los días conmigo. Porque por alguna razón experimentar la cotidianidad de la convivencia en cautiverio durante algunos años, para mí, fue suficiente. Pero el tamaño de mi sufrimiento es insignificante. Sufro por la necesidad de poseer lo que amo, desde una zona local de lo que soy ¿qué soy?. Sufro porque quisiera que todos los hombres que están cambiando el mundo fueran mis amigos. Quisiera sostener una conversación con todos ellos, tener el privilegio de crecer con ellos, de aprender tocándolos. Pero nuestra realidad es tan grande (y tan pequeña). Sufro porque creo que con alguno de esos hombres cometí algún error y ha sido, culpa mía, no aumentar el número de amigos brillantes. Pero mi felicidad es tan grande cuando percibo que ellos están cambiando el mundo. Mi felicidad es una felicidad desmedida. Porque aunque yo vivo en una de las peores zonas de este mundo, siento cómo el amor me vuelve parte de todo lo que se transforma, y se mueve. El sufrimiento tiene que ver conmigo, con esas pequeñeces de la superficie, mientras que mi felicidad ni siquiera es únicamente mía, tiene que ver con la forma en que otros cambian y alegran este mundo. El sufrimiento siempre es así, parte de una percepción muy local y pequeña de lo que creemos que somos y poseemos. Cuando la realidad destruye lo que creemos que somos y lo que creemos que poseemos, nos revolcamos de dolor; atacamos, mordemos. Pero mi forma de ser feliz está desligada de cualquier punto de localización, toca la alegría de poder ver el mundo sin morder los anzuelos del condicionamiento, se posa en las formas de descifrar el mundo o lo que hay detrás del mundo, se detiene en la experiencia de descubrir que no somos sólo una raza, o un código, sino esas dimensiones interminables generadoras de poder. ¿Para qué poseer el mundo si somos el mundo? No nos apropiamos de nuestro propio cuerpo. Sabemos que el cuerpo es nuestro. Experimentamos con el cuerpo, a través del cuerpo, por el cuerpo. Lo mismo pasa con el mundo. Poseer es una ilusión. Ganar o perder es una ilusión. Conquistar es una ilusión. Estar aquí, es una ilusión. Experimentamos el mundo entero, cada paso que damos. Cada descubrimiento que hacemos, cada anzuelo que dejamos pasar. Cada nudo que se desata, me hace feliz. Cada refugio que alguien más provee en la franja de Gaza. Cada forma clara que alguien más construye para que todos comprendamos mejor. Cada mente que dedica su tiempo y su cuerpo en favor de los otros, construye mi felicidad. Por eso la fuente de mi felicidad es infinita, y la de mi sufrimiento, aunque poderosa, se arrincona diminuta, como un aguijón venenoso en áreas muy pequeñas de lo que soy ¿qué soy? y como mis dimensiones de animal sagrado son interminables, sufro también por ti, terriblemente. 


Y el mundo me contestó: